La costa grande llega a Chilpancingo con “Mala resina” de Paul Medrano
El libro de cuentos fue presentado en Le Café, en el Hotel Cardeña, con comentarios de Diana Laura García y David Espino, quienes destacaron el rescate del habla y la vida cotidiana de Guerrero
El escritor Paul Medrano presentó en Chilpancingo su libro de cuentos Mala resina, obtuvo el Premio Nacional de Cuento José Alvarado 2024, que fue publicado por la Editorial de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Una obra que recoge voces, paisajes y experiencias de la Costa Grande de Guerrero. La actividad se realizó en Le Café, ubicado en el Hotel Cardeña, en el centro de la ciudad, y contó con los comentarios de Diana Laura y David Espino.
Durante el encuentro literario, los participantes reflexionaron sobre el valor del lenguaje regional, la tradición oral y la manera en que la narrativa puede capturar la vida cotidiana de los pueblos costeños.
El lenguaje como respiración de la costa
La comentarista Diana Laura García abrió la presentación con un texto crítico en el que destacó la manera en que Mala resina convierte el habla popular en materia literaria.
Recordó que conoció a Paul Medrano en Atoyac durante una presentación de los escritores Bartolo y Ángel Carlos, experiencia que la motivó a preparar un análisis sobre el libro.
Según explicó, la obra rescata regionalismos y expresiones propias de los pueblos de Guerrero que muchas veces han sido considerados “incorrectos” dentro del español formal.
“Estas palabras han sido catalogadas como algo desafortunado en nuestra lengua, cuando en realidad son nuestra esencia”, afirmó.
En su lectura, el lenguaje de Medrano no intenta domesticar la oralidad ni ajustarla a una norma literaria. Por el contrario, deja que fluya con su propia textura.
“En Mala resina el lenguaje no sólo nombra el mundo, lo respira y lo deja adherido a la piel, como un calor que no se disipa”, señaló.
Diana Laura explicó que los cuentos avanzan con una calma aparente: escenas cotidianas, personajes que parecen inmóviles en su entorno y situaciones que se desarrollan sin grandes estridencias narrativas. Sin embargo, bajo esa superficie se instala una tensión que transforma la percepción del lector.
“Lo que cambia no es necesariamente la acción, sino la mirada. Un gesto se prolonga más de lo habitual, una pausa pesa más de lo que debería, y ahí el relato encuentra su intensidad”.
También subrayó la presencia constante del cuerpo y del entorno costeño, no como simples elementos decorativos, sino como parte esencial de la atmósfera narrativa.
“El entorno no aparece como paisaje, sino como una atmósfera que atraviesa todo. Hay calor, lentitud, una sensación de algo que se acumula sin terminar de estallar”.
A su juicio, la fuerza del libro reside precisamente en esa forma de sostener las historias sin cerrarlas del todo.
“Mala resina no busca resolver los relatos. Los deja en un punto donde siguen respirando”, concluyó.
Historias donde la vida y la muerte conviven
El escritor David Espino compartió un comentario breve pero enfático sobre el libro, al que definió como un retrato profundo de la cosmovisión costeña.
Para Espino, Mala resina no es únicamente una colección de diez cuentos ambientados en la Costa Grande, sino una exploración de la identidad cultural que se expresa a través del lenguaje.
“El idioma nos identifica y nos define”, señaló. “No me refiero sólo al español que hablamos, sino al idioma que le da identidad y sentido de vida a una comunidad”.
En su intervención explicó que la relación con la muerte cambia dependiendo del lugar y la cultura: el costeño suele enfrentarla con humor, mientras que otros contextos la viven con solemnidad o resignación.
Esa mirada aparece en los cuentos del libro, donde la muerte es un hilo temático recurrente que se entrelaza con historias cotidianas, supersticiones, accidentes, amores y conflictos familiares.
Espino destacó también la tradición oral que subyace en la narrativa de Medrano.
“Mucho de lo que aparece en estos relatos parece provenir de historias escuchadas en los pueblos, en las conversaciones cotidianas, en las ocurrencias de la gente”.
Para el comentarista, esa herencia oral se convierte en el motor narrativo de Mala resina, donde la crudeza, el humor y la vida diaria conviven sin filtros.
“Por donde se empiece el libro, el lector se encuentra con un relato suculento”, afirmó.
Rescatar el idioma de los afectos
El autor Paul Medrano agradeció la presencia del público y reflexionó sobre el origen del libro y su interés por rescatar el lenguaje cotidiano de la costa.
Recordó una idea atribuida a un escritor argentino: “la verdadera patria de un escritor es su librero”. A partir de esa reflexión, propuso otra mirada.
“Creo que la verdadera identidad de una persona es su idioma”, dijo.
Para Medrano, ese idioma no se refiere únicamente al español general, sino a la forma particular en que las personas hablan con sus amigos, su familia o su comunidad.
“En México hay muchos ‘españoles’. Cada región tiene su manera de hablar: en Chilpancingo, en la Costa Grande, en la Montaña, en Iguala. Ninguno es más que otro”.
El escritor explicó que la idea de Mala resina surgió de su deseo de rescatar esa oralidad, muchas veces despreciada o caricaturizada, especialmente cuando se habla del habla costeña. Para lograrlo, comenzó a recopilar palabras y expresiones escuchadas en mercados, calles o conversaciones cotidianas.
“Voy guardando palabras en mi celular: frases que escucho en el mercado o en la fila de las tortillas. Ese fue mi pequeño diccionario”, explicó.
Ese registro lingüístico terminó por convertirse en la base del libro.
Medrano relató que incluso algunos lectores del norte del país pensaron que el texto era una traducción, debido a la abundancia de modismos poco conocidos fuera de Guerrero.
La obra fue publicada por la Universidad Autónoma de Nuevo León, un hecho que el autor considera irónico.
“Es uno de los libros más sureños que he escrito y terminó ganando un premio en el norte”, comentó.
Durante la presentación, Medrano leyó el inicio del cuento que da título al libro, ambientado en una pescadería de la costa, donde el ritmo del habla popular marca la cadencia del relato.
A pesar del cambio de sede y de tratarse de una fecha compleja para la realización de actividades culturales, al coincidir con el Viernes Santo, algunos lectores acudieron al espacio para acompañar la presentación y conocer de cerca a la Mala resina.
Foto: Cortesía | Carlos F. Ortiz.