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Luis Vargas Santacruz: “El proceso creativo es más importante que la obra terminada”

cuerpophatos

El artista impartirá el taller/sesión Cuerpo, Pathos, Catarsis en el Taller Valdovinos, una sesión donde el dibujo al natural se convierte en un ejercicio de observación, emoción y autoconocimiento.

Para Luis Vargas Santacruz, el dibujo no comienza en la técnica, sino en la emoción. Su trabajo pictórico ha estado marcado por una búsqueda constante sobre la manera en que la composición, el color y los recursos plásticos pueden establecer un diálogo emocional con quien observa una obra. Esa investigación, desarrollada durante años, es el punto de partida de Cuerpo, Pathos, Catarsis, el taller que impartirá el 27 de junio de 2026, en el Taller Valdovinos.

La propuesta surgió durante una conversación con el artista plástico Manuel Valdovinos. Ambos coincidieron en trasladar esa reflexión sobre la pintura hacia una experiencia práctica basada en el dibujo con modelo vivo. La intención no consiste únicamente en aprender a representar el cuerpo humano, sino en descubrir cómo la observación y el trazo pueden convertirse en un vehículo para conectar con las emociones.

El nombre del taller reúne tres conceptos que dialogan entre sí. Vargas recuerda que ethos, pathos y logos constituyen los tres modos clásicos de persuasión definidos por Aristóteles. En esta experiencia, sin embargo, el cuerpo ocupa el lugar central como motivo de observación, mientras que el pathos representa la dimensión emocional y la catarsis se convierte en un método para liberar la energía a través del dibujo.

El artista considera que trabajar frente a un cuerpo vivo transforma por completo la experiencia de aprendizaje. Ninguna pantalla ni reproducción impresa puede sustituir el encuentro directo con una persona que respira, siente y devuelve la mirada. Dibujar del natural implica comprender el cuerpo desde una presencia física que modifica la percepción del espacio, del tiempo y del propio acto de observar.

La emoción ocupa un lugar determinante en la construcción de las imágenes. Existen obras, afirma, capaces de desgarrar al espectador mediante el color, la forma o la historia que contienen. Ese potencial expresivo convierte al arte en un lenguaje que rebasa la representación y alcanza una dimensión afectiva.

Aunque la pulsión emocional ocupa un lugar central en su propuesta, Vargas rechaza la idea de prescindir de la técnica. Considera que ambas dimensiones se complementan. La técnica aparece conforme las necesidades del creador la exigen, mientras que la pulsión humana conduce hacia las zonas más profundas de la experiencia personal.

Desde esa perspectiva, el taller está abierto tanto a personas con experiencia como a quienes nunca han tomado un lápiz con fines artísticos. Para él, todos dibujan desde la infancia como una forma natural de comunicación. La diferencia radica en que el dominio técnico permite controlar esa capacidad expresiva y convertirla en una herramienta consciente. El objetivo de la sesión será desbloquear aptitudes, perder el miedo al error y permitir que el dibujo fluya sin las barreras que suelen imponerse durante el aprendizaje.

Más allá del ejercicio plástico, el encuentro incluirá momentos de reflexión colectiva. Vargas entiende el taller como un espacio para aprender a observar desde múltiples perspectivas y descubrir caminos personales más que respuestas definitivas.

Los materiales necesarios serán sencillos: lápices y papel bastan para participar. Quienes cuenten con mayor experiencia podrán trabajar con tintas, óleos o soportes especializados, aunque la prioridad seguirá siendo el proceso creativo y no el resultado material.

La catarsis, insiste, ocurre durante el acto mismo de dibujar. La obra terminada queda en un segundo plano frente a la experiencia de creación, donde realmente sucede la transformación.

La propuesta también funciona como puerta de entrada a una serie de talleres posteriores. Durante las sesiones se revisarán artistas, corrientes filosóficas y movimientos estéticos que han influido en su manera de entender el arte, para después profundizar en ellos mediante futuros encuentros.

Llevar esta experiencia en Acapulco tiene un significado especial. Vargas considera que la ciudad necesita ampliar sus alternativas de formación artística y reconoce el papel que el Taller Valdovinos comienza a desempeñar como un espacio donde conviven la enseñanza académica con procesos experimentales y conceptuales capaces de fortalecer el desarrollo creativo de la comunidad.

El artista también reconoce que el contexto social y cultural de Acapulco representa una fuente permanente de aprendizaje. Vivir en una ciudad compleja obliga a los creadores a observar con mayor profundidad su entorno y a convertir esa realidad en materia para la reflexión artística.

Frente al crecimiento de las herramientas digitales, Vargas sostiene que ninguna tecnología puede sustituir la experiencia de dibujar del natural. Compartir tiempo y espacio con un modelo vivo sigue siendo una práctica insustituible para comprender el cuerpo y desarrollar una mirada sensible.

Aun así, advierte que el dibujo sólo conserva su capacidad de resistencia, autoconocimiento y transformación cuando existe un discurso que lo sostenga. De lo contrario, se convierte en una imagen vacía que pasa inadvertida entre muchas otras.

Acercar a más personas al arte desde una experiencia vivencial continúa siendo un desafío complejo que requiere voluntad y el trabajo coordinado de distintos espacios culturales. En ese sentido, el taller busca abrir una posibilidad distinta de acercamiento a la creación.

Más que establecer objetivos cerrados para quienes asistan, Vargas prefiere dejar que la experiencia ocurra dentro del propio taller. Lo importante será aquello que cada participante descubra mientras dibuja.

A quienes todavía dudan en inscribirse, les extiende una invitación sencilla: conocer una forma distinta de observar. Compartirá una visión profundamente personal, construida a partir de veinticinco años de experiencia artística, con la expectativa de que el dibujo deje de ser únicamente una técnica para convertirse en una experiencia de percepción, emoción y búsqueda interior.

Foto: Especial.