Godzilla Minus Zero demuestra que las segundas partes sí pueden ser buenas
Elena Hernández destaca el trabajo de Takashi Yamazaki, quien retoma el legado de Godzilla, incorpora a Ghidorah y demuestra que una secuela no necesita excesos para ampliar el universo de uno de los monstruos más emblemáticos del cine.
¡Finalmente puedo hablar de Godzilla Minus Zero! Debo confesar que llegué a la sala con cierto temor de salir decepcionada. Después de todo, se trata de una secuela y existe esa vieja idea de que las segundas partes nunca son tan buenas como las originales. Pero Takashi Yamazaki consiguió sorprenderme: su nueva película es tan buena como Godzilla Minus One.
Esta vez Godzilla no está solo. A la historia se incorpora Ghidorah, otro de los legendarios kaiju de Toho, y aunque el encuentro entre estas criaturas es uno de los grandes atractivos de la película, lo que más agradezco es que Yamazaki no abusa de su presencia en pantalla. Los monstruos aparecen cuando tienen que hacerlo, sin saturar la historia, lo que vuelve cada encuentro mucho más emocionante y permite que los personajes humanos tengan espacio para desarrollarse.
Las referencias al Godzilla de Ishiro Honda siguen presentes y no son simples guiños para los fanáticos. La película conserva algo fundamental de la historia del monstruo: su relación con los bombardeos atómicos y su condición de fuerza destructora e incontrolable. Los kaiju siguen siendo amenazas que escapan a cualquier explicación o control, mientras que las acciones heroicas y las más viles continúan siendo responsabilidad de los seres humanos.
Mira el vídeo reseña de Godzilla Minus Zero.
Otro de los aciertos de esta entrega es que recupera los cabos sueltos de Godzilla Minus One, les da continuidad, incorpora nuevos personajes que resultan fundamentales para la historia y, además, deja abierta la posibilidad de una nueva película. Es decir, amplía este universo sin perder de vista aquello que lo hizo funcionar desde el principio.
Seguramente Godzilla Minus Zero tendrá algunos puntos negativos, pero, sinceramente, yo no los encontré. Takashi Yamazaki demuestra que sí se puede hacer una buena secuela de una película exitosa sin caer en los excesos, sin convertir cada escena en una competencia de efectos especiales y sin olvidar por qué nació uno de los personajes más icónicos del siglo XX.
Creo que la lección más dura se la lleva Hollywood, que todavía parece no entender que más grande no siempre significa mejor. De nada sirve tener un monstruo gigantesco, ciudades destruidas y miles de explosiones si detrás de todo eso no hay una historia que contar.
Porque Godzilla nunca fue solamente un monstruo enorme. Y Godzilla Minus Zero entiende perfectamente por qué.
Foto: Especial.