Monte Albán se convierte en escenario de terror en la novela Los dioses de la masacre
F. J. Trueba traslada el thriller forense al Oaxaca de 1910, donde un crimen brutal desata una investigación que enfrenta los primeros métodos científicos con las leyendas de chaneques, deidades del inframundo y el hombre-jaguar.
Entre las ruinas de Monte Albán y las haciendas de Cuilápam de Guerrero, una serie de muertes violentas pone en jaque a las autoridades y despierta antiguos temores. Ese es el punto de partida de Los dioses de la masacre, novela de F. J. Trueba publicada por Thalos Publishing, que combina el suspenso criminal con elementos de la cosmovisión mesoamericana.
La historia se sitúa a principios de 1910, cuando Fernando González, un ingeniero de minas formado en el extranjero, llega a Oaxaca para evaluar yacimientos de hierro. Su trabajo queda interrumpido tras el hallazgo de un cadáver mutilado en una plaza ceremonial zapoteca. En poco tiempo, pasa de ser un visitante a convertirse en sospechoso de un crimen que amenaza con provocar un conflicto entre los habitantes de la región y los terratenientes.
Las características de las heridas complican la investigación. Cuatro cortes paralelos, profundos y precisos desconciertan a las autoridades rurales, que intentan determinar si fueron causados por un arma desconocida o por las garras de algún animal. Mientras los médicos examinan el cuerpo con los recursos disponibles en la época, la comunidad encuentra sus propias explicaciones en las leyendas sobre los chaneques y otras presencias sobrenaturales.
“En el México de 1910, la ciencia forense apenas gateaba mientras las leyendas tenían siglos de ventaja”, explica Trueba sobre el punto de partida de la novela. El autor plantea así el choque entre la razón de un protagonista que busca respuestas comprobables y una población que interpreta la violencia desde sus creencias y temores.
La investigación conduce al lector por espacios marcados por el aislamiento y la tensión: salas médicas improvisadas, conventos en ruinas, haciendas fortificadas y túneles donde los ataques nocturnos alimentan la sospecha de que algo desconocido acecha en la sierra.
La figura del jaguar también ocupa un lugar importante en el relato. Asociado en distintas tradiciones mesoamericanas con la noche, las cuevas y las fuerzas de la tierra, este animal funciona como una presencia simbólica que conecta el terror de la trama con el pasado prehispánico. La novela incorpora, además, referencias a piezas de jade y motivos relacionados con el arte antiguo para construir su atmósfera.
Sin dejar de lado el ritmo de una historia criminal, Los dioses de la masacre cruza la investigación de los asesinatos con las tensiones sociales de los últimos años del porfiriato. La exigencia de encontrar rápidamente un culpable se enfrenta a la necesidad de comprender qué ocurrió realmente, mientras las creencias locales y los intereses de los poderosos complican la búsqueda de justicia.
Con esta novela, F. J. Trueba propone un recorrido de suspenso por un Oaxaca donde el pasado arqueológico, las leyendas y la violencia se entrelazan. El resultado es un thriller histórico que convierte las ruinas y los relatos populares en parte de una investigación en la que la explicación racional no siempre logra disipar el miedo. Adquiere el libro aquí.
Foto: Especial.