Entre libros y fantasmas: Acapulco vuelve a contarse desde sus escritores
La primera sesión de “Ven a tomar un café y escucha un cuento” reunió a Venecia Albarrán y Federico Vite en donde la literatura hace frente a la escasa oferta cultural institucional.
Con la sala Luis Zapata llena, arrancó el ciclo “Ven a tomar un café y escucha un cuento”, una iniciativa que apuesta por devolver a la literatura un espacio de encuentro, conversación y escucha en Acapulco. La primera sesión reunió a los escritores Venecia Albarrán y Federico Vite, quienes compartieron textos y reflexiones sobre sus procesos creativos, la violencia, el huracán Otis y las posibilidades de construir una literatura arraigada en el territorio.
La actividad fue presentada por Gabriel Brito, quien fungió como moderador y recordó a Rolando de la Mora, figura vinculada a los orígenes de este tipo de encuentros literarios desde finales de los años noventa, cuando comenzó una actividad similar en la Casa de la Cultura, donde también impartía su taller de literatura.
Sobre el escenario, una escenografía dominada por el negro y el rojo que acompañó la jornada. La imagen adquirió una lectura simbólica ante la reflexión sobre las dificultades que enfrentan artistas, escritores y creadores en Acapulco y Guerrero. Más que un simple telón de fondo, unas pequeñas luces parecían representar una posibilidad de resistencia y esperanza frente a la falta de espacios y apoyos para la creación.
Como parte del encuentro también se colocó una pieza de la artista Ana Barreto, en un gesto que recordó otra de las problemáticas recurrentes para los creadores locales: la pérdida de obra, la falta de espacios, reconocimiento y retribución.
Escribir después de Otis
La primera lectura estuvo a cargo de Venecia Albarrán, doctora en Ciencias Ambientales y actualmente vinculada a proyectos de investigación sociodemográfica y ambiental. Su acercamiento a la literatura surgió de una experiencia directamente relacionada con su trabajo con comunidades pesqueras de Acapulco.
Albarrán leyó fragmentos de “Los Usurros del Mar”, cuento surgido a partir del huracán Otis y publicado en una antología dedicada a las consecuencias del desastre que azotó Acapulco en octubre de 2023.
El texto está dedicado a las personas que el mar se llevó, particularmente a los pescadores de Acapulco. Para la autora, transformar esas experiencias en literatura implicó enfrentarse a una pregunta esencial: cómo narrar la pérdida sin reducirla a una cifra o a un dato.
Sus conversaciones con pescadores y sobrevivientes le permitieron conocer historias que difícilmente podían ser trasladadas al lenguaje académico de sus investigaciones. La ropa que aparecía en el mar, la incertidumbre sobre familiares y las experiencias de quienes sobrevivieron se convirtieron en fragmentos de una memoria colectiva.
Albarrán explicó que el cuento reúne vivencias de distintas personas para construir una sola obra. Su intención no fue contar una historia individual, sino recoger una experiencia colectiva y darle una forma literaria.
Ese tránsito también significó enfrentarse a las diferencias entre el lenguaje científico y el literario. Acostumbrada a escribir investigaciones desde una voz impersonal, encontró en la ficción un espacio donde debía asumir decisiones narrativas, construir personajes y explorar otras voces.
Un Acapulco de fantasmas
El segundo invitado fue Federico Vite, escritor que ha incursionado en novela, cuento, poesía y teatro, y cuya obra ha sido traducida al francés, inglés, árabe, italiano, serbio y portugués. Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y el Sistema Nacional de Creadores de Arte.
Vite regresó a Acapulco para compartir fragmentos de su novela La rendición, una obra en la que el puerto se convierte en escenario de duelo, violencia, fantasmas y crisis de identidad.
El escritor explicó que la novela comenzó a tomar forma desde 2018, a partir de su regreso a distintas zonas del puerto y de la impresión que le produjo reencontrarse con lugares que conocía desde su infancia. La historia sigue a un dramaturgo que vuelve a Acapulco para enfrentar un duelo y termina habitando espacios marcados por la violencia y por presencias fantasmales.
Los fantasmas de la novela no funcionan únicamente como elementos sobrenaturales. También representan la memoria de un puerto herido, la violencia acumulada y aquello que permanece incluso cuando físicamente parece haber desaparecido.
Vite contó que durante la pandemia encontró precisamente en esa condición fantasmal una clave para desarrollar el tono de la novela: personajes y presencias ocultas, alejadas del mundo exterior, que observan y sobreviven desde otro lugar.
El resultado fue un Acapulco reconocible y, al mismo tiempo, transformado por la ficción. Calles, colonias, iglesias, hoteles y otros espacios reales aparecen en la novela junto con elementos fantásticos, de modo que la geografía del puerto se convierte también en una geografía emocional.
La rendición de una generación
El título de la novela también fue motivo de conversación. Para Vite, “La rendición” alude a una derrota asumida, tanto por el personaje como por una generación que creció en Acapulco y que observa cómo se ha transformado el lugar que conoció.
El escritor habló de una especie de “acta de rendición” personal y colectiva: social, cultural y afectiva. “Perdimos un puerto y ganamos algo que no sé qué es”, planteó durante el encuentro.
Sin embargo, esa rendición no significa necesariamente abandonar la posibilidad de hacer algo. Reconocer la derrota puede abrir espacio para el testimonio, la memoria y la escritura. En ese sentido, la novela se convierte también en una manera de dejar constancia de una ciudad que ha cambiado profundamente.
La conversación permitió establecer un puente entre las obras de ambos escritores: mientras Albarrán recoge las experiencias de comunidades afectadas por Otis y las transforma en ficción, Vite utiliza la literatura para explorar la memoria, la violencia y las transformaciones urbanas de Acapulco.
Literatura para encontrarse
Uno de los planteamientos centrales de la jornada fue la necesidad de diversificar la oferta cultural desde los espacios independientes. La actividad forma parte de una programación impulsada junto con el Patronato Teatro Domingo Soler, Asociación Civil, con la intención de abrir un espacio para la literatura dentro de una oferta cultural que, según se señaló durante el encuentro, resulta insuficiente desde las instituciones.
La apuesta, sin embargo, no se limita a organizar lecturas. El propósito es generar conversación entre escritores y público, permitir preguntas sobre los procesos creativos y construir una comunidad alrededor de los libros.
En ese sentido, la sesión también recuperó una preocupación que Vite atribuyó a Rolando de la Mora: la posibilidad de dejar una escuela, entendida no necesariamente como un taller formal, sino como una comunidad de lectores y escritores capaces de continuar una conversación literaria.
Vite reconoció que no se considera particularmente interesado en impartir talleres, pero sí en compartir libros y abrir espacios de lectura. Recordó a De la Mora como alguien que le acercó autores y obras que ampliaron su horizonte como lector.
“Soy más lector”, resumió, en una reflexión que terminó por ampliar el sentido de la actividad: antes que formar escritores, estos encuentros pueden servir para formar lectores, generar curiosidad y recuperar la conversación alrededor de los libros.
La jornada cerró con una reflexión compartida sobre la necesidad de hablar no solamente de lo que se escribe, sino también de lo que se lee, lo que se escucha y lo que se piensa. En un Acapulco atravesado por pérdidas, transformaciones y dificultades para los creadores, “Ven a tomar un café y escucha un cuento” propone algo aparentemente sencillo, pero esencial: sentarse a escuchar historias y reconocer que la literatura también puede ser una forma de encuentro y resistencia cultural.
La segunda sesión se realizará el día viernes 14 de agosto de 2026, a las 18:30 horas, en la Sala Luis Zapata, con la participación de la Patricia Gutiérrez y Edgar Pérez Pineda. La entrada será mediante donativo voluntario.
Foto: Miguel Benítez.