Juan Villoro lleva el fútbol al teatro con “No fue penal”
La tragicomedia, dirigida por Antonio Castro y protagonizada por Martín Altomaro y Chema de Tavira, convierte una jugada de fútbol en el detonante para hablar de amistad, culpa, memoria y segundas oportunidades.
¿Qué pasaría si pudiéramos recurrir al VAR para revisar las decisiones más importantes de nuestra vida? Esa pregunta atraviesa No fue penal, la nueva obra de Juan Villoro, una tragicomedia contemporánea que lleva el universo del fútbol al escenario para explorar aquello que ningún árbitro puede resolver: las consecuencias de nuestras decisiones.
Bajo la dirección de Antonio Castro, y con las actuaciones de Martín Altomaro y Chema de Tavira, la puesta en escena llegará al Foro Lucerna de la Ciudad de México, donde ofrecerá temporada del 6 de octubre al 25 de noviembre de 2026.
La historia ocurre durante el segundo tiempo del último partido de la temporada. El marcador está 0-0 y Pepe “El Tanque” Martínez necesita mantener el empate para evitar que su equipo descienda. Desde el área técnica, vive el encuentro con desesperación y dirige constantemente la mirada hacia una cámara.
En el otro extremo se encuentra Valeriano Fuentes, responsable de seguir el partido desde la cabina del VAR. Antiguo futbolista y figura reconocida, ahora observa el juego desde las pantallas. Sin embargo, para El Tanque no se trata simplemente del encargado de revisar las jugadas: Valeriano es el amigo con quien compartió una parte fundamental de su vida.
Ambos crecieron juntos, llegaron al fútbol profesional y compartieron vestidores, concentraciones, triunfos y derrotas. Pero una jugada terminó alterando para siempre la relación entre ellos.
Años después, el destino vuelve a reunirlos en un partido decisivo. Mientras uno intenta salvar a su equipo del descenso, el otro ocupa el lugar desde el cual una decisión puede modificar el resultado. El encuentro deportivo se convierte entonces en el escenario para enfrentar un pasado que ninguno de los dos ha conseguido dejar atrás.
El fútbol como espejo de la vida
Villoro utiliza el lenguaje futbolístico para hablar de temas que trascienden la cancha. El VAR, capaz de detener una jugada, repetirla y observarla desde distintos ángulos, se convierte en una metáfora de la memoria y de la necesidad humana de volver sobre las decisiones que marcaron nuestra existencia.
Pero revisar el pasado no necesariamente conduce a una verdad definitiva.
Esa incertidumbre atraviesa la relación entre El Tanque y Valeriano. Mientras uno vive el fútbol con una pasión desbordada, el otro alcanzó la gloria deportiva pese a reconocer que nunca experimentó por el juego la misma devoción. Sus distintas maneras de relacionarse con el deporte también revelan dos formas de enfrentar el éxito, el fracaso, la culpa y las expectativas.
En el fondo permanece una pregunta: ¿hasta dónde somos responsables de aquello que cambia la vida de otra persona?
La obra recorre, desde el humor y la pasión futbolera, diversos elementos de la cultura del fútbol mexicano: sus rituales, supersticiones, rivalidades, aficionados, vestidores, comentaristas y árbitros. Sin embargo, el partido funciona principalmente como punto de encuentro para una historia de amistad quebrada y cuentas pendientes.
Un partido que nunca terminó
En No fue penal, el área técnica, la cabina del VAR y los recuerdos de los protagonistas confluyen en un mismo espacio dramático. El partido que se juega frente a ellos es también el que ambos llevan años disputando en su memoria.
La puesta en escena plantea así una paradoja: mientras una cámara puede regresar sobre una jugada y examinarla cuadro por cuadro, la vida no ofrece una repetición definitiva ni un árbitro capaz de establecer una única versión de los hechos.
Por eso, el verdadero conflicto de la obra no está únicamente en determinar si una jugada fue o no penal. Está en decidir qué hacemos con aquello que ocurrió, con lo que creemos haber hecho y con aquello que pensamos que el otro nos hizo.
Con No fue penal, Juan Villoro convierte el fútbol en un territorio teatral donde el humor y la tragedia se encuentran para hablar de la amistad, la culpa, el paso del tiempo y la posibilidad —siempre incierta— de una segunda oportunidad.
Foto: Especial.