Esthela Damián propone llevar la cultura al centro de la prevención social en Guerrero
Durante el conversatorio con comunidades culturales de Guerrero, compartió la experiencia de la Ciudad de México para atender a jóvenes en situación de vulnerabilidad mediante arte, deporte, educación y trabajo comunitario.
Ante cerca de 90 representantes de las comunidades culturales de Guerrero, reunidos este domingo 16 de agosto en la Sala Luis Zapata del Centro Cultural Domingo Soler de Acapulco, Esthela Damián planteó que el arte y la cultura pueden convertirse en herramientas para atender las causas que generan violencia y delincuencia, a partir de la recuperación de espacios, la formación artística y el acompañamiento de niñas, niños y jóvenes.
Durante su participación en el conversatorio “Arte y cultura, columnas para construir el futuro de Guerrero”, Damián compartió su experiencia como subsecretaria de Prevención en la Ciudad de México y explicó una estrategia basada en la atención directa de las poblaciones más vulnerables, particularmente jóvenes de entre 12 y 29 años.
La expositora sostuvo que la cultura debe formar parte de una estrategia integral de prevención y no ser considerada un elemento ornamental. Explicó que, durante su trabajo en la capital del país, la atención a las causas se enfocó en zonas donde convergían indicadores como abandono escolar, desempleo, consumo de sustancias, población juvenil e indígena y altos índices delictivos.
Damián relató que durante cinco años participó en recorridos por alrededor de 600 polígonos, donde equipos multidisciplinarios acudían directamente a las comunidades para conocer las condiciones de vida de los jóvenes.
“Nosotros tenemos una estrategia que he venido haciendo desde hace 41 años y es la estrategia de tocar puerta por puerta”, explicó.
Los recorridos se realizaban con equipos de más de 200 personas y la participación de distintas áreas gubernamentales, que llevaban servicios de salud, bienestar y empleo, entre otros. También participaban elementos de seguridad, aunque, precisó, tenían prohibido realizar acciones punitivas durante las visitas.
El objetivo era identificar a jóvenes que habían abandonado la escuela, no tenían empleo, enfrentaban problemas de adicciones, habían tenido contacto con las autoridades o se encontraban en condiciones de vulnerabilidad.
Para Damián, una de las claves consistía en establecer un vínculo de confianza con los jóvenes antes de determinar qué tipo de apoyo necesitaban.
“No es un asunto de que me está contando, pero yo le tengo que construir vínculo de confianza”, relató al explicar el trabajo realizado con las familias.
La funcionaria destacó que esta metodología permitió detectar situaciones de violencia y abuso que no siempre eran visibles desde las instituciones. Por ello, insistió en que la prevención requiere conocer de primera mano las realidades de las comunidades.
En ese contexto, la cultura apareció como una de las herramientas para generar alternativas. Damián explicó que los jóvenes identificados podían acceder a programas de apoyo y desarrollar actividades comunitarias de acuerdo con sus intereses y habilidades.
Si un joven sabía tocar guitarra, por ejemplo, podía incorporarse a una actividad musical. De esta forma comenzaron a formarse grupos de música regional, música urbana, rap, folclor y otros géneros.
El objetivo, explicó, no era únicamente mantener ocupados a los jóvenes, sino reconocer sus capacidades y generar espacios donde pudieran desarrollar sus talentos.
Damián compartió como ejemplo la experiencia de una producción teatral realizada en el Teatro de la Ciudad de México, en la que participaron alrededor de 400 jóvenes en distintas áreas: actuación, música, vestuario, maquillaje y producción.
La obra, titulada “Tururú, los jóvenes viajan en metro”, se convirtió, relató, en una muestra del potencial artístico de jóvenes que habían sido identificados en contextos de vulnerabilidad.
La experiencia permitió que algunos de ellos participaran en actividades culturales fuera de la ciudad, incluido el Festival Internacional Cervantino, y que otros continuaran su formación académica y laboral.
Para Damián, este tipo de experiencias demostraron que la prevención puede comenzar cuando se ofrece a los jóvenes una alternativa que responda a sus intereses y capacidades.
“Los chicos no son malos”, afirmó al cuestionar la tendencia social a criminalizar a los jóvenes por sus condiciones de vida.
En ese sentido, llamó a conocer los entornos familiares y comunitarios antes de emitir juicios sobre quienes enfrentan situaciones de violencia, adicciones o abandono escolar.
También destacó la importancia del acompañamiento. Explicó que los jóvenes incorporados a los programas contaban con tutores encargados de dar seguimiento a sus procesos y evitar que quedaran nuevamente fuera de las redes de apoyo.
La estrategia, señaló, produjo casos de jóvenes que pasaron de encontrarse en condiciones de extrema vulnerabilidad a incorporarse al trabajo y concluir estudios universitarios.
“Estos chicos nunca han tenido la primera oportunidad”, sostuvo Damián, al cuestionar el concepto de “segunda oportunidad” que suele aplicarse a jóvenes que han enfrentado situaciones de exclusión o conflicto.
La expositora destacó que la experiencia de la Ciudad de México puede aportar elementos para Guerrero, donde actualmente existen programas federales vinculados con esta visión y presencia en municipios como Acapulco y Chilpancingo.
Ante artistas, gestores, promotores culturales y representantes de distintas regiones del estado, Damián llamó a aprovechar el talento existente en Guerrero y a convertir a las comunidades culturales en parte activa de una política de prevención.
Señaló que no todos los jóvenes necesariamente encontrarán su camino en el arte: algunos pueden acercarse al deporte, otros a la educación, al trabajo o a distintas actividades comunitarias. Lo fundamental, sostuvo, es generar alternativas y acompañamiento.
En su mensaje, reconoció la labor de las comunidades culturales de Guerrero y destacó el talento de artistas que han alcanzado reconocimiento fuera del estado, mientras que en sus propias comunidades no siempre reciben el respaldo suficiente.
“Somos los últimos que nos enteramos o somos quienes menos los impulsamos para que pudieran lograr sus sueños”, expresó.
Damián consideró que el encuentro con las comunidades culturales representa una oportunidad para escuchar sus necesidades y construir propuestas desde las experiencias de quienes trabajan todos los días en el territorio.
Su intervención cerró con un llamado a artistas y gestores para convertirse en formadores y acompañantes de las nuevas generaciones, bajo la convicción de que la cultura puede contribuir a recuperar jóvenes, reconstruir el tejido social y abrir caminos de desarrollo.
“Ustedes sean los maestros de nuestros chicos. Ellos merecen muchas oportunidades”, planteó ante los representantes culturales reunidos en el Centro Cultural Domingo Soler.
Foto: Miguel Benítez.