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Astrid Paola Chavelas explora el desplazamiento y la violencia en Estado de latencia

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Presentó su poemario en el Bar del Puerto y reflexionó sobre la memoria familiar, el desplazamiento forzado y las múltiples violencias que atraviesan Acapulco y la montaña de Guerrero.

La noche del sábado 18 de julio, el Bar del Puerto fue sede de la presentación de “Estado de latencia”, el libro de la escritora Astrid Paola Chavelas, en una conversación con la autora Karhel García que permitió recorrer los temas centrales de un poemario construido desde la memoria familiar, el desplazamiento, la violencia y la reflexión sobre el territorio.

Karhel García destacó que el libro surge también del diálogo constante con otras voces. Al final del volumen, Chavelas reconoce las conversaciones sostenidas con autoras y autores como John Berger, Jesús Bartolo, Elisa Díaz Castelo —de quien retoma la palabra "latencia" para uno de los epígrafes—, además del acompañamiento de distintas personas que han marcado su proceso creativo.

La autora explicó que comenzó escribiendo cuento y que la poesía apareció primero como una práctica de lectura. Cuando decidió escribir textos poéticos descubrió que el género era, sobre todo, un espacio de conversación con quienes antes habían pensado preocupaciones similares.

Ese diálogo le permitió encontrar imágenes capaces de expresar experiencias difíciles de nombrar, como la sensación de vivir en Acapulco. Una de ellas proviene de John Berger y se sintetiza en la frase: "Quiero ir a casa, pero mi casa es la boca de un tiburón", metáfora que atraviesa buena parte del libro y que, según explicó, refleja la complejidad de permanecer en un lugar profundamente amado y, al mismo tiempo, marcado por distintas formas de violencia.

Durante la presentación leyó algunos poemas de la primera sección del libro, donde reconstruye la historia de su abuela y el desplazamiento de una familia originaria de la montaña de Guerrero hacia Acapulco. En esos versos aparecen los caminos de tierra, la memoria de Chilapa, el trabajo cotidiano, la maternidad, la añoranza por la casa de origen y los alimentos que forman parte de esa identidad familiar.

La escritora reconoció que Estado de latencia es el primer libro de poesía que realmente siente haber escrito, aunque paradójicamente sea el segundo que publica. A diferencia de su primer volumen, explicó, este fue un proceso mucho más largo, marcado por una búsqueda constante del lenguaje y una mayor maduración poética.

Uno de los ejes de la conversación giró en torno a la representación de la violencia. Karhel García subrayó que el libro evita el impacto fácil y el morbo, privilegiando las consecuencias cotidianas que dejan las desapariciones, los desplazamientos y las ausencias en quienes permanecen.

Chavelas explicó que siempre le ha resultado conflictiva la imagen con la que suele representarse Acapulco. Considera que sobre el puerto pesa una enorme carga política, económica y simbólica que ha construido una postal turística ajena a la experiencia de quienes realmente habitan la ciudad. Su escritura, afirmó, intenta responder precisamente a esa distancia entre la imagen oficial y la vida cotidiana.

La autora recordó que muchas de las representaciones visuales de la violencia terminan reproduciendo la revictimización, especialmente desde los medios amarillistas. En ese sentido, el libro cuestiona el uso de la imagen como espectáculo y propone mirar la violencia desde la experiencia de quienes continúan viviendo sus consecuencias.

También habló sobre el origen autobiográfico del poemario. Explicó que la primera parte nace del diálogo con la historia de su propia abuela, pero el libro encuentra su verdadera dimensión cuando esa conversación íntima comienza a interpelar a otras personas y a otros territorios. En ese momento, señaló, deja de ser únicamente una historia familiar para convertirse en una reflexión colectiva sobre la memoria y el desarraigo.

Durante el diálogo con el público surgieron preguntas sobre el desplazamiento forzado y la manera en que éste aparece en el libro. Chavelas explicó que las tres secciones del poemario abordan distintas formas de desplazamiento y que su interés proviene también de su formación académica, donde comprendió que los procesos migratorios responden a dinámicas económicas y sociales mucho más amplias que una decisión individual.

Recordó que en 2014 dejó Acapulco después de experimentar directamente la violencia en el puerto. Permaneció fuera durante más de una década y esa distancia le permitió mirar de otra manera la historia de su familia y comenzar a preguntarse por las causas profundas de esos desplazamientos que han marcado a varias generaciones.

Aunque el libro se concentra en la violencia, insistió en que esa no es la única realidad de Acapulco. La propia presentación era prueba de ello: un encuentro sostenido gracias al afecto, la amistad, las redes comunitarias y el acompañamiento entre creadoras y creadores. Sin embargo, considera indispensable seguir nombrando aquello que suele permanecer oculto.

"Hay que hablar de lo bonito", reconoció, "pero también de lo difícil".

Para la autora, resulta imposible ignorar las desapariciones, las madres buscadoras o las miles de personas cuyo paradero continúa sin conocerse. Esas ausencias forman parte de la experiencia cotidiana del puerto y también de la escritura.

Al cierre de la presentación, Chavelas agradeció el respaldo que ha recibido del Fondo Editorial Municipal, al señalar que para escritoras y escritores cuyo capital cultural no proviene de los circuitos tradicionales de publicación, este tipo de convocatorias representan una oportunidad fundamental para compartir su trabajo con lectores. También expresó su gratitud al público que asistió al encuentro y a todas las personas que han acompañado el largo proceso de escritura de Estado de latencia.

Foto: Especial.