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Tinskani confronta al espectador con la violencia detrás de la nota roja

Tinskani

El cortometraje de Claudio V. Ventosa tuvo una buena recepción en el GIFF, donde compitió en las secciones Guanajuato y Cortometraje Mexicano

El cine también puede mirar aquello que la sociedad ha aprendido a consumir con indiferencia. Esa es una de las preguntas que plantea Tinskani, cortometraje dirigido por Claudio V. Ventosa, coescrito junto con Mayte Serna Pérez y producido por Alejandra M. Insausti, que tuvo un estreno exitoso en el Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF).

La película compitió en las secciones Guanajuato y Cortometraje Mexicano, donde encontró una respuesta favorable entre el público y la prensa especializada. Su propuesta parte de un territorio reconocible del periodismo: la nota roja, sus imágenes de violencia y la relación que se establece entre quienes producen esas fotografías y quienes las consumen.

Más allá de representar explícitamente el horror, Tinskani pone el foco en aquello que ocurre antes y después de la imagen. La película cuestiona la manera en que la sociedad se ha acostumbrado a mirar la muerte, el dolor, la violencia y la desgracia hasta convertirlas en parte de la cotidianidad.

Cuando mirar también implica una responsabilidad

El protagonista, Tinskani, interpretado por Guillermo Meneses, es un fotoperiodista que atraviesa una crisis existencial después de la muerte de su mentor. El duelo lo lleva a cuestionar el sentido de su oficio y a confrontarse con sus propios temores frente a la vida y la muerte.

A partir de esa experiencia, el cortometraje abre una discusión sobre el fotoperiodismo y la nota roja: ¿se trata de morbo, deshumanización o insensibilidad? La película no pretende ofrecer una respuesta única, sino colocar al espectador frente a sus propios hábitos de consumo de imágenes.

La propuesta también ha generado conversaciones con periodistas y fotoperiodistas que asistieron a las proyecciones. De acuerdo con el equipo, algunos de ellos encontraron en la historia elementos relacionados con sus propias experiencias profesionales y con la manera en que enfrentan el dolor inherente a una profesión que registra acontecimientos violentos para convertirlos en información.

Uno de los temas que surgió en estos encuentros es la diferencia entre presenciar una imagen de violencia directamente y observarla posteriormente a través de la televisión o las redes sociales. El cortometraje explora precisamente ese desplazamiento: qué ocurre con la percepción de una tragedia cuando se transforma en una imagen que circula y es consumida por miles de personas.

Una mirada visual desde el estado emocional

La propuesta de Tinskani también se construye desde la fotografía. El trabajo de María Gabriella Stempell utiliza la iluminación callejera fría y los tonos oscuros del espacio doméstico del protagonista para trasladar visualmente su estado emocional.

La fotógrafa tomó como referencia el trabajo de fotoperiodistas como Fernando Brito, buscando llevar a la pantalla cinematográfica algunos elementos del lenguaje propio de la fotografía documental y de prensa.

De esta manera, la estética del cortometraje no funciona solamente como acompañamiento de la historia, sino como una extensión de la crisis que atraviesa su protagonista. Los espacios, la luz y los tonos contribuyen a construir una atmósfera marcada por la pérdida, la incertidumbre y la confrontación con la muerte.

Un estreno que abrió conversación

Para Claudio V. Ventosa, el paso por el GIFF representó la posibilidad de presentar el cortometraje en varias ocasiones y comenzar a establecer un diálogo más amplio con medios y espectadores.

Me quedo muy agradecido con la oportunidad de haber proyectado en varias ocasiones y de la múltiple selección, y también con la oportunidad de empezar a dar a conocer a los medios el cortometraje junto con todo el trabajo que hemos hecho”, señaló el director y guionista.

Ventosa destacó además la respuesta de las audiencias y el interés generado por los temas abordados por la película. Para el realizador, uno de los principales resultados del festival fue comprobar que la historia logró establecer una conexión con los espectadores.

Por su parte, Mayte Serna Pérez subrayó que el GIFF permitió que Tinskani fuera visto y, sobre todo, que pudiera abrir un diálogo con quienes conocen de cerca el universo del fotoperiodismo.

Lo que más me conmovió fue que, después de las proyecciones, periodistas y amistades de fotoperiodistas se acercaran a decirnos que el cortometraje resonaba con sus propias historias y con su manera de habitar el dolor”, expresó.

Para la guionista, ese encuentro constituye una de las principales razones de ser del proyecto y confirma la capacidad del cine para generar comunidad alrededor de historias que abordan heridas que todavía permanecen abiertas.

La productora Alejandra M. Insausti consideró que el GIFF hizo posible no solamente el estreno del cortometraje, sino también el reencuentro de buena parte del equipo que participó en su realización.

Por su naturaleza, Tinskani es una historia que ha necesitado el debido tiempo y rigor para hacerse real”, afirmó, al destacar que la recepción del público reafirmó la importancia de continuar contando este tipo de historias.

Un recorrido que apenas comienza

Con Benuca Films como coproductora y distribuidora, Tinskani continuará su recorrido por festivales nacionales e internacionales. El equipo también buscará concretar un estreno comercial, aunque limitado, en algunas sedes del país.

Después de su paso por el GIFF, el cortometraje comienza así una nueva etapa en la que su principal desafío será continuar llevando a distintos públicos una pregunta incómoda pero necesaria: qué dice de una sociedad la manera en que mira, consume y normaliza las imágenes de violencia.

En ese territorio entre el periodismo, la fotografía y el cine, Tinskani encuentra su materia narrativa: no solamente contar la historia de un hombre que enfrenta la muerte de su mentor, sino utilizar su crisis para cuestionar la relación colectiva con aquello que ocurre frente a nuestros ojos y que, con demasiada frecuencia, dejamos de mirar como seres humanos.

Foto: Especial.