La cultura, ausente del quinto informe de Evelyn Salgado
Danzas tradicionales y expresiones folklóricas sirvieron para vestir el escenario del informe en Chilpancingo, pero la cultura no ocupó una sola línea en el discurso de la gobernadora
En el quinto informe de gobierno de Evelyn Salgado Pineda, la cultura apareció donde suele hacerlo cuando se trata de construir una imagen pública: en el escenario. Danzas folklóricas y tradicionales de las distintas regiones de Guerrero acompañaron el acto de rendición de cuentas en el Auditorio Sentimientos de la Nación, mientras la Orquesta Filarmónica de Acapulco formó parte de la ceremonia. Sin embargo, cuando llegó el momento de hablar de las políticas y resultados de cinco años de administración, la cultura desapareció del discurso.
El contraste resulta significativo. Guerrero es un estado cuya identidad pública y turística se encuentra estrechamente ligada a sus expresiones culturales, desde las danzas y músicas tradicionales hasta sus artesanías, fiestas comunitarias, patrimonio y diversidad de pueblos originarios y afromexicanos. Aun así, en un mensaje que abordó seguridad, salud, educación, infraestructura, turismo, economía, campo, deporte, derechos de las mujeres y programas sociales, no hubo una sola línea dedicada a explicar qué hizo el gobierno estatal por la cultura.
La cultura quedó reducida, en los hechos, a un recurso escénico.
Las expresiones de las regiones guerrerenses funcionaron como una suerte de telón de fondo identitario para una ceremonia cuyo contenido político estuvo concentrado en los indicadores y acciones de otras áreas de gobierno.
La omisión adquiere mayor peso porque el propio informe menciona asuntos directamente relacionados con la dimensión cultural del estado. Salgado Pineda habló de los pueblos indígenas y afromexicanos, de los planes de justicia de la Montaña y la Costa Chica, de las comunidades y de la diversidad del territorio. Incluso señaló que estos instrumentos contemplan acciones de “cultura”. Pero el término aparece apenas como parte de una enumeración, no como una política desarrollada, evaluada o sometida a rendición de cuentas.
Algo similar ocurre con las artesanías. El informe señala que se fortalecieron las nueve ramas artesanales de Guerrero y que se promovió la formalización y crecimiento de empresas creativas. Sin embargo, no ofrece en el discurso una dimensión cultural de estas actividades ni las coloca dentro de una política integral para preservar, profesionalizar y garantizar la continuidad de los saberes comunitarios.
El problema, por tanto, no es solamente que la gobernadora haya hablado poco de cultura. Es que la cultura no parece formar parte de la narrativa central de su administración, aunque sí resulte útil para representar al Guerrero que se quiere mostrar.
La escena del Auditorio Sentimientos de la Nación sintetizó esa contradicción: las danzas tradicionales estuvieron presentes para hacer visible la diversidad cultural del estado, pero sus protagonistas y las comunidades que mantienen vivas esas expresiones no encontraron un espacio equivalente en el balance de gobierno.
Un informe de gobierno también revela prioridades. Lo que se menciona, lo que se mide y aquello que se omite construyen una idea de lo que un gobierno considera estratégico. En el quinto informe de Evelyn Salgado, la cultura parece quedar atrapada en esa zona incómoda: importante para la imagen de Guerrero, pero secundaria cuando toca hablar de presupuesto, políticas públicas, resultados y futuro.
La paradoja es que un estado que presume su identidad cultural para atraer turismo y proyectarse hacia el exterior todavía tenga dificultades para reconocer la cultura como un derecho, como trabajo y como una política pública que merece algo más que un lugar sobre el escenario.
Foto: Redes sociales.