Guillermo Arriaga reivindica la ficción como un acto de resistencia frente a la censura y la polarización
El escritor y cineasta participó en el Hay Festival de Querétaro, donde defendió el riesgo creativo, habló sobre su nueva novela, la frontera, la migración y advirtió que la literatura no debe someterse a la corrección política.
La ficción sigue siendo uno de los espacios más poderosos para confrontar el miedo, cuestionar las certezas y preservar la experiencia humana. Esa fue una de las principales reflexiones que compartió el escritor y guionista Guillermo Arriaga durante la conferencia de prensa que ofreció en el marco del Hay Festival de Querétaro, encuentro literario al que calificó como "un lugar de diálogo, de encuentro y de posibilidades".
Arriaga expresó su afecto por Querétaro, ciudad con la que mantiene un vínculo familiar y emocional, además de reconocer el esfuerzo del festival por reunir a algunas de las voces más relevantes de la literatura contemporánea.
Al abordar el contexto internacional y el papel que puede desempeñar su más reciente novela frente a conflictos como las guerras, la migración o la polarización política, el autor sostuvo que corresponde a los lectores encontrar el sentido de una obra, pero insistió en que la ficción tiene una función insustituible.
"La ficción recoge la experiencia humana y tiene la capacidad de confrontar el miedo de maneras distintas", explicó. En ese sentido cuestionó a quienes consideran que las novelas son simples fantasías y recordó que, históricamente, los regímenes autoritarios han perseguido los libros precisamente por su capacidad crítica.
El autor de Amores perros aseguró que hoy no sólo existe la censura ejercida por los gobiernos, sino también una censura social impulsada desde las redes digitales.
"Los escritores no debemos estar pensando si vamos a sufrir o no, o si somos políticamente correctos. Quizá no sean los mejores tiempos para escribir, pero al mismo tiempo sí lo son, porque vivimos una época de enorme confrontación moral que representa un terreno fértil para la literatura", afirmó.
Respecto a la responsabilidad de los autores, Arriaga rechazó la idea de que un escritor pueda decidir de manera deliberada el tipo de obra que realizará. Explicó que la escritura surge de un largo proceso de acumulación de experiencias y obsesiones personales, más que de una voluntad programática.
Reconoció que él mismo hubiera querido escribir historias más luminosas, capaces de "abrazar corazones", pero aseguró que su naturaleza narrativa siempre lo conduce hacia los conflictos humanos. Su nueva novela, dijo, recorre desde el siglo XIX hasta la actualidad temas como la esclavitud, las disputas territoriales, la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano, la violencia, el abuso y la empatía.
Durante la conferencia también habló de una de las obsesiones que ha atravesado buena parte de su obra: la frontera entre México y Estados Unidos. Contó que durante años ha recorrido prácticamente todos los cruces fronterizos y que desde joven le dolió profundamente la pérdida del territorio mexicano.
Esa inquietud lo llevó a investigar durante ocho años temas poco explorados por la literatura mexicana, como la historia de los apaches lipanes, la presencia de afrodescendientes y los esclavos que huyeron hacia México, aspectos que buscó incorporar en su nuevo libro.
A propósito de los sismos de 1985, Arriaga compartió algunos recuerdos personales de aquella tragedia. Recordó que tenía 27 años, vivía en Coyoacán y perdió a personas cercanas durante el terremoto. Entre las imágenes que más lo marcaron permanece la de una joven rescatada de entre los escombros, escena que, confesó, terminó influyendo años después en su imaginario creativo.
Sobre su manera de construir novelas y películas, explicó que nunca parte de una estructura rígida ni conoce de antemano el desenlace de sus historias. Los personajes aparecen conforme la propia narración lo exige, hasta formar relatos polifónicos que, aseguró, reproducen la manera en que las personas cuentan historias en la vida cotidiana.
El escritor también rechazó que su narrativa pueda entenderse como una continuación del realismo mágico latinoamericano. Consideró que la obra de Gabriel García Márquez llevó esa corriente a un punto tan alto que prácticamente cerró la posibilidad de reproducirla sin caer en la caricatura. En su caso, afirmó, los elementos sobrenaturales responden a la cosmovisión de sus personajes y no a una intención de inscribirse en esa tradición literaria.
En otro momento de la conferencia abordó el tema de la migración. A partir de experiencias cercanas con familias que han emigrado a Estados Unidos, describió el enorme costo emocional que implica la separación y criticó que el debate público simplifique un fenómeno profundamente humano.
Para Arriaga, el problema de fondo no es que otros países decidan expulsar migrantes, sino que México no haya logrado generar suficientes oportunidades para que sus ciudadanos puedan vivir con dignidad sin verse obligados a abandonar su lugar de origen.
"Lo verdaderamente vergonzoso es que no hemos sido capaces, como sociedad, de darle trabajo y dignidad a nuestra gente", sentenció.
Finalmente, al ser cuestionado sobre los riesgos creativos, el novelista aseguró que el peor error para cualquier escritor consiste en intentar repetir la fórmula de una obra exitosa. Permanecer en una zona de confort, dijo, sería "un infierno". Recordó incluso cómo uno de sus primeros manuscritos fue duramente criticado por un maestro, experiencia que terminó enseñándole que la escritura exige resistencia, disciplina y la capacidad de soportar el juicio ajeno.
"Todos los escritores reciben críticas dolorosas. Al final uno descubre que escribe para los de su propia especie", concluyó.
Foto: Miguel Benítez.