Alejandro Paniagua invoca sus heridas, obsesiones y transformaciones en Relinchos
El libro reúne ensayos autobiográficos en los que dialoga con la mitología griega, la espiritualidad budista, la cultura popular y sus propias experiencias para explorar la identidad y las posibilidades de transformación.
El escritor Alejandro Paniagua Anguiano encontró en el ensayo una oportunidad para revisar su propia vida, invocar a sus autores predilectos y convertir experiencias dolorosas en materia literaria. El resultado es Relinchos, libro publicado bajo el sello La Crucigrama, que reúne una serie de textos donde la reflexión autobiográfica se entrelaza con la mitología, la filosofía, la literatura y la cultura popular.
La publicación surgió a partir de una propuesta de Rafa Mier, editor de La Crucigrama, quien durante la pasada Feria Internacional del Libro (FIL) le manifestó su interés por publicar su trabajo. Aunque Paniagua tenía cuentos y poemas disponibles, el editor le pidió ensayos, género que el autor había trabajado anteriormente en revistas y al que también se había acercado desde la docencia.
"Yo amo el ensayo, soy ensayista", comentó.
Sin embargo, en lugar de limitarse a reunir textos publicados, decidió escribir el libro desde cero. Una decisión que le permitió explorar el género desde una perspectiva personal, pues, como explica, sus ensayos conservan una estructura profundamente narrativa.
El título Relinchos remite a Hayagriva, una deidad colérica del budismo que aparece representada con una cabeza de caballo en la coronilla y cuya imagen protagoniza la portada, ilustrada por Manuel Cetina. Para el escritor, esta figura representa una fuerza capaz de transformar y reconfigurar la realidad.
"Siempre he pensado que ese relincho es el que transforma o el que reconfigura la realidad", explicó sobre el origen del nombre, cuya sonoridad y contundencia también influyeron en su elección.
La mitología ocupa un lugar importante en el imaginario del autor. Desde niño, la lectura de La Ilíada despertó su fascinación por la convivencia entre dioses y humanos. Con el tiempo, el poema de Homero se convirtió en uno de sus textos predilectos y en una referencia constante para pensar la literatura, los nombres y las identidades.
Esa influencia aparece en uno de los juegos lingüísticos del libro: la posibilidad de nombrar a las personas mediante epítetos derivados del nombre de sus padres, como sucede con los personajes de la tradición homérica. Paniagua traslada esa fórmula al contexto mexicano y juega con nombres como "Francisquida" o "Alejandrida", en un ejercicio que mezcla humor, cultura y reflexión literaria.
Pero Relinchos no se limita a las referencias clásicas. El escritor también incorpora episodios de su búsqueda espiritual, entre ellos su experiencia durante varios años en una secta estadounidense vinculada a la corriente New Age. Una etapa que recuerda como un periodo de fuerte manipulación psicológica, marcado por creencias extremas, prohibiciones y discursos que generaban temor entre sus integrantes.
Entre las ideas que predominaban en ese grupo estaban la asociación de los virus con el demonio, la condena de la música que no fuera considerada sagrada y la creencia de que quienes no compartían su religión eran seres mecanizados. Incluso construían búnkeres ante la posibilidad de una explosión nuclear.
Aunque reconoce que todavía le resulta difícil hablar de aquella experiencia, Paniagua considera que forma parte de su recorrido personal y de una búsqueda espiritual en la que también encontró caminos equivocados.
Las heridas que atraviesan el libro tampoco se reducen a imágenes físicas o a la sangre. Para el autor, las más profundas son mentales e invisibles: la violencia intrafamiliar, el abandono, la depresión y las secuelas neurológicas asociadas con su epilepsia. Son experiencias que reconoce como marcas de su historia y que, mediante la escritura, busca transformar en nuevas emociones.
"Quería como intentar eso: que mis propias experiencias generaran emociones que a lo mejor lo que fue terrible generara emoción positiva, de alegría o de nostalgia o de risa incluso", señaló.
En esa operación de convertir la experiencia en literatura también interviene el humor. Los primeros ensayos, explicó, le permitieron divertirse con las analogías entre los griegos y los mexicanos, así como con sus propias obsesiones. Para Paniagua, el ensayo es precisamente un espacio donde el escritor se convierte en materia de su propia escritura, una idea que relaciona con Michel de Montaigne y su célebre afirmación: "Yo soy el tema de mi libro".
Entre sus principales referentes menciona a Montaigne, a quien reconoce por haber consolidado un género literario; al historiador y ensayista francés Jules Michelet, particularmente por su libro El mar, y a la escritora mexicana Tedi López Mills, cuyos ensayos considera fundamentales. También destaca la influencia de Emil Cioran, a quien descubrió precisamente a través de uno de los textos de López Mills.
La literatura, considera, se alimenta de la propia literatura. Por ello, invocar a los autores admirados constituye una forma de mantenerlos presentes en la escritura, incluso cuando ya han muerto. Una suerte de invocación laica que permite establecer diálogos entre distintas épocas y sensibilidades.
La búsqueda de una vida perfecta es otro de los temas que aparecen en Relinchos. Lejos de entenderla como un estado permanente o una condición ideal, Paniagua la relaciona con momentos concretos y con el trabajo cotidiano que implica construir una relación afectiva.
En su caso, recuerda una tarde en Bilbao, caminando de la mano de su pareja sobre un puente, como uno de esos instantes de plenitud. "Mi perfección es haber encontrado a mi pareja", afirmó. Para él, la felicidad puede surgir de la suerte, pero también requiere esfuerzo, dedicación y trabajo constante.
El universo personal del escritor también incorpora referencias a los videojuegos, los juguetes y los Transformers, franquicia que marcó su infancia y que todavía despierta su fascinación por los mecanismos de transformación. Incluso establece una relación entre estos personajes y su propia experiencia con el alcoholismo, cuando reconoce que, durante esa etapa, podía convertirse en una persona dominada por la tristeza y la ira.
Entre sus figuras favoritas está Soundwave, el Transformer que se convertía en grabadora y que, con el paso de las décadas, ha cambiado de apariencia conforme evolucionan los dispositivos musicales. Una figura que reúne dos de sus intereses: los juguetes y la tecnología.
Con Relinchos, Paniagua también busca establecer una conversación con quienes se acerquen a sus páginas. No pretende que los lectores coincidan con sus planteamientos, sino que los cuestionen, respondan y construyan sus propias interpretaciones.
"Me gustaría que les dieran ganas de responderme y decir: no, estás equivocado, las cosas no son así", expresó.
Su intención es provocar pensamiento crítico y abrir un diálogo a partir de las preguntas que plantea en sus ensayos.
Aunque el volumen dejó fuera algunos temas que le interesa desarrollar, el autor reconoce que le gustaría escribir posteriormente sobre la violencia y dedicar un libro completo a los videojuegos, una actividad a la que destina buena parte de su tiempo.
Por ahora, su siguiente desafío será definir el proyecto que desarrollará durante una estancia de un mes en París, adonde acompañará a su esposa, quien obtuvo una beca para traducir. Todavía no decide si aprovechará ese periodo para escribir una novela o un nuevo libro de ensayos.
Al preguntarle cómo definiría Relinchos en una palabra, Paniagua eligió iluminación, aunque precisó que utiliza el término desde su sentido budista: una felicidad que no depende de nada y que representa el cierre de un ciclo de muerte y renacimiento.
"Yo jamás la he alcanzado, para que no digan que ando presumiendo, ni creo que la alcance nunca", concluyó.
Foto: Especial.