Discursos de odio en redes sociales pueden moldear la conducta de adolescentes, advierte especialista
Señala que la exposición constante a contenidos violentos favorece la desensibilización, la agresividad y la normalización de la violencia
Las redes sociales se han convertido en uno de los principales espacios de convivencia para adolescentes y jóvenes, pero también en un escenario donde la violencia y los discursos de odio encuentran cada vez mayor difusión. El problema, advierten especialistas, no se limita al contenido que circula en estas plataformas, sino al impacto que puede tener en la construcción de la identidad, las relaciones sociales y la forma en que las nuevas generaciones interpretan los conflictos.
La doctora Daniela Díaz Flores, coordinadora de la Licenciatura en Psicología Infantil de CETYS Universidad, advirtió que la exposición constante a este tipo de contenidos representa un factor de riesgo para el desarrollo psicológico, emocional e intelectual de niñas, niños y adolescentes.
"La exposición a la violencia mediática puede fomentar la agresión interpersonal y disminuir la sensibilidad frente al sufrimiento de otras personas", explicó la especialista.
Uno de los factores que favorecen la expansión de estos mensajes es el funcionamiento de los algoritmos de las plataformas digitales. Diseñados para captar la atención de los usuarios durante el mayor tiempo posible, estos sistemas suelen privilegiar contenidos polémicos o extremos, ya que generan mayores niveles de interacción y, por lo tanto, una difusión más amplia.
A ello se suma un elemento propio de la adolescencia: la búsqueda de identidad y pertenencia. De acuerdo con Díaz Flores, muchos jóvenes encuentran en determinadas comunidades digitales un espacio donde se sienten aceptados, incluso cuando estas promueven discursos discriminatorios, violentos o extremistas.
"La necesidad de afecto, amistad o reconocimiento puede hacer que los menores sean especialmente vulnerables frente a grupos que ofrecen una aparente validación mediante este tipo de narrativas", señaló.
La especialista explicó que la exposición repetida a escenas de violencia y mensajes de odio puede modificar la manera en que los jóvenes procesan determinadas situaciones. Entre las consecuencias se encuentran una mayor facilidad para reaccionar con agresividad, la normalización de conductas violentas como forma de resolver conflictos y una disminución progresiva de la empatía hacia el dolor ajeno.
Este fenómeno, conocido como desensibilización, reduce la respuesta emocional frente a actos violentos y puede traducirse en una menor capacidad para reconocer el impacto que estas conductas tienen sobre otras personas.
Las redes sociales también presentan condiciones que facilitan la agresión verbal. El anonimato o la posibilidad de interactuar mediante perfiles poco identificables permite que muchos usuarios expresen comentarios ofensivos que difícilmente emitirían en una conversación cara a cara, contribuyendo a la creación de entornos digitales hostiles.
Según la académica, esta dinámica no sólo repercute en la convivencia, sino también en el desarrollo cognitivo y académico de niñas, niños y adolescentes, al afectar su capacidad de concentración y su bienestar emocional.
Entre las señales que padres, madres y docentes deben observar destacan cambios en el lenguaje, expresiones despectivas hacia determinados grupos sociales, la justificación de la violencia bajo frases como "es sólo una broma", el aislamiento social, la pérdida de empatía y el incremento de conductas agresivas tanto en espacios virtuales como presenciales.
Frente a este panorama, Díaz Flores subrayó que la prevención comienza en el entorno familiar. Establecer reglas claras para el uso de dispositivos, dialogar sobre los contenidos que consumen los menores y acompañar activamente su experiencia digital son acciones fundamentales para reducir los riesgos.
La especialista añadió que la responsabilidad no recae únicamente en las familias. Consideró necesario fortalecer los esfuerzos institucionales para regular el funcionamiento de las plataformas digitales y promover acuerdos entre autoridades, especialistas, empresas tecnológicas y sociedad civil que permitan construir entornos virtuales más seguros para las nuevas generaciones.
En un contexto donde las redes sociales forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas, el desafío ya no consiste únicamente en limitar el tiempo frente a una pantalla, sino en desarrollar herramientas que permitan identificar los contenidos que consumen niñas, niños y adolescentes y fomentar una alfabetización digital que fortalezca el pensamiento crítico, la empatía y la convivencia.
Foto: Especial.