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Del teatro itinerante al Cervantino: Edwin Bool y el poder de jugar en escena

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A bordo del Carro de Comedias, el actor encuentra en Ubú Rey una oportunidad para llevar el teatro a públicos diversos y reivindicar la descentralización del arte.

Para Edwin Bool, formar parte del Carro de Comedias de la UNAM no fue una casualidad, sino una meta que comenzó a construir desde que descubrió el proyecto durante su formación como actor. Originario de Hermosillo, Sonora, y criado en Sinaloa, llegó a la Ciudad de México para estudiar actuación y encontró en este formato itinerante una manera de entender el teatro que coincidía con su propia visión del oficio.

“Me gusta la idea de llevar el teatro a comunidades, a espacios alternativos, a personas que no han visto teatro”, explica el actor, quien conoció el Carro de Comedias durante una función de Romeo y Julieta en la UNAM. Aquella experiencia le despertó la curiosidad por conocer quiénes eran los jóvenes que estaban sobre el remolque y cómo podían acceder a un proyecto que cada año reúne a egresados de escuelas profesionales de teatro.

Desde entonces comenzó a investigar las convocatorias y a preparar su llegada. Incluso aprendió a tocar el ukulele durante su último año de carrera, consciente de que contar con conocimientos musicales era un elemento favorable para integrarse al proyecto. La primera vez que tocó públicamente el instrumento fue, precisamente, durante su audición para el Carro de Comedias.

La convocatoria de 2025 tuvo, además, una coincidencia particular: la obra seleccionada sería Ubú Rey, de Alfred Jarry, un texto que Bool ya había trabajado durante su formación académica. “Yo lo tenía visualizado desde 2023 y estaba esperando mi momento”, recuerda. Para él, la posibilidad de reencontrarse con la obra significó trasladar aquella experiencia escolar a un contexto profesional y darle una nueva dimensión.

El montaje exige una preparación particular, sobre todo porque el escenario del Carro de Comedias no cuenta con las condiciones tradicionales de una sala teatral. En cada función, los actores deben conquistar un espacio abierto y captar la atención tanto de quienes llegan expresamente a ver la obra como de quienes simplemente pasan por el lugar.

En ese proceso, Bool destaca la importancia de la caracterización. El maquillaje, explica, funciona como una especie de máscara que transforma al intérprete y le permite habitar al personaje desde otro lugar. En su caso, la construcción vocal también resulta fundamental: utiliza una voz con gruñidos y sonidos que parten de una preparación corporal y vocal específica para evitar lesiones.

“La concentración es hacia adentro y la atención es hacia afuera”, señala.

Esa diferencia resulta esencial para trabajar en espacios públicos, donde el actor debe permanecer atento a todo lo que sucede alrededor: las personas que pasan, los vendedores, los niños, los perros y las circunstancias propias de cada plaza, explanada, escuela o universidad.

A diferencia de una sala convencional, donde la iluminación puede aislar al intérprete del público, el Carro de Comedias coloca a los actores frente a frente con los espectadores. No existe una cuarta pared rígida ni una distancia segura: público y actores comparten el mismo espacio y construyen juntos la función.

Estamos cara a cara con el público”, explica Bool. Esa cercanía genera una relación distinta, especialmente cuando su personaje provoca directamente a los espectadores. En Ubú Rey, donde interpreta a uno de los personajes que forman parte del universo de violencia, exceso y desfachatez planteado por Jarry, las reacciones pueden convertirse en parte del juego escénico.

Los niños son, para el actor, algunos de los espectadores que más intensamente participan. Hay quienes sienten miedo ante los personajes y otros que deciden responderles, incluso imitando sus gruñidos. Bool recuerda especialmente a una niña que tuvo que abandonar una función entre lágrimas, pero también a aquellos pequeños que enfrentan el miedo desde el juego.

Los perros también forman parte inesperada de la experiencia. En las funciones al aire libre, el actor ha aprendido a identificarlos como posibles “enemigos” de su personaje, pues algunos reaccionan ante la caracterización o ante la interacción con sus dueños. Son situaciones que obligan al elenco a mantener una atención constante sin perder el hilo de la representación.

La diversidad de públicos es precisamente uno de los grandes aprendizajes que Bool encuentra en el recorrido del Carro de Comedias. Las funciones en distintos estados del país le han permitido comprobar que no existe una sola manera de acercarse al teatro. En Monterrey, por ejemplo, recuerda la respuesta entusiasta de los espectadores, que llegaron incluso a aplaudir entre escenas.

Uno de los públicos que más le ha sorprendido es el juvenil. Frente a la idea recurrente de que los jóvenes son espectadores difíciles, el elenco ha encontrado una respuesta positiva ante Ubú Rey, una obra cuyo lenguaje irreverente permite aproximarse a temas complejos desde el juego, el humor y la provocación.

En una función realizada en una preparatoria, originalmente dirigida a personal administrativo y docente, los estudiantes comenzaron a acercarse hasta llenar el espacio destinado a observar la obra. Para Bool, aquella escena confirmó la capacidad del teatro para generar curiosidad incluso entre quienes no tenían contemplado asistir.

El recorrido también le ha permitido reconocer las diferencias culturales que existen dentro de México. De Tabasco a Monterrey, pasando por Cuernavaca y el Estado de México, cada público tiene formas distintas de reaccionar y participar. Mientras en el Centro Cultural Universitario existe una audiencia que conoce y sigue el proyecto desde hace años, en otros lugares aparecen espectadores que tienen poco contacto con el teatro.

Esa diversidad conecta con una de las razones por las que Bool decidió buscar su lugar en el Carro de Comedias: la descentralización del arte. Como actor proveniente del norte del país, considera que el acceso a determinadas propuestas culturales sigue siendo más complicado para quienes viven lejos de los grandes centros de producción artística.

Por ello, su llegada al Festival Internacional Cervantino adquiere un significado especial. El Carro de Comedias se presentará el 10 y 11 de octubre como parte de uno de los encuentros culturales más importantes del país, y para Bool será también su primer acercamiento al festival como artista. Pero antes se presentarán en la 32ª edición, el Festival Internacional de Teatro Universitario (FITU) y en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILUNI).

“Como que no me ha quedado el veinte todavía”, reconoce entre emoción y asombro. Apenas en su primer proyecto profesional después de egresar, el actor tendrá la oportunidad de llevar Ubú Rey a un festival de dimensión internacional.

Más allá del prestigio que representa formar parte del Cervantino, Bool encuentra en esta participación una extensión natural de la filosofía del Carro de Comedias: llevar el teatro a otros lugares y encontrarse con espectadores diversos. Para un actor que llegó al proyecto precisamente por su deseo de acercar las artes escénicas a comunidades y espacios alternativos, el viaje a Guanajuato representa una confirmación de ese camino.

Y aunque el Cervantino constituye uno de los momentos más importantes de su primer año profesional, Bool ya piensa en las experiencias que vendrán. Destaca el trabajo colectivo del elenco y del equipo de producción, al que define como un “equipazo”, y celebra vivir este proceso junto con sus compañeros.

Después de recorrer plazas, escuelas y universidades, el actor también ha llegado a una reflexión más profunda sobre su oficio. Para él, ser actor no consiste únicamente en interpretar un personaje o simular una emoción, sino en asumir la responsabilidad de representar al otro.

“Ser actor para mí es una responsabilidad gigantesca”, afirma.

Su concepción del escenario está vinculada con la preparación, las convicciones y la conciencia de que cada representación tiene consecuencias. Recupera así una enseñanza de su formación: “El escenario es político”.

En esa perspectiva, actuar implica mucho más que “hacer como que”. Se trata, dice, de llegar al escenario con verdad, responsabilidad y compasión. El juego que descubrió desde niño —esa posibilidad de convertirse en otro y contar historias— se transformó con los años en un oficio.

Ahora ese juego lo lleva por el país a bordo de un remolque convertido en escenario y, este año, hasta Guanajuato. Con Ubú Rey, Edwin Bool encuentra en el Carro de Comedias un espacio donde su vocación por el teatro itinerante, su interés por descentralizar el arte y su deseo de encontrarse con públicos distintos convergen en una misma experiencia: hacer del escenario un lugar abierto para todos.A bordo del Carro de Comedias, el actor encuentra en Ubú Rey una oportunidad para llevar el teatro a públicos diversos y reivindicar la descentralización del arte.

Foto: Cortesía | Teatro UNAM | Ulises Ávila