Arturo de Dios Palma llama a romper el silencio frente a la violencia y las desapariciones forzadas
El periodista participó en la jornada contra la desaparición forzada, donde planteó una reflexión sobre el terrorismo de Estado, el despojo territorial y el papel de la sociedad frente a la crisis de derechos humanos en México.
En el espacio cultural Nido de Ratas, en Acapulco, el periodista Arturo de Dios Palma participó en la jornada contra la desaparición forzada organizada en solidaridad con AFADEM y el Museo de la Memoria "La Silla Vacía" de Atoyac, Guerrero, con una intervención en la que analizó la violencia contemporánea como un mecanismo de control político, económico y social.
Frente a familiares de personas desaparecidas, activistas, artistas y público en general, el reportero sostuvo que la crisis que vive el país no puede entenderse únicamente como un problema de delincuencia organizada, sino como parte de una estructura donde convergen intereses políticos, económicos, militares y criminales.
"Estamos en un proyecto político, militar, económico y criminal que nos quiere quebrar, nos quiere someter", afirmó.
Durante su participación cuestionó la idea de que las organizaciones criminales operen de manera independiente del Estado y propuso reflexionar sobre los vínculos entre distintos actores del poder.
"Cada vez me convenzo más de que esas organizaciones forman parte del Estado. Ahí están involucrados políticos, empresarios, militares y grupos criminales que se benefician de la violencia."
El periodista señaló que las formas de represión han cambiado desde la llamada Guerra Sucia, pero conservan un mismo objetivo: controlar a la población mediante el miedo.
Explicó que actualmente la violencia funciona como una herramienta para facilitar el despojo de territorios ricos en recursos naturales como minerales, madera y agua.
"El verdadero negocio ya no es únicamente el tráfico de drogas. Lo que está en disputa es el oro, la madera y el agua. Para apropiarse de esos territorios necesitan desplazar a las comunidades, silenciarlas y sembrar terror."
Como ejemplo, mencionó el corredor minero de Guerrero, conocido como el cinturón dorado, donde —dijo— coinciden proyectos extractivos con altos índices de desplazamiento forzado, asesinatos, desapariciones y una fuerte presencia militar.
A partir de su experiencia como periodista en Chilapa, recordó la transformación que vivió ese municipio durante los años de mayor violencia.
Relató que pasó de ser una ciudad donde la población se manifestaba públicamente a un lugar donde la gente dejó de protestar incluso por problemas cotidianos como la falta de agua o la acumulación de basura.
"El silencio también es una consecuencia del terror."
Para Arturo de Dios Palma, la violencia que atraviesa el país constituye una estrategia de control social.
"La violencia no es el fin; es el método para mantenernos paralizados y sometidos."
En ese contexto, sostuvo que las desapariciones forzadas tienen un efecto que trasciende a las víctimas directas, pues destruyen el tejido familiar y comunitario.
"No desaparece solamente una persona; quedan familias enteras viviendo una tortura permanente."
El periodista calificó esta situación como una forma de terrorismo de Estado y advirtió que el miedo ha provocado procesos de autocensura tanto entre periodistas como entre la ciudadanía.
"Si hablar es peligroso, callarnos también lo es. El silencio ha permitido que nos sigan ganando terreno."
Durante su intervención reconoció la labor de los colectivos de búsqueda, particularmente de las madres que recorren el país buscando a sus hijos desaparecidos.
Afirmó que representan una de las expresiones más dignas de resistencia en México.
"No hay una lucha más pura que la de una madre buscando a su hijo. Esa lucha sintetiza el dolor, pero también la dignidad del país."
Finalmente, hizo un llamado a periodistas y ciudadanos a cuestionar los discursos oficiales que reducen toda la violencia a disputas entre grupos criminales, pues consideró que reproducir esas narrativas contribuye a normalizar las desapariciones, los asesinatos y los desplazamientos forzados.
"Tenemos que desarticular esas versiones constantemente. No podemos seguir aceptando explicaciones simplificadas cuando detrás de la violencia existen intereses económicos y políticos mucho más profundos."
La participación de Arturo de Dios Palma formó parte de una jornada que reunió en Acapulco a familiares de personas desaparecidas, artistas, periodistas, investigadores y activistas para reflexionar sobre la memoria, la justicia y la necesidad de mantener viva la exigencia de verdad frente a una crisis de derechos humanos que continúa afectando al país.
Foto: Miguel Benítez.