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Óscar de la Borbolla dinamita la realidad: humor, ucronías y crítica mediática en un solo volumen

oscardelaborbolla

“Instrucciones para destruir la realidad” y “Asalto al infierno y otras aventuras” reúnen más de una década de textos que cuestionan cómo creemos lo que leemos

En un tiempo donde la información circula con vértigo y las certezas parecen cada vez más frágiles, el escritor Óscar de la Borbolla propone una lectura incómoda y divertida a la vez: poner en duda la realidad misma. Sus libros Instrucciones para destruir la realidad y Asalto al infierno y otras aventuras, reunidos en un solo volumen publicado por el Fondo de Cultura Económica, condensan más de diez años de escritura periodística donde la ficción se disfraza de noticia.

“Se trata de un libro gordo que reúne escritos raros”, explica el autor.

Durante años publicó columnas en distintos medios donde inventaba historias con apariencia de reportaje: desde una estación de radio que transmitía por ondas telepáticas hasta armas que disparaban proyectiles de hielo imposibles de rastrear en una autopsia. En entrevista con Página Zero nos comenta lo siguiente: 

La mentira como método

Lejos de ser simples ocurrencias, estas “mentiras extrañas” —como él mismo las llama— provocaron polémica real. “Había semanas en que publicaba cinco o seis entregas. Fue un trabajo muy extenso”, recuerda. El impacto fue tal que algunos textos generaron debates públicos, como aquel en el que describía una civilización de 18 mil años oculta bajo el Templo Mayor.

“El escándalo fue enorme. Incluso una autoridad histórica tuvo que desmentirme. Yo respondí con ironía… y la polémica duró seis meses”, cuenta entre risas.

Destruir la realidad… para entenderla

El título Instrucciones para destruir la realidad no es casual. Para el autor, la realidad que consumimos está mediada —y muchas veces deformada— por los sistemas de información.

“Descubrí el poder que tienen los medios para hacernos creer cosas completamente inverosímiles. Hoy eso se ha multiplicado con las redes sociales: los algoritmos nos encierran en espejos donde todo confirma lo que pensamos”, advierte.

Por ello, su propuesta no es destruir la realidad en sentido literal, sino desmontar sus mecanismos: “Espero que el lector adquiera un sentido crítico, que salga vacunado contra la manipulación”.

Ucronías, humor y filosofía

Formado como filósofo y profesor durante décadas, de la Borbolla reconoce la influencia de autores como Voltaire, quien utilizaba el humor como herramienta crítica. “Yo también empleo el humor para desmontar certezas. Es una forma muy eficaz de cuestionar lo que parece intocable”, afirma.

Sus textos, que él denomina “ucronías”, simulan géneros periodísticos —entrevista, reportaje, columna— para narrar situaciones absurdas con total verosimilitud: un polígamo con siete esposas felices, un termómetro erótico que mide el deseo en “grados Reyes” o entrevistas a personajes inexistentes que convencen incluso a lectores atentos.

Un libro entre la risa y la sospecha

El volumen reúne cerca de cien historias seleccionadas de entre más de mil textos escritos a lo largo de los años. “Dejé fuera el 90 por ciento. Revisé, pulí y reescribí muchos para darles mayor fuerza literaria”, explica.

Además, el autor introduce un alter ego que recorre los textos, mezclando elementos autobiográficos con exageraciones delirantes. “Es un narrador más pícaro que yo, más Don Juan. Eso le da un tono entrañable y divertido”.

Leer para no ser engañados

Más allá del humor, el objetivo es claro: alertar sobre la facilidad con la que se construyen narrativas creíbles, incluso cuando son falsas.

“Uno se da cuenta de lo fácil que es caer preso de una historia bien contada. Y eso pasa todos los días: con la política, la publicidad, las noticias”, señala.

Para de la Borbolla, su libro funciona como un antídoto: “Ojalá que después de leerlo, la gente mire el mundo con más juicio, que no sea tan fácil de engañar”.

En un entorno saturado de información, donde la verdad compite con la ficción en igualdad de condiciones, sus páginas invitan a una práctica urgente: dudar. Y, en el proceso, redescubrir que la realidad —quizá— siempre ha sido una construcción narrativa.

Foto: Miguel Benítez.