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El II Festival del Día Internacional del Reggae reunirá talento nacional y guerrerense en Chilpancingo

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Con una propuesta artística que apuesta por la convivencia, la inclusión y la construcción de paz desde la música

La música reggae volverá a tomar los espacios públicos de la capital guerrerense con la segunda edición del festival "Vibrando por la Paz", una iniciativa ciudadana que busca consolidarse como un encuentro cultural permanente capaz de reunir a distintas generaciones alrededor de un mensaje de justicia social, respeto, libertad y convivencia.

El encuentro se realizará este sábado 4 de julio, a partir de las 16:00 horas, en la plazuela de Pezuapa, un espacio que los organizadores consideran emblemático por su carácter público y comunitario.

El promotor del festival, Sergio Ferrer, explicó para Página Zero que originalmente se había solicitado el Teatro Hundido, sede de la primera edición, e incluso se propuso realizarlo en el zócalo de Chilpancingo. Sin embargo, ante la imposibilidad de utilizar ambos espacios, la Plazuela de Pezuapa se convirtió en la mejor alternativa.

Más allá de resolver un tema logístico, Ferrer considera que la sede adquiere un significado especial debido a que se trata de uno de los pocos espacios públicos de convivencia en la ciudad, cuya apropiación ciudadana cobra relevancia en un contexto donde existen discusiones sobre su preservación y uso colectivo.

La principal novedad de esta segunda edición es la incorporación de talento nacional, un paso que marca el crecimiento del festival después de que la primera entrega estuviera integrada exclusivamente por artistas guerrerenses.

El cartel estará encabezado por Lengualerta, quien celebra dos décadas de trayectoria musical, y por Mitze Maíz, cantante que recientemente representó a México en Jamaica junto con su agrupación Sangre Maíz. La presencia de ambos artistas fue posible gracias a un esfuerzo colectivo entre organizadores, colaboradores y diversas gestiones independientes.

A ellos se suman exponentes de la escena local como Kukulkán Sonido Antisistema, Dub Soul System in Dub, Chilate Selecta, Vistezo Selecta e Ini Sore, además del colectivo Chilpancirco, que ofrecerá intervenciones circenses, y la posible participación del grupo de danza tradicional Yolotiqueh, integrado por niñas, niños, adolescentes y adultos que preservan una expresión de raíces prehispánicas ensayando cotidianamente en el zócalo de la ciudad.

Para Ferrer, la incorporación de disciplinas como el circo y la danza responde al interés de mostrar la diversidad artística que existe en Chilpancingo y fortalecer el sentido de colectividad que caracteriza al proyecto.

Los organizadores esperan superar la asistencia registrada en la edición inaugural. Consideran que el festival cuenta ahora con mayor difusión, una identidad consolidada y el antecedente de otras actividades culturales impulsadas por el colectivo, como la Semana de Apreciación del Hip Hop realizada años atrás en el parque de skate de la capital.

La meta es convertir "Vibrando por la Paz" en un encuentro anual que pueda recorrer distintas regiones del estado. Entre los proyectos a futuro figura la posibilidad de llevarlo a Acapulco, ciudad cuya cercanía simbólica con Jamaica y el Caribe abriría nuevas posibilidades para el crecimiento del festival.

Más que un concierto, los organizadores conciben este encuentro como una herramienta de transformación social. Sergio Ferrer sostiene que el reggae transmite mensajes distintos a los que suelen dominar buena parte de la industria musical.

"Las letras hablan de justicia, del respeto por la vida, de la naturaleza, de la introspección y de la conciencia colectiva", explica el promotor, quien considera que esa filosofía convierte al reggae en un vehículo para fomentar la cultura de paz.

El festival también promoverá una convivencia responsable en el espacio público mediante acciones sencillas como la separación de residuos, el cuidado del entorno y el respeto entre asistentes, reforzando la idea de que la libertad de expresión y el derecho al esparcimiento pueden ejercerse desde la responsabilidad comunitaria.

Como parte de este enfoque social, se espera la participación de jóvenes vinculados a programas de reconstrucción del tejido social impulsados por instancias federales, quienes podrán integrarse a las actividades culturales como parte de sus procesos formativos y de servicio comunitario.

Para Sergio Ferrer, celebrar el Día Internacional del Reggae representa la continuidad de un trabajo que comenzó hace más de dos décadas como selector musical y que tomó una nueva dimensión en 2009 con el nacimiento del proyecto Kukulkán Sonido Antisistema.

Desde entonces, ha impulsado diversas iniciativas relacionadas con la música urbana, el reggae y el hip hop, convencido de que existen públicos interesados en descubrir propuestas musicales distintas y de que la cultura puede convertirse en un punto de encuentro para las comunidades.

La realización del festival también ha significado un importante reto de organización. Ferrer reconoce que el proyecto ha salido adelante gracias a la solidaridad de artistas, colaboradores y algunos apoyos institucionales, aunque diversas gestiones con representantes populares no prosperaron. Aun así, asegura que el esfuerzo colectivo ha permitido reunir los recursos necesarios para ofrecer un evento digno y respetuoso con los músicos participantes.

Además de los conciertos, el festival busca convertirse en un espacio de intercambio cultural donde colectivos, artesanos y creadores puedan encontrarse, compartir proyectos y fortalecer una red ciudadana que continúe creciendo alrededor del arte.

Con esa visión, "Vibrando por la Paz" busca ser una plataforma permanente para demostrar que la música también puede construir comunidad y que, donde suene el reggae, puede abrirse un espacio para el diálogo, la libertad y la esperanza.

Foto: Especial.