Pasar al contenido principal

Entre la fe y la tradición: la Danza de los Diablos de Metlatónoc, vetada en Tototepec

tototepec

La parroquia de Tototepec prohibió la presentación de la danza en actividades vinculadas con la Iglesia por considerar que su simbolismo contradice la fe católica; sus integrantes reivindican una expresión cultural vinculada con la identidad ñuu savi.

La decisión de la parroquia de Tototepec, municipio de Tlapa de Comonfort, de prohibir la presentación de la Danza de los Diablos de Metlatónoc dentro de la comunidad y en actividades relacionadas con la Iglesia Católica abrió un debate que rebasa una celebración religiosa: pone frente a frente la interpretación de los símbolos de la fe y la permanencia de una expresión cultural de la Montaña de Guerrero.

De acuerdo con un comunicado difundido por la parroquia, se prohíbe estrictamente la presentación, ejecución y visita de la Danza de los Diablos de Metlatónoc dentro de Tototepec y en cualquier actividad relacionada con su Santa Iglesia. El documento señala que, por su naturaleza, indumentaria y significado, la danza representa y alude a los demonios, lo que, según la parroquia, contraviene los principios de la fe católica.

La disposición también llama a mayordomos, comités, grupos apostólicos y población en general a abstenerse de invitar, contratar o permitir la presencia de la danza en fiestas patronales, procesiones o cualquier acto religioso y social. El comunicado está firmado por el Pbro. Antonio Merino Maldonado, párroco de Tototepec, y Donato S. Campos González, fiscal parroquial.

El conflicto resulta particularmente significativo por tratarse de una manifestación que ha sido documentada institucionalmente como parte de la cultura del pueblo ñuu savi de la Montaña de Guerrero. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) describe la Danza de los Diablos de Metlatónoc como una expresión significativa de la identidad y cultura ñuu savi de la región, especialmente de comunidades de ese municipio. También señala que su representación está vinculada con el teatro popular y con la tradición de las danzas de moros y cristianos introducidas durante la época colonial.

Una danza que nació también en diálogo con el cristianismo

La paradoja es difícil de ignorar: la figura del diablo que hoy provoca el veto de la parroquia forma parte de una tradición cuya historia está relacionada, precisamente, con procesos de evangelización. El INPI explica que la representación de los Diablos de Metlatónoc escenifica la derrota de los enemigos del cristianismo y que el personaje del Diablo aparece dentro de un relato dramático vinculado con la confrontación entre cristianos y moros.

Esto permite observar que la presencia del Diablo en una manifestación tradicional no necesariamente equivale a una práctica de adoración o culto al mal. En el caso de Metlatónoc, el personaje forma parte de una construcción simbólica y teatral que adquirió nuevos sentidos en el territorio ñuu savi.

Esa diferencia es central en la respuesta de Iván Vitervo Gálvez, danzante de los Diablos Na Savi, quien sostiene que la danza es arte y devoción, no maldad. En su posicionamiento, rechaza que la expresión represente un culto demoníaco y reivindica sus máscaras, pasos y personajes como elementos de una tradición heredada.

Para Vitervo Gálvez, la danza debe entenderse como una manifestación de arte popular y como parte de la identidad mixteca de Guerrero. Desde esa perspectiva, prohibir su presencia no solamente cancela una participación festiva: también plantea preguntas sobre quién tiene autoridad para determinar qué significan los símbolos de una tradición y bajo qué criterios una comunidad puede conservarlos.

Cuando una institución interpreta la cultura

El episodio puede leerse a la luz de la Teoría del Control Cultural de Guillermo Bonfil Batalla, pero conviene hacerlo como una herramienta de análisis y no como una conclusión automática sobre el caso.

La teoría de Bonfil distingue entre los elementos culturales propios de un grupo y aquellos cuya decisión y control corresponden a agentes externos. Vista desde ese marco, la controversia de Tototepec plantea una pregunta de fondo: ¿quién decide sobre el uso y el significado de una manifestación cultural cuando ésta se encuentra dentro de un espacio regulado por una institución religiosa?

La pregunta adquiere mayor peso cuando se considera que las instituciones culturales mexicanas han reconocido la Danza de los Diablos de Metlatónoc como una expresión de identidad ñuu savi. El propio INPI ha presentado esta danza en espacios culturales nacionales y la ha descrito como una tradición vinculada con la transmisión de conocimientos y el homenaje a los ancestros de las comunidades de Metlatónoc.

El veto de Tototepec no elimina por sí mismo una tradición, pero sí evidencia una tensión entre dos formas de entenderla: por un lado, la lectura religiosa que identifica en la figura del Diablo un elemento incompatible con la fe; por otro, la lectura cultural que reconoce en ese mismo personaje un componente de una representación histórica y de una tradición comunitaria.

La Danza de los Diablos de Metlatónoc tampoco es una expresión aislada. Existen registros de su participación en encuentros de música y danza tradicional de los pueblos indígenas de Guerrero, así como en actividades culturales realizadas en distintas regiones del estado.

Más allá de una fecha cancelada

La presentación que estaba programada para el 28 de septiembre de 2026 quedó en el centro de esta controversia. Hasta el momento, según la información proporcionada, la agrupación no ha fijado una postura concreta sobre la cancelación y el veto de esa fecha.

Más allá de que la presentación se realice o no, el caso deja abierta una discusión necesaria sobre el patrimonio cultural vivo: qué ocurre cuando una tradición comunitaria entra en conflicto con la interpretación religiosa de una institución y quién debe participar en la búsqueda de una salida.

Porque una danza no está hecha únicamente de máscaras, música y pasos. También está hecha de memoria, transmisión y de los significados que una comunidad ha construido alrededor de ella. En Tototepec, el debate apenas comienza.

Foto: Redes Sociales.