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Hay Festival Querétaro 2026: muchas cifras, poca efervescencia

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La undécima edición reunió a 19 mil 494 asistentes y más de 80 actividades, pero detrás del discurso sobre pensamiento crítico quedó la sensación de un encuentro desangelado, más preocupado por contabilizar alcances que por provocar debate.

El Hay Festival Querétaro 2026 cerró su undécima edición con un balance que, sobre el papel, parece contundente: 19 mil 494 asistentes presenciales, 13 mil 166 usuarios conectados a las transmisiones en vivo y un alcance digital de más de dos millones de personas, de acuerdo a los datos que proporcionó la organización.

Sin embargo, las cifras difícilmente consiguen ocultar una percepción menos entusiasta: la de un festival que, pese a reunir nombres importantes de la literatura, el pensamiento y la cultura, perdió parte de la efervescencia que debería distinguir a un encuentro dedicado precisamente a las ideas.

Durante tres días, más de 80 actividades ocuparon distintos espacios de Querétaro, con escritores, periodistas, filósofos, artistas y especialistas procedentes de 13 países. Entre ellos Alma Guillermoprieto, María Dueñas, Darío Sztajnszrajber, Cristina Monge, Carlos Moreno, Vivir Quintana, María Galindo, Emmanuel del Real, Carissa Véliz y Lydia Cacho, entre otros, conformaron un programa amplio y diverso.

Hubo poesía, literatura, inteligencia artificial, urbanismo, periodismo, música y actividades para infancias. El Hay Festival Joven llevó conversaciones a universidades, mientras el programa comunitario salió del circuito cultural habitual para llegar a la Alameda Hidalgo, Colón, Huimilpan, bibliotecas y centros comunitarios.

Pero precisamente ahí aparece una de las contradicciones del encuentro. La abundancia de actividades no necesariamente se tradujo en una experiencia cultural de mayor intensidad. Un festival que presume ser territorio para el pensamiento crítico requiere algo más que una acumulación de nombres reconocidos y conversaciones programadas: necesita generar fricción, desacuerdo, sorpresa y, sobre todo, preguntas que permanezcan después de que se desmonten los escenarios.

La ampliación de Casa Hay Festival —SURA funcionó como punto de encuentro y concentró conversatorios, clubes de lectura, firmas y grabaciones de pódcast. También destacó la llegada del festival a Morelia, con actividades en la UNAM Centro Cultural Morelia y la librería Traspatio, una expansión territorial que puede resultar significativa si consigue consolidarse.

La organización subrayó la participación ciudadana y la capacidad del festival para crear comunidad. Las instituciones locales, por su parte, insistieron en conceptos como economía creativa, turismo cultural y posicionamiento internacional. Son argumentos válidos, aunque corren el riesgo de convertir la cultura en una colección de indicadores de impacto y beneficios económicos.

El Hay Festival Querétaro ya confirmó su regreso en 2027, con el respaldo del municipio. La oportunidad para su duodécima edición no debería consistir únicamente en crecer, sumar sedes o incrementar sus cifras digitales. Si aspira a seguir siendo un espacio para el pensamiento crítico, tendría que recuperar algo más difícil de medir: la capacidad de incomodar, confrontar y entusiasmar.

Porque un festival de ideas no debería terminar solamente con estadísticas. Debería dejar conversación.

Foto: Especial.