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Giovanni Rodríguez levanta su poesía sobre las piedras de la memoria y la experiencia

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El poeta acapulqueño presentó su libro en Chilpancingo, en un encuentro acompañado por los comentarios de Marlan Valverde, quien destacó la dimensión simbólica, visual y humana de la obra.

El poeta acapulqueño Giovanni Rodríguez presentó el pasado viernes 14 de agosto su libro Sobre estas piedras levantaré vida, bajo el sello de Reverberante, durante una actividad promovida por el Colectivo Tarántula Dormida en realizada a las 17:00 horas en el tercer piso de la Coordinación de Zona 1221, ubicada en la calle Hidalgo, en la ciudad de Chilpancingo, donde compartió con lectores y amigos el proceso de escritura de una obra construida alrededor de la piedra como objeto, símbolo, origen y materia poética.

La presentación contó con los comentarios de Marlan Valverde, quien planteó que todo aquello que se sostiene necesita un cimiento: las casas, las ciudades, las civilizaciones, pero también las ideas, la identidad y la manera en que cada persona comprende el mundo.

La actividad formó parte del calendario del colectivo cultural La Tarántula de Dormida, que con este encuentro también inauguró un nuevo espacio para sus actividades de promoción cultural. Sus integrantes agradecieron a Giovanni Rodríguez y a Federico por trasladarse hasta Chilpancingo y compartir sus obras con la comunidad.

En su lectura sobre el poemario, Valverde señaló que Sobre estas piedras levantaré vida invita a reflexionar sobre aquello que antecede a la existencia individual y sobre los elementos a partir de los cuales cada persona construye su manera de mirar el mundo.

El libro reúne poemas divididos en dos secciones: “Citologías” y “Piedras sueltas”. En la primera se encuentra uno de los textos más extensos de la obra, Stonhenge, que coloca al lector frente a un conjunto de piedras levantadas por seres humanos de los que sólo permanecen fragmentos de su historia.

A partir de esa imagen, Valverde destacó las preguntas que atraviesan el poemario: cuáles son las piedras sobre las que se ha construido la propia manera de pensar, qué palabras fueron heredadas, qué historias, muertos, violencias, afectos y conocimientos forman parte de lo que somos.

En esta lectura, las piedras dejan de ser objetos inmóviles para convertirse en restos y, al mismo tiempo, en origen. Son cimientos, pero también materiales con los que se levantan ciudades, templos, tumbas y casas.

“Las piedras de este libro no son objetos inmóviles, guardan memoria; son restos y al mismo tiempo son origen”, expuso Valverde.

La comentarista también destacó el componente visual del poemario. Stonehenge, las cavernas, los acantilados, las montañas, los cementerios, Tebas, el inframundo y distintos paisajes cinematográficos construyen una geografía que se desplaza entre lo ancestral y lo contemporáneo.

Los azules y verdes, las piedras erguidas, las cuevas, el cielo, los animales, los cuerpos, la sangre, las flores y la roca aparecen como imágenes que acompañan los poemas, pero que también plantean interrogantes.

Para Valverde, las imágenes no funcionan como simple ornamento, sino que problematizan la poesía y abren preguntas sobre la relación del ser humano con el mundo que habita, con aquello que entrega y con sus propias palabras.

La piedra, señaló, puede convertirse en cimiento, pero también en un arma; puede servir para construir un muro o para romper una ventana. Esa ambivalencia permite que el libro se acerque tanto a la capacidad humana de construir como a la de destruir.

En la dimensión formal, Valverde destacó que el poemario no conduce al lector por un camino lineal. La escritura avanza mediante asociaciones, ecos, referencias, interrupciones y desplazamientos, en un movimiento que el propio libro reconoce como circular.

Rodríguez, dijo, trabaja la palabra de manera semejante a quien trabaja una piedra: la observa, la golpea, la talla, la desplaza y vuelve a colocarla hasta encontrar una forma.

Al tomar la palabra, Giovanni Rodríguez reconoció la lectura de Marlan Valverde y señaló que le resultó significativa la interpretación de la obra a partir de las imágenes, pues éstas forman parte de sus primeros acercamientos a la escritura.

Recordó que en sus primeros años como escritor buscaba construir textos a partir de la generación de imágenes, aunque en aquel momento no siempre estuvieran plenamente articuladas.

Explicó que el poemario surgió como una especie de cuaderno de trabajo, a partir de un ejercicio de escritura que con el tiempo se transformó en una obra abierta a distintas interpretaciones.

La piedra, comentó, comenzó a adquirir múltiples dimensiones durante el proceso: como objeto, símbolo e imagen, pero también como un elemento cotidiano presente en la vida de las personas.

Rodríguez destacó que esa multiplicidad permite que cada lector construya su propia interpretación del libro.

“La piedra” se convirtió así en un punto de partida para reflexionar sobre la palabra, la imagen y el propio acto de escribir. Para el autor, el material fundamental de la poesía es la palabra misma y su capacidad para generar imágenes y asociaciones.

Durante la conversación también explicó que la segunda parte del libro, Piedras sueltas, reúne textos que funcionaron como borradores, descansos y materiales del propio proceso creativo.

Más que concebir el poemario desde una estructura rígida, Rodríguez permitió que la escritura se desarrollara como un ejercicio de exploración de su propia voz. El resultado es una obra en la que las imágenes, los sonidos y las asociaciones se convierten en caminos para acercarse a la experiencia humana.

La presentación de Sobre estas piedras levantaré vida se convirtió así en un diálogo entre autor y lector en torno a los materiales con los que cada persona construye su existencia. Las piedras heredadas, encontradas o colocadas en el camino aparecen como una metáfora de aquello que sostiene, pesa, transforma y permite levantar una vida propia.

Con esta presentación, La Tarántula de Dormida amplió sus actividades a un nuevo espacio en Chilpancingo, reafirmando su apuesta por generar encuentros entre escritores, artistas y lectores, y por mantener abiertos espacios de promoción cultural en la ciudad.

Foto: Cortesía | Hugo Mosqueira.