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Los Hermanos Tavira llevan la Tierra Caliente a Son para Milo

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La agrupación guerrerense, invitada constante del encuentro de música tradicional mexicana, volvió a la Ciudad de México con gustos y sones que mantienen viva una tradición familiar.

Desde la Tierra Caliente de Guerrero llegó nuevamente a Son para Milo la música de Los Hermanos Tavira, una agrupación que se ha convertido en presencia habitual de este encuentro dedicado a las músicas tradicionales mexicanas. Su participación volvió a poner en el centro una región donde el gusto y el son no sólo son géneros musicales, sino formas de narrar la vida, la memoria y el territorio.

El repertorio comenzó con “Gusto federal”, de Juan Bartolo Tavira, seguido por “La Tortolita”, también de su autoría. Ambas piezas recuperan parte de un legado musical que Los Hermanos Tavira han mantenido vivo a través de generaciones y que encuentra en el escenario de Son para Milo un espacio para encontrarse con nuevas audiencias.

La agrupación continuó con “Calentano alegre”, gusto-son de Cuauhtémoc Tavira, y “Tierra Caliente”, gusto de J. Guadalupe Tavira. En estas piezas apareció con fuerza la identidad regional, esa manera particular de entender el ritmo y la relación entre música, baile y comunidad que distingue a la tradición calentana.

Uno de los momentos del repertorio fue “Huapango”, interpretado junto con Esteban Gómez, en un encuentro que amplió el diálogo entre distintas expresiones de la música tradicional. Después llegó “Coyuca de Catalán”, gusto de Eugenio Torres y Bardomiano Flores, como evocación sonora de uno de los territorios emblemáticos de la región.

El recorrido musical siguió con “Mariquita”, de dominio público, para cerrar con “Maracumbe”, son de Juan Bartolo Tavira. El repertorio mostró así la diversidad de formas que conviven dentro de la tradición guerrerense y la manera en que una agrupación puede convertir el escenario en un espacio de transmisión de memoria.

La presentación de Los Hermanos Tavira formó parte de una programación amplia en la que convivieron música, danza y expresiones comunitarias en la explanada de la alcaldía Azcapotzalco y Parque Hundido en la Ciudad de México, además de talles y conferencias. Entre las primeras propuestas estuvieron el Grupo de Danza Folclórica Naza Cubi “Camino Nuevo”, la Danza de Diablos del Quizas, la Danza de Diablos Chisperos, la Danza de Tecuanes, el Grupo de Danza Tonalamati y el Grupo de Danza Aquetzalli, de Tabasco, junto con agrupaciones como Banda Santo Tomás, Los Hijos del Aire y Juventud de Tierra Caliente.

El encuentro también reunió proyectos vinculados con distintas regiones y tradiciones musicales: Los Guerreros de Acapulco, Cecy Boeta, Agua Azul, Masakali, Costeños de Acapulco, Cuervo Huasteco, Imaginasón, San Cali y Trío Zacamandú compartieron escenario con propuestas como Sonidos de mi Tierra, Cielo Tixtleco, Orquesta Típica de Juquila, Pindékuecha, Raíz Mulata y La Dolorosa.

La diversidad se amplió con Grupo Raíces, Tecuexes, Cultivadores del Son, Nostalgia Huasteca, Atecacolli y Murmullo Huasteco, además de otras agrupaciones que conformaron una jornada dedicada a los sonidos tradicionales. En ese cruce de regiones, generaciones y formas de interpretar, Son para Milo confirma su vocación como espacio de encuentro para una música que permanece viva porque continúa siendo tocada, bailada y compartida.

Nacido como homenaje al profesor Hermilo Rojas Aragón, fallecido en 2002, Son para Milo se ha convertido en uno de los encuentros más importantes de música tradicional mexicana en la Ciudad de México. Impulsado desde el Taller de Danza Tezcatlipoca de la Benemérita Escuela Nacional de Maestros, el proyecto ha crecido desde la colaboración entre músicos, bailarines, investigadores, docentes, artesanos y comunidades.

Su importancia está precisamente en esa convivencia entre tradición y renovación. En sus escenarios caben las formas heredadas y también las nuevas generaciones que encuentran en ellas una materia viva para crear. La participación de Los Hermanos Tavira vuelve a recordar que preservar una tradición no significa congelarla, sino mantenerla en movimiento: hacer que sus sones sigan sonando, que sus historias encuentren nuevos oídos y que Tierra Caliente continúe dialogando con otras regiones a través de la música.

Foto: Especial.