Saberes sobre hongos resisten al avance urbano en Xochimilco
Investigación de la UAM destaca su valor alimentario, cultural y ecológico frente a la expansión del concreto en la Ciudad de México
El conocimiento tradicional sobre hongos silvestres en comunidades originarias de Xochimilco persiste como una forma de resistencia cultural frente al crecimiento urbano de la Ciudad de México, señalaron especialistas durante la quinta sesión del Seminario de Etnobiología, Ambiente, cultura y sociedad, organizado por el Laboratorio de Etnobiología de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa.
En la ponencia Los hongos silvestres como resistencia cultural ante el avance del concreto de la Ciudad de México, el biólogo Ángel García López, pasante de la Maestría en Biología, presentó resultados de un estudio realizado en el pueblo de San Francisco Tlalnepantla, uno de los barrios originarios de Xochimilco, donde se mantienen saberes ancestrales vinculados con la identificación, recolección y consumo de estos organismos.
La investigación, asesorada por la doctora Beatriz Rendón Aguilar, de la UAM, y el doctor Roberto Garibay Orijel, del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México, incluyó cuatro técnicas de muestreo ecológico y la realización de 72 entrevistas con habitantes de la comunidad.
Los datos recabados muestran que el 2.7 por ciento de los entrevistados aún conserva el uso del náhuatl; 59.7 por ciento son hombres y 40.28 por ciento mujeres. La mayoría se dedica a labores campesinas o a brigadas comunitarias, mientras que 1.3 por ciento se identifica como curandero.
En el registro etnobiológico se documentaron 69 nombres tradicionales de hongos conocidos en la zona, de los cuales 35 corresponden a variedades comestibles, seis a especies tóxicas, dos con posibles usos medicinales, dos con potencial alucinógeno y cinco sin aprovechamiento identificado.
El principal uso de estos recursos en la comunidad es alimentario. Entre las especies más reconocidas se encuentran el clavito, la pancita y la escobetilla. Su identificación se basa en características morfológicas, textura y, en algunos casos, en el entorno donde crecen, como ocurre con el hongo de jarilla o el de maguey.
El estudio también reveló diferencias generacionales en el conocimiento: los niños identifican ocho nombres de hongos, los jóvenes 20, los adultos 29 y los adultos mayores hasta 34. El clavito destaca como la especie más relevante, tanto por su valor nutricional como por su papel en la transmisión de recetas y técnicas de preparación entre generaciones.
Durante el trabajo de campo se registraron 7,399 esporomas, a partir de los cuales se identificaron 36 organismos de macromicetos pertenecientes a dos filos: Ascomycota y Basidiomycota.
Entre los hallazgos destaca la identificación de 19 nuevos registros para la Ciudad de México, entre ellos el llamado hongo de maguey, que carecía de clasificación biológica previa. Este ejemplar enfrenta riesgo de desaparición debido a la deforestación de magueyes en la región.
El investigador explicó que algunas variedades requieren estudios adicionales mediante microscopía electrónica de barrido, ya que la forma y ornamentación de sus esporas son elementos clave para su registro taxonómico.
Ante la disminución de estos recursos biológicos, la comunidad ha solicitado apoyo para impulsar su cultivo y reproducción, lo que permitiría desarrollar una nueva etapa del proyecto. Los especialistas advirtieron que la deforestación y la expansión urbana representan una amenaza directa para estos recursos bioculturales, cuya preservación resulta fundamental para mantener la diversidad ecológica y las tradiciones alimentarias de los pueblos originarios de Xochimilco.
Con información de Silvia Hernández García.
Foto: Especial.