“Cartas a la fugitiva del aire”: un viaje de supervivencia, ausencia y memoria llega al Foro Conexión 222
Gabriela Coppola protagoniza el monólogo con una propuesta de realismo mágico que invita al público a desprenderse de las pantallas y vivir el teatro de cerca.
La ausencia, el deseo, la identidad y la necesidad de soltar aquello que pesa son algunos de los temas que atraviesan Cartas a la fugitiva del aire, monólogo protagonizado por Gabriela Coppola, con dramaturgia de Elizabeth Zárate, dirección de Carlos Echartea y dirección de escena de Gabriela Tapia Berrón. La puesta en escena llegará al Foro Conexión 222, donde tendrá presentaciones este jueves 27 de agosto y todos los jueves de septiembre y octubre de 2026.
Para Coppola, el primer elemento que la atrapó del proyecto fue precisamente el texto y la manera en que aborda el realismo mágico, un recurso que, considera, presenta grandes posibilidades en el cine, pero que en el teatro exige una construcción distinta, debido a que todo ocurre en vivo frente al espectador.
“Trabajar realismo mágico en cine es como muy fácil y mágico. Pero en teatro eso exige otro tipo de trabajo y de manifestación”, explica la actriz.
La diferencia entre ambos lenguajes se convierte en uno de los principales retos de la puesta. Mientras en el cine existe la posibilidad de cortar, editar y unir escenas, en el teatro los tiempos, movimientos, luces y acciones suceden en el mismo instante. En Cartas a la fugitiva del aire, además, la protagonista transita constantemente entre distintos niveles de realidad, por lo que el público puede llegar a preguntarse si lo que presencia pertenece a la realidad, a la ficción o a un momento mágico del personaje.
Coppola interpreta a Lola, una mujer que emprende un recorrido marcado por la supervivencia, la memoria y las decisiones que ha tomado a lo largo de su vida. Para la actriz, trabajar esta dimensión desde la interpretación ha representado un reto importante y, al mismo tiempo, una experiencia enriquecedora.
La complejidad aumenta al tratarse de un monólogo, pues toda la responsabilidad escénica recae sobre una sola intérprete. Sin embargo, Coppola considera que el trabajo actoral esencialmente permanece: utiliza sus emociones, cuerpo, mente y experiencia para representar en vivo la vida de un personaje.
“Mi herramienta de trabajo soy yo misma”, afirma.
Uno de los elementos que más profundamente resonaron con la actriz fue el tema de la ausencia. Coppola proviene de una familia numerosa, integrada por seis hermanos, y recuerda cómo la ausencia de su padre, aunque estuviera presente en sus vidas, formaba parte de la experiencia familiar debido a sus responsabilidades laborales.
Esa experiencia le permitió acercarse a Lola desde un lugar íntimo. La ausencia también aparece cuando las personas que forman parte de nuestra vida toman otros caminos y dejan de estar presentes, algo que, señala, suele asumirse como parte natural de la existencia sin detenerse necesariamente a reflexionar sobre lo que representa emocionalmente.
Para la actriz, interpretar a Lola implica precisamente detenerse en esas circunstancias y convertirlas en una experiencia compartida con el público.
Pero Cartas a la fugitiva del aire también plantea otra dimensión de la ausencia: aquella en la que uno mismo debe convertirse en el ausente. Lola abandona personas, lugares y costumbres como parte de una estrategia de supervivencia.
Coppola reconoce que este aspecto del personaje significó un descubrimiento personal, pues le permitió reflexionar sobre la dificultad de desprenderse de personas y cosas. Lola, explica, “lo deja todo” porque parece encontrar en ese desprendimiento una posibilidad de salir adelante.
La supervivencia, entonces, no solamente significa permanecer en un lugar, sino tomar decisiones que pueden implicar renuncias profundas. Lola termina en otro país, rodeada de otras costumbres, otra alimentación y otro idioma, y debe modificar incluso su manera de pensar para adaptarse a su nueva realidad.
Su regreso representa la posibilidad de revisar ese recorrido y preguntarse si las decisiones que tomó fueron las correctas. Lola ya no está con las personas que quería, vive lejos de su lugar de origen y ha tenido que reconstruirse en un contexto diferente.
“Precisamente Cartas a la fugitiva del aire es para Lola buscar esas respuestas”, señala Coppola.
Ese viaje está relacionado con la necesidad de encontrar una certeza: saber si hizo bien o mal, qué pudo haber cambiado y cuáles fueron las consecuencias de sus decisiones. Más que una historia de respuestas definitivas, la obra se convierte así en un recorrido introspectivo.
La propuesta escénica se construye a partir de tres planos: la realidad, la ilusión o fantasía y aquello que Lola quisiera ser. De acuerdo con Coppola, estos niveles dialogan mediante los trazos escénicos, el movimiento y las acciones del personaje.
Uno de los elementos centrales son las cartas. Lola se lee a sí misma a través de ellas, como si realizara una lectura de tarot. Cada carta la conduce a un lugar, un espacio o un momento determinado de su historia, que puede pertenecer al pasado, al presente o incluso a aquello que está imaginando.
Para la actriz, transitar entre esos planos implica vivir una especie de montaña rusa emocional, en la que las fronteras entre realidad, memoria, sueño y deseo permanecen abiertas.
El proceso de construcción del personaje también modificó la propia mirada de Coppola. Lola le enseñó, sobre todo, a soltar.
“Lola lo que más me ha enseñado a mí, Gabriela Coppola, es soltar. Soltar sin remordimiento, sin dolor”, comparte.
Ese aprendizaje está relacionado con la supervivencia y con la capacidad de reconocer qué personas y circunstancias deben permanecer y cuáles es necesario dejar ir. Para la actriz, las decisiones determinan aquello que vivimos, las personas que permanecen cerca y las que dejamos atrás.
La construcción de Lola tampoco parte de una separación absoluta entre personaje e intérprete. Coppola explica que su formación actoral privilegia un trabajo desde el interior hacia el exterior, por lo que los movimientos, gestos y comportamientos de Lola surgen de aquello que el personaje lleva dentro.
La actriz recurre a emociones y experiencias propias para construir aspectos que quizá no reconoce inmediatamente en sí misma, pero que forman parte de la condición humana. Si Lola experimenta una emoción llevada al extremo, Coppola busca dentro de sí misma una experiencia similar para trasladarla a la escena con mayor intensidad.
“Todos tenemos todo”, sostiene la actriz al explicar su proceso creativo.
Otro de los descubrimientos importantes para Coppola ha sido la cercanía con el público. El formato del Foro Conexión 222 permite una relación mucho más directa entre actriz y espectadores, a diferencia de otros espacios teatrales donde el público se encuentra a varios metros del escenario.
En esta propuesta, los espectadores prácticamente comparten el mismo espacio físico con la intérprete. Esa proximidad genera una energía particular y convierte cada función en una experiencia distinta, pues la reacción del público también modifica la dinámica de la representación.
Coppola reconoce que esta cercanía inicialmente podía parecer intimidante, pero terminó convirtiéndose en una de las riquezas del proyecto. Aunque no se trata propiamente de un espectáculo de improvisación, la presencia del público introduce elementos impredecibles: la actriz no sabe de antemano cómo responderán los espectadores cuando Lola establece una interacción directa con ellos.
Esa relación también permite recuperar una de las características esenciales del teatro: el intercambio de energía entre quienes están sobre el escenario y quienes se encuentran frente a él.
La actriz no pretende que el público llegue únicamente para descubrir algo sobre Gabriela Coppola a través de Lola. Su principal deseo es que los espectadores asistan, se desconecten por un momento de las pantallas y vivan la experiencia teatral.
“Lo primero que quiero es que la gente llegue”, afirma.
La propuesta busca recuperar la experiencia de estar frente a una actriz, observar cómo las luces y la música cambian en el mismo espacio y formar parte de un acontecimiento que solamente puede suceder en vivo.
Coppola retoma así una definición de Gabriela Tapia Berrón que le resulta especialmente significativa: el teatro como una “rehabilitación de la vida”.
A ello se suma, considera, el trabajo de Elizabeth Zárate en la dramaturgia y la sensibilidad de Carlos Echartea en la dirección. Para Coppola, una frase resume parte de la propuesta: “el viaje se vuelve una danza”.
Con ese espíritu, Cartas a la fugitiva del aire invita al espectador a acompañar a Lola en un recorrido por sus recuerdos, ausencias, decisiones y deseos, pero también a reflexionar sobre la propia capacidad de desprenderse y continuar.
Y si hoy Gabriela Coppola pudiera escribirle una carta a esa “fugitiva del aire”, elegiría la carta de La Emperatriz del tarot. Le diría que es una mujer valiente y que no debe permitir que las circunstancias o el entorno le hagan creer que tomó malas decisiones o que fue cobarde.
Para la actriz, sobrevivir también requiere valentía: “todos los que estamos vivos hoy somos muy valientes y todo el tiempo estamos librando batallas y estamos saliendo adelante”.
Cartas a la fugitiva del aire se presentará este jueves 27 de agosto y continuará con funciones todos los jueves de septiembre y octubre de 2026 en el Foro Conexión 222, en la Ciudad de México, para ofrecer una experiencia teatral íntima en la que el público podrá acompañar de cerca el viaje de Lola entre la realidad, la memoria, la fantasía y la necesidad de encontrar respuestas.
Foto: Especial.