La fotografía como memoria de los rituales y espacios sagrados de México
El XVII Concurso Nacional de Fotografía reunió 645 imágenes de 29 estados y reconoció la mirada de fotógrafos que documentan la vitalidad de las culturas populares del país
El Museo Nacional de Culturas Populares fue escenario de la ceremonia de premiación del XVII Concurso Nacional de Fotografía: “Rituales y Espacios Sagrados”, una convocatoria que reunió imágenes provenientes de distintas regiones del país para reconocer, a través de la fotografía, la diversidad y permanencia de las culturas vivas de México.
En esta decimoséptima edición se registraron 645 imágenes de 29 estados de la República, con la participación de 198 fotógrafos: 83 mujeres y 115 hombres. Las obras seleccionadas acercan al público a rituales vinculados con las deidades, la naturaleza y los espacios sagrados, así como a prácticas de agradecimiento por las cosechas, peticiones de lluvia, cambios de estación, danzas, ceremonias y peregrinaciones.
El presidium estuvo integrado por Diego Prieto, titular de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad (UCUVI); Emilio Montemayor, director del Museo Nacional de Culturas Populares; Ivonne Cisneros, directora general de Acción Territorial y Promoción Comunitaria; Alberto Pereda Careaga, ganador del primer lugar; Patricia García Banda, integrante del jurado calificador; Carmen Ramos, directora general de Culturas Populares Hidalgo, en representación de Neyda Naranjo, de la Secretaría de Cultura de Hidalgo; y Máximo de la O, en representación del estado de Tabasco en la Ciudad de México y de la Secretaría de Cultura de Tabasco.
Durante la ceremonia se destacó el papel de la fotografía como una herramienta fundamental para preservar la memoria y documentar las transformaciones de la cultura. Diego Prieto señaló que los rituales permiten a las comunidades relacionarse con el mundo mediante símbolos y recrear los relatos que explican su lugar en el entorno. En ese sentido, consideró que la fotografía se ha convertido en un depósito fundamental de la memoria y en un espacio de diálogo entre las miradas de fotógrafos, antropólogos y las propias comunidades.
Prieto también recordó una experiencia en San Miguel Tolimán, Querétaro, durante el levantamiento del gran chimal que los otomí-chichimecas realizan anualmente. A partir de aquella experiencia reflexionó sobre cómo la fotografía pasó de ser una práctica realizada por unos cuantos especialistas a convertirse en una actividad cotidiana que también permite a los propios integrantes de las comunidades registrar y compartir sus tradiciones desde su propia mirada.
Las imágenes participantes muestran ofrendas con alimentos, velas e incienso, peticiones de lluvia y rituales desarrollados en cuevas, templos, capillas, colinas, ríos, bosques, montañas, cementerios y calles, espacios que adquieren un carácter sagrado a través de las prácticas comunitarias. El concurso buscó así no solamente documentar las expresiones culturales, sino reconocer la perspectiva de quienes se acercan a ellas con respeto y sensibilidad.
Los ganadores
El primer lugar fue para Alberto Pereda Careaga, por la serie Signos Nayeri sobre la piel: los borrados, grafías de una tradición, realizada en Nayarit. El segundo lugar correspondió a Irma Alicia López Lorenzana, por Umbral, consagración, epifanía, de Tabasco; mientras que el tercer lugar fue para Cristo Reino Nepomuceno Ramírez, por la serie Tonaltepec, montaña del sol, de Guerrero. Las menciones honoríficas fueron para Juan Diego San Vicente Hernández, por Ofrenda, purificación; Omar Díaz Martínez, por Llegada al amanecer, de la serie Donde el sol tiene nombre; Armando Solís Osejera, por La procesión de los ancestros, de la serie El susurro del fuego nuevo en la meseta; Lourdes Patricia Méndez Obregón, por Antes del Conti; y Carla Patricia Pitalúa Rendón, por la serie Devoción en la Morelos. La mención especial fue para Aldo González Alvino, por Ofrenda al Divino Rostro en el río Lerma, Impastores.
Al recibir el primer lugar, Alberto Pereda destacó que detrás de cada fotografía existe un proceso de búsqueda, esfuerzo y acercamiento a las comunidades. Subrayó que las culturas originarias no deben observarse como algo ajeno o exótico, sino como parte de una herencia que permanece viva en las costumbres, expresiones y formas de ser de la sociedad mexicana. También reconoció a las comunidades que mantienen sus tradiciones y a las familias, instituciones y personas que hacen posible el trabajo de los fotógrafos.
Por su parte, Patricia García Banda, integrante del jurado junto con Dircelena Hernández-Rueda y el antropólogo Carlos Arturo Hernández-Dávila, señaló que la selección implicó una amplia deliberación debido a la calidad y diversidad de las propuestas. Explicó que, además de los criterios técnicos, estéticos, documentales y compositivos, se consideró el punto de vista de los autores y el respeto hacia las comunidades y sus costumbres.
Una vez concluida la ceremonia, fotógrafos participantes, autoridades y público se trasladaron al Patio La Quinta Margarita, donde se inauguró la exposición integrada por las obras ganadoras y las menciones honoríficas, permitiendo al público acercarse a distintas formas de comprender y vivir lo sagrado en México.
La jornada cerró con una invitación a la próxima edición del certamen. Para el XVIII Concurso Nacional de Fotografía, cuya convocatoria está próxima a publicarse, se anunció como tema “Infancias y derechos culturales”, con énfasis en la transmisión de la lengua y la cultura entre las nuevas generaciones como elemento fundamental para la permanencia de las culturas ancestrales, originarias y populares del país.
Foto: Especial.