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La protesta toma la palabra en la FeBiT con la lectura de Nada es lo que parece

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Everardo Martínez Paco presentó cuentos y minificciones que abordan desaparición, violencia, migración y memoria durante una lectura de obra en la Feria de la Bibliodiversidad Tlatelolco

La Feria de la Bibliodiversidad Tlatelolco (FeBiT) abrió un espacio para la literatura de denuncia con la lectura de obra de Nada es lo que parece. Cuentos y minificciones de protesta, del escritor guerrerense Everardo Martínez Paco, quien convirtió la palabra en testimonio, memoria y cuestionamiento colectivo frente a una audiencia que siguió en silencio cada relato.

En una sesión marcada por la intensidad de los textos, el autor, conocido también como Perro Rabioso, compartió fragmentos de una obra que nace desde la reflexión antropológica, la experiencia territorial y una mirada crítica hacia las estructuras de violencia que atraviesan México y otras regiones del mundo.

“Propuse una lectura de protestas, contextos de protesta, contextos que tuvieran que ver con lo que vivimos, no solamente en México. Muchas veces pensamos que ciertos problemas son exclusivos de este país, pero son estructuras que se repiten en Latinoamérica, en partes de Europa, África y Asia. La idea es construir cuentos y minificciones que permitan empatizar con esas realidades”, expresó.

Martínez Paco explicó que su escritura responde a una necesidad de observar el presente desde una perspectiva humana. Antropólogo social, maestro en humanidades y doctorando en la misma disciplina, señaló que su formación académica ha moldeado su aproximación literaria.

“Cuando hacemos etnografía se nos enseña a mirar al otro sin juicio, a describir, a entender cómo piensa, qué siente, qué vive. Cuando escribo literatura trato de habitar ese lugar, construir al personaje desde todo su universo”, comentó.

La lectura abrió con “Renuncia”, relato incluido en su libro Elemento, donde un antropólogo forense presenta su dimisión tras encontrar entre restos humanos un carrito de juguete que reconoce como el regalo que dio a su hijo desaparecido. El texto trazó uno de los ejes centrales de la sesión: la desaparición forzada y sus resonancias íntimas.

El autor compartió que muchos de estos relatos nacen desde su experiencia como originario de Iguala, Guerrero, territorio que marcó su escritura tras los hechos de septiembre de 2014.

“Yo crecí en Iguala porque mis padres pensaron que era un lugar donde podía crecer en paz. Así fue durante muchos años. Luego pasó lo que todos conocemos. Después me fui, estudié, trabajé, protesté, y muchas veces pensé que me habría gustado hacer más por Guerrero”, relató antes de leer la minificción Guerrero: “La fosa clandestina donde reposan mis sueños y esperanzas”.

El peso de la violencia estructural apareció en relatos como Dormir, donde un vigilante de una casa de seguridad revela la imposibilidad del descanso mientras escucha los gritos de quienes permanecen secuestrados. También en Extraviado, pieza que retrata la ausencia de duelo en los hogares de personas desaparecidas: “En su casa siguen esperando su regreso”.

Uno de los momentos de mayor carga emocional llegó con la lectura de Escondite, texto escrito desde la voz de quien busca a un ser querido entre cuarteles, barrancas, ríos y basureros.

“Siempre me pregunté qué pasa con quienes se quedan. Se habla del desaparecido, pero también está la madre buscadora, el padre, los hermanos, quienes regresan cada día a una casa marcada por un cuarto vacío”, explicó.

La memoria de carretera apareció en Zapatos, relato inspirado en los pares abandonados sobre autopistas guerrerenses, convertidos en símbolo de muerte e incertidumbre. El texto dio paso a una reflexión sobre cómo el territorio guarda huellas que muchas veces pasan inadvertidas.

“Una vez íbamos por la carretera federal de Iguala a Chilpancingo y comenzamos a contar cruces. Pensamos que serían tres o cuatro. Contamos más de veinte. Ahí entendí que esos signos son parte de un mapa del dolor”, dijo.

La migración fue abordada en Cuervo y Sobre la playa, piezas que reconstruyen trayectos marcados por el desarraigo y la muerte. En la primera, el autor retomó el testimonio de una migrante que recordó haber visto zopilotes girando sobre su grupo cuando cruzaba el desierto rumbo a Estados Unidos.

Otro eje de la lectura fue la crítica política. Martínez Paco sostuvo una postura frontal frente a la violencia normalizada y la indiferencia institucional.

“No puedo estar del lado de quien observa una violencia creciente y no actúa. Hay comunidades bombardeadas, hay desapariciones, hay dolor acumulado. La escritura tiene que nombrar eso”, expresó antes de leer Trampa, minificción que utiliza el diálogo rural para cuestionar prácticas clientelares.

La sesión también abrió espacio para hablar de matrimonios forzados en comunidades del sur del país. El relato Agria retrató la voz de una niña entregada como parte de un acuerdo familiar, una pieza que incomodó por su cercanía con prácticas aún vigentes.

Hacia el cierre, el autor leyó Memoriza, texto que retrata cómo familias y amistades registran la ropa de sus seres queridos como un acto preventivo frente a la posibilidad de desaparición.

“Nos inventamos mecanismos para sobrevivir. Compartimos ubicación en tiempo real, pedimos mensajes de llegada, memorizamos detalles. Eso habla del país que estamos habitando”, señaló.

Con la voz entrecortada, Martínez Paco reconoció el desgaste emocional que implica regresar a estos temas.

“Tenía tiempo sin leer textos de protesta. Recordé por qué estas lecturas me dejan exhausto. Son heridas que siguen abiertas”.

La presentación de Nada es lo que parece confirmó el lugar de la literatura como espacio de resistencia y memoria. En la FeBiT, cada minificción operó como una grieta sobre el silencio, una interpelación lanzada hacia quienes escuchaban, una invitación a mirar de frente aquello que muchas veces se busca apartar de la conversación pública.

Foto: Especial.