Desmontan los mitos de la Inquisición en la Nueva España
En Persecución y modorra, Úrsula Camba Ludlow revisa los archivos del Santo Oficio para explicar cómo operaba el tribunal y rescatar las historias de las personas que quedaron atrapadas en sus procesos.
La Inquisición en la Nueva España estuvo rodeada de castigos, persecuciones y mecanismos de control religioso, pero su historia es más compleja que las imágenes populares de hogueras y torturas. En Persecución y modorra: la Inquisición en la Nueva España, la historiadora Úrsula Camba Ludlow vuelve a los documentos de la época para contrastar los mitos con los registros históricos y explicar cómo funcionó esta institución durante el periodo virreinal.
Publicado bajo el sello Grijalbo, de Penguin Random House Grupo Editorial -se encuentra a la venta en formato ebbok y físico-, el libro examina los procedimientos, la jurisdicción y la estructura burocrática del Santo Oficio, así como las diferencias entre las normas establecidas y su aplicación cotidiana. Las distancias geográficas, las disputas políticas, las dificultades económicas y las decisiones de los propios inquisidores influyeron en el desarrollo de los procesos.
Uno de los aspectos que permite dimensionar la complejidad de esta institución es la extensión de su territorio. El tribunal novohispano debía atender una jurisdicción de casi tres millones de kilómetros cuadrados, desde Nuevo México hasta regiones que hoy corresponden a Guatemala, Belice, Costa Rica y Nicaragua, además de Filipinas. Para cubrir semejante extensión, disponía de una estructura mucho más reducida que la de los tribunales inquisitoriales españoles.
Una historia que va más allá de las hogueras
Camba Ludlow cuestiona algunas de las ideas más arraigadas sobre la Inquisición. Aunque las ejecuciones formaron parte de su historia, no todas las personas acusadas fueron condenadas a morir en la hoguera. También explica que, después de la ejecución del cacique texcocano don Carlos Ometochtzin en 1539, la Corona española determinó que los indígenas quedaran fuera de la jurisdicción del Santo Oficio por delitos de fe y bajo la autoridad episcopal.
La autora también revisa la asociación entre el tribunal y los instrumentos de tortura que suelen exhibirse en museos. Muchos de estos artefactos, señala, corresponden a representaciones posteriores alimentadas por la literatura y la cultura popular, por lo que su vínculo con las prácticas históricas de la institución debe examinarse con cuidado.
Los expedientes inquisitoriales muestran, además, que las causas no se limitaron a las imágenes más conocidas de la persecución religiosa. Entre los asuntos investigados figuraban el judaísmo practicado en secreto, la herejía, la blasfemia, la bigamia, la hechicería, la solicitación y, posteriormente, la circulación de libros prohibidos. Estos casos permiten observar las distintas formas en que se intentaba vigilar la conducta y preservar la ortodoxia religiosa.
Los expedientes como ventanas a la vida cotidiana
Más allá de los procedimientos judiciales, los archivos del Santo Oficio ofrecen una aproximación a la vida de personas que dejaron pocos rastros en otras fuentes históricas. Comerciantes, artesanos, piratas, personas esclavizadas, mujeres acusadas de hechicería, funcionarios y presos aparecen en documentos que registran sus declaraciones, conflictos personales y condiciones de encierro, así como detalles de su vestimenta y alimentación.
Entre estas historias destaca la de Nicolasa de San Agustín, una mujer negra esclavizada que fue encarcelada en el siglo XVII. Su caso ilustra cómo los documentos judiciales pueden ayudar a reconstruir fragmentos de vidas que suelen quedar fuera de los relatos históricos centrados en las grandes figuras políticas y religiosas.
Con una escritura accesible y un análisis sustentado en fuentes documentales, Persecución y modorra propone acercarse al Santo Oficio sin idealizarlo ni reducirlo a una colección de imágenes aterradoras. El libro aborda una institución de persecución y control religioso, pero también un aparato burocrático atravesado por conflictos, intereses, irregularidades y decisiones humanas.
Una historiadora dedicada al periodo virreinal
Úrsula Camba Ludlow es licenciada en Historia por la Universidad Iberoamericana, y maestra y doctora en Historia por El Colegio de México. Realizó una estancia posdoctoral en el Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Sus investigaciones se centran en la historia de las mentalidades, la cultura, la sexualidad y la presencia de afrodescendientes durante el periodo virreinal. También ha publicado artículos y un libro sobre la época novohispana, además de colaborar como asesora histórica en diversas series de la televisión mexicana.
Con esta nueva publicación, Camba Ludlow invita a reconsiderar lo que se conoce sobre la Inquisición novohispana y a reconocer en sus archivos no solo los mecanismos de vigilancia y castigo, sino también testimonios que permiten comprender mejor la sociedad de aquella época.
Foto: Especial.