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La distancia también se hereda: Nonantzin lleva al teatro las ausencias familiares

Colectiva_Nonantzin

La colectiva tlaxcalteca presenta una obra que aborda la migración laboral, la maternidad y las desigualdades que obligan a las mujeres a dejar sus familias para salir adelante.

Las ausencias familiares, la migración laboral y las historias de mujeres que deben alejarse de sus hogares para garantizar el sustento de sus familias atraviesan Nonantzin, lejos de su hogar, propuesta escénica de la Colectiva Nonantzin, agrupación originaria de Tlaxcala que lleva a Guerrero una reflexión sobre las desigualdades de género y las condiciones que enfrentan quienes dejan su lugar de origen para trabajar.

La directora, actriz y escritora Laura Ivone Méndez Hernández explicó que el origen de la puesta en escena está relacionado con una experiencia personal: la ausencia de su madre, quien tuvo que trasladarse a otro estado para trabajar. Durante ese periodo, ella y su hermano enfrentaron dificultades relacionadas con la crianza y la falta de acompañamiento de sus padres. Aquella vivencia la llevó a reconocer que no se trataba de una situación aislada, sino de una realidad compartida por numerosas familias.

Al investigar el fenómeno, Ivone identificó que Tlaxcala se encuentra entre las entidades con mayor migración de mujeres hacia otros estados para desempeñarse como trabajadoras del hogar. A partir de esa realidad construyó una historia que recupera las experiencias de quienes abandonan sus comunidades para conseguir ingresos, pero también dejan atrás momentos importantes de la vida familiar.

En la obra aparece Mashibu, un personaje místico cuyo nombre significa hoja de árbol, creado desde la imaginación de Ivone y su relación con la naturaleza. Esta figura transita entre distintas dimensiones y conecta las historias de mujeres de diferentes generaciones que han experimentado desigualdades de género. A través de su espiritualidad y su vínculo con los elementos naturales, invita a observar al otro y a recuperar la conexión con la madre naturaleza.

Para la directora, este primer trabajo unipersonal también representa su debut como directora de escena. En él transforma experiencias de abandono, nostalgia y ausencia en reflexiones sobre la resiliencia, la resistencia y la posibilidad de reencontrar un lugar al cual pertenecer. La memoria, señala, permite reconocer lo que fuimos, aceptar lo que somos y mantener presentes a quienes se encuentran lejos.

Por su parte, Francisca Hernández Aguilar, integrante de la colectiva, quien colabora como asistente de audio y participa en el montaje coreográfico y escenográfico, explicó que la obra cuestiona la responsabilidad que históricamente se ha depositado en las mujeres para asumir simultáneamente los papeles de madre y padre, especialmente cuando las circunstancias económicas las obligan a salir de casa.

La propuesta pone sobre la mesa una contradicción dolorosa: permanecer en el hogar puede significar no tener los recursos para sostener a los hijos, mientras que salir a trabajar implica enfrentar la distancia, la ausencia y el crecimiento de los niños sin su presencia cotidiana. Se trata de una carga emocional y física que, de acuerdo con Hernández Aguilar, se reproduce de generación en generación.

La obra busca que el público reconozca el desgaste que representan estas experiencias y reflexione sobre la necesidad de compartir las responsabilidades de crianza. Aunque las mujeres encuentran formas de salir adelante, la colectiva plantea que no debería recaer exclusivamente en ellas el peso de sostener a sus familias.

En tanto, Itzel Palestina, artista visual e integrante de la colectiva, quien participa en la iluminación y el registro fotográfico del circuito, destacó que la propuesta aborda las violencias estructurales que obligan a muchas mujeres a sostener económicamente sus hogares mientras se alejan de ellos. También cuestiona las condiciones de precariedad laboral, los salarios insuficientes y las jornadas que dificultan el derecho a una vida familiar.

Palestina señaló que las experiencias personales constituyen el punto de partida del proceso creativo de Nonantzin. La maternidad, la migración, las pérdidas, las ausencias y los vínculos familiares se convierten en relatos colectivos que buscan generar diálogo con otras mujeres y con el público. Asimismo, destacó la importancia de que las creadoras ocupen espacios dentro de las artes escénicas para construir sus propias narrativas, tomar decisiones y fortalecer procesos artísticos colectivos.

La integrante también celebró que la agrupación haya sido seleccionada para el Circuito Nacional de Artes Escénicas en Espacios Independientes 2026, pues representa la oportunidad de llevar una historia surgida en Tlaxcala a otras regiones del país. Explicó que, aunque las experiencias narradas parten de un contexto específico, se repiten en distintos territorios y muchas personas reconocen en ellas las historias de sus madres, abuelas, amigas o vecinas.

La respuesta del público en Chilpancingo confirmó esa conexión. Después de una primera función en el Foro de la Mancha, mujeres se acercaron a compartir abrazos y expresar que se habían identificado con las situaciones representadas en escena. Para Ivone Méndez, ese encuentro demuestra que el teatro puede convertirse en un espacio de reconciliación, acompañamiento y reconocimiento mutuo.

La directora también hizo énfasis en la pertinencia de llevar esta reflexión a Acapulco, una ciudad turística que recibe trabajadores de distintas regiones de Guerrero. Consideró necesario generar conciencia entre quienes ofrecen empleos sobre las condiciones de vida de las personas que trabajan en hogares, empresas, industrias y otros sectores, muchas de las cuales tienen familias que esperan su regreso.

En ese sentido, la puesta en escena también plantea un llamado a combatir la discriminación y defender los derechos laborales, particularmente de quienes enfrentan desigualdad económica y sociocultural, así como de las comunidades rurales, indígenas y semiurbanas.

Más allá de contar una historia sobre la separación familiar, Estar lejos del hogar busca abrir una conversación sobre las condiciones que provocan esas ausencias y la responsabilidad colectiva de transformarlas. Para la Colectiva Nonantzin, llevar estas historias a otros escenarios también significa fortalecer los espacios independientes y demostrar que el teatro puede generar encuentros entre experiencias que, aunque ocurren en distintas geografías, comparten profundas similitudes.

Foto: Especial.