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"La casa de mi abuela" convierte la memoria familiar en un territorio compartido

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Emiliano Aréstegui Manzano y el ilustrador Dereck Badillo presentaron el libro en La Casona del CEPE Taxco-UNAM, en una emotiva conversación sobre literatura, infancia, arte y la nueva generación de escritores guerrerenses

La memoria de las abuelas, la infancia como territorio de descubrimiento y la literatura como un espacio para reunir a las personas fueron los ejes de la presentación de La casa de mi abuela, libro de poemas para las infancias de Emiliano Aréstegui Manzano, ilustrado por Dereck Badillo, realizada el viernes 31 de julio en La Casona del CEPE Taxco de la UNAM.

En un formato de conversación, más que de presentación editorial, el encuentro reunió al autor, al ilustrador, a la escritora Analí Lagunas y a la promotora cultural Maricela Quinto, quienes coincidieron en que el libro trasciende la experiencia personal para convertirse en un espejo donde cualquier lector puede reconocer la casa, la voz y los afectos de su propia abuela.

Durante su intervención, Analí Lagunas señaló que la aparición del libro representa también una celebración para la literatura guerrerense contemporánea y para Taxco, una ciudad que durante años permaneció al margen de las políticas culturales del estado. Destacó que la poesía de Aréstegui encuentra un punto de encuentro entre lo íntimo y lo colectivo, permitiendo que la historia de una familia dialogue con la memoria de muchas otras. Recordó además que la lectura del libro coincidió con el reciente fallecimiento de su propia abuela, convirtiendo la obra en una experiencia profundamente personal.

Lagunas subrayó que uno de los mayores aciertos del libro es construir una voz cercana para las infancias, alejada de los tonos solemnes de la poesía tradicional, y hacerlo mediante un lenguaje vivo que dialoga con los ritmos contemporáneos sin perder profundidad. Consideró que esa cercanía explica la capacidad del libro para conectar con lectores de distintas edades.

El ilustrador y editor Dereck Badillo compartió que el proyecto nació de una amistad construida en encuentros del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA) y de conversaciones por WhatsApp. Explicó que la edición fue realizada prácticamente sin presupuesto, utilizando materiales disponibles en su taller y apostando por un proceso completamente artesanal.

Badillo relató que decidió alejarse de la imagen idealizada de la abuela para construir una representación más cercana a la experiencia cotidiana: una mujer fuerte, trabajadora y llena de matices. Las ilustraciones, dijo, dialogan con las metáforas del texto y buscan acompañar la potencia poética de los versos más que ilustrarlos literalmente. También compartió que una lectora japonesa adquirió el libro en su taller y regresó únicamente para decirle que la lectura la había hecho llorar, confirmando el alcance universal de la obra.

Por su parte, Maricela Quinto evocó sus propias experiencias como nieta y como abuela para afirmar que La casa de mi abuela es un libro necesario para el presente. Reconoció el trabajo de Dereck Badillo como artista visual y editor independiente, y celebró que el libro reúna dos sensibilidades que permiten acercar la literatura y el arte a las nuevas generaciones. Propuso incluso que la publicación encuentre nuevos formatos para llegar a más niñas y niños.

Al tomar la palabra, Emiliano Aréstegui explicó que el libro reúne recuerdos de distintas mujeres que marcaron su infancia. Aunque parte de la figura de su propia abuela, también incorpora imágenes de otras abuelas conocidas a lo largo de su vida para construir un personaje capaz de ser reconocido por cualquier lector.

Recordó escenas que permanecieron décadas en su memoria antes de convertirse en poemas, como la imagen de una anciana tomando brasas con las manos en una comunidad de la Sierra de Guerrero o los mangos preparados por su abuela. Confesó que escribió el libro entre lágrimas y que, para él, la literatura infantil abrió una nueva forma de mirar y explicar el mundo, distinta a la dureza presente en otros de sus libros. Defendió además que la literatura para niñas y niños no debe entenderse como un género menor, sino simplemente como literatura.

Durante la lectura de algunos poemas, Aréstegui mostró el tono lúdico y emotivo que caracteriza la obra, donde las cataratas de la abuela se convierten en lagunas, las hamacas guardan sueños y los ronquidos adquieren dimensiones fantásticas, sin perder nunca el vínculo afectivo con la memoria familiar.

El encuentro concluyó con un diálogo entre el público y los participantes sobre el papel de las abuelas y los abuelos en la formación de la identidad, la importancia de la literatura infantil y el momento que vive la creación literaria en Guerrero. Aréstegui destacó el surgimiento de una nueva generación de escritoras y escritores guerrerenses que hoy obtiene reconocimiento nacional gracias al trabajo colectivo, la lectura mutua y la construcción de comunidad, al tiempo que llamó a seguir fortaleciendo los espacios independientes para la cultura.

Más que la presentación de un libro, la tarde en La Casona del CEPE Taxco se convirtió en una celebración de la memoria, de las familias y de la literatura como un lugar donde las historias personales terminan por pertenecer a todos.

Foto: Cortesía |  Vero Danel