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Amatlioque: publicar desde la periferia también es una forma de resistencia

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Everardo Martínez Paco, director de Amatlioque, habla de los desafíos económicos y la necesidad de construir comunidad alrededor de autores mexicanos vivos y de las periferias.

En un panorama editorial donde los grandes sellos concentran buena parte de la atención, la circulación y los espacios de presentación, las editoriales independientes sostienen otras formas de entender el libro: publicar voces que difícilmente encuentran lugar en los catálogos dominantes, apostar por autores vivos y mirar hacia territorios que suelen quedar fuera del centro cultural.

Ese es uno de los propósitos de Amatlioque, editorial independiente dirigida por Everardo Martínez Paco, quien participa en la Feria Internacional del Libro del Zócalo (FIL Zócalo 2026) con un catálogo que reúne narrativa, poesía y propuestas de autores mexicanos, particularmente aquellos vinculados con las periferias.

Para Martínez Paco, acercarse a Amatlioque supone también descubrir una literatura que busca escapar de las fórmulas establecidas.

“Va a encontrar cuentos, poesía, narrativa con propuestas frescas y con literatura que está proponiendo justamente cosas muy importantes e interesantes”, explica. Su invitación para los nuevos lectores es sencilla: darle una oportunidad a alguno de los autores y libros que integran el catálogo.

La apuesta no se limita a publicar. También implica construir, poco a poco, una comunidad de lectores alrededor de obras que no necesariamente cuentan con los mecanismos de promoción de las grandes editoriales. Actualmente, Amatlioque publica entre cinco y siete libros al año, pero su horizonte es crecer hasta alcanzar, al menos, un título mensual.

“Dentro de cinco años yo quisiera que tuviéramos más libros publicados”, señala Martínez Paco. El proyecto contempla también ampliar el número de presentaciones, incorporar más autores y publicar antologías, además de procurar que el trabajo de quienes colaboran con la editorial tenga una retribución justa.

El costo de publicar fuera de los grandes sellos

En la independencia editorial, la libertad tiene un precio. Para Amatlioque, uno de los principales obstáculos sigue siendo el económico: realizar tirajes pequeños, distribuirlos, enviarlos a otras regiones y sostener una estructura en la que las mismas personas asumen múltiples tareas.

“Los colaboradores funcionan como editores, correctores de estilo, vendedores, repartidores”, explica el director. La precariedad de recursos termina convirtiéndose en una barrera para ampliar el catálogo y, sobre todo, para conseguir que los libros circulen más allá de los espacios habituales.

A esto se suma la necesidad de conquistar lectores. Las editoriales independientes, apunta, tienen que construir desde cero comunidades lectoras que los grandes sellos ya poseen.

Pero el circuito independiente también tiene una dimensión que contrasta con la lógica de competencia de los grandes grupos: la solidaridad.

Martínez Paco destaca que entre editoriales y autores independientes existe una tendencia a apoyarse mutuamente. Frente a los grandes emporios, dice, se ha encontrado una red de colaboración que permite compartir espacios, lectores y esfuerzos.

“Las editoriales independientes tienden a estrecharse la mano, los autores independientes se van apoyando entre sí”, señala.

Esa experiencia modifica también la percepción del llamado “mundillo literario”. Si bien reconoce que suele existir una mirada negativa sobre ese circuito, considera que la dinámica entre editoriales y escritores independientes puede ser distinta: menos determinada por la competencia y más por la necesidad de construir colectivamente.

La periferia también ocupa un lugar en las ferias

La centralización cultural, sin embargo, no desaparece dentro de las propias ferias del libro.

Para el director de Amatlioque, esa desigualdad puede observarse en la ubicación de los estands y, especialmente, en la programación de presentaciones. Las grandes editoriales suelen ocupar los espacios centrales, mientras que las independientes son desplazadas hacia foros menos visibles.

“Es muy difícil que las editoriales independientes entren en los foros centrales”, afirma.

La FIL Zócalo representa para Amatlioque una excepción relevante dentro de ese panorama. Martínez Paco reconoce que históricamente ha mantenido un espacio importante para las editoriales independientes y considera que su carácter de encuentro permite que los lectores descubran proyectos que difícilmente encontrarían en otros circuitos.

Aun así, la participación en una feria no elimina las dificultades estructurales. El marketing, la distribución, los envíos y la posibilidad de llegar a nuevos lectores siguen siendo algunos de los principales desafíos.

En un país donde la presencia de los grandes grupos editoriales continúa siendo determinante, también persiste una asociación entre pertenecer a un sello reconocido y tener una garantía de calidad. Para Martínez Paco, esa relación comienza a desdibujarse: el prestigio de un gran sello no debería ser la única puerta de entrada para valorar una obra.

El libro como objeto y como comunidad

En medio de la expansión de los dispositivos electrónicos, Amatlioque también reivindica la dimensión material del libro.

El libro-objeto puede parecer incómodo en un contexto donde una biblioteca completa cabe en una pantalla, pero para el editor su materialidad conserva una capacidad de convocatoria. El diseño y cierta nostalgia por el objeto impreso forman parte de una estrategia para mantener viva la relación física con la lectura.

“Estamos buscando, a partir del diseño y de esta nostalgia del libro, seguir construyendo comunidad a partir de este objeto”, explica.

Por eso la presencia en la FIL Zócalo no se reduce a vender ejemplares. La feria funciona como un punto de encuentro para que los lectores conozcan autores, conversen con ellos y se acerquen a proyectos editoriales que operan fuera de los circuitos dominantes.

Para Martínez Paco, trabajar desde la independencia implica precisamente asumir esa condición de resistencia: ampliar la mirada, llevar los libros a espacios donde las grandes editoriales no necesariamente llegan y abrir posibilidades para escritores y lectores.

Amatlioque busca así consolidarse sin perder su origen: una editorial que publica principalmente narrativa, aunque también poesía, y que continúa ampliando su catálogo a partir del encuentro con nuevos escritores.

Más que competir con los grandes sellos en sus propios términos, la editorial parece plantear otra pregunta: qué autores quedan fuera cuando la literatura se mira únicamente desde el centro.

En esa búsqueda, publicar desde la periferia no es sólo una cuestión de escala. Es también una manera de disputar los espacios de circulación, construir lectores y recordar que la literatura mexicana contemporánea ocurre mucho más allá de los catálogos que concentran los reflectores.

Foto: Colage Página Zero.