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La ciudad que construyó su padre: Alfredo Guzmán Cayetano reivindica la lengua mazahua

alfredoguzman

En Te encontraré en el bonrro, Mizhokjimi mío, el poeta recupera la historia de su familia, la migración indígena y una lengua que la vida en la Ciudad de México estuvo a punto de arrebatarle.

La Ciudad de México también está hecha de las manos de quienes llegaron de otros pueblos para levantar sus edificios, abrir sus calles y construir las casas de otros. Entre esas historias está la de un niño mazahua que llegó a la capital a los 13 años, se convirtió en albañil y, décadas después, inspiró a su hijo a escribir un libro de poesía.

Esa historia atraviesa Te encontraré en el bonrro, Mizhokjimi mío / Ra chebigo kja bonrro, in Mizhokjimi, de Alfredo Guzmán Cayetano, un poemario escrito en español y mazahua que obtuvo el Premio de Poesía Joven UNAM-SECTEI 2025.

Todo comienza con una noticia dolorosa: el diagnóstico de cáncer de su padre, quien durante años trabajó con láminas de asbesto. Frente a la posibilidad de perderlo, el poeta vuelve sobre los recuerdos familiares y encuentra una ciudad que, de alguna manera, también le pertenece.

Bonrro es el nombre mazahua de la Ciudad de México. En los poemas aparece como un lugar que ofrece refugio y oportunidades, pero también como un territorio que desgasta los cuerpos, impone silencios y obliga a dejar atrás parte de la identidad.

El libro está dividido en tres momentos. En “Papá hizo toda esta ciudad para mí”, Guzmán Cayetano reconstruye la vida de su padre y de los trabajadores indígenas que levantaron una ciudad que pocas veces reconoce sus nombres.

En “Portentosa mujer mazahua de nombre Adela”, la mirada se dirige hacia las mujeres de su familia: la madre, la abuela y aquellas que conservaron en sus palabras y recuerdos una historia que no aparece en los documentos oficiales.

Por último, “La ciudad devora al niño (y a su lengua)” aborda las heridas de crecer como indígena en la periferia urbana, entre la discriminación, el desarraigo y las dificultades para reconocerse en una lengua que no pudo aprender plenamente durante su infancia.

Hay una decisión particularmente significativa: las primeras dos partes están escritas en español y mazahua, pero la última aparece solamente en español. Esa ausencia no es casual. Es una manera de mostrar cómo una lengua puede desaparecer de la vida cotidiana de una familia sin dejar de formar parte de su memoria.

En sus versos aparecen palabras como jñatrjo, bonrro y Mizhokjimi, nombre con el que se hace referencia a Dios, a quien el poeta dirige preguntas y plegarias frente a la enfermedad de su padre.

El poemario fue elegido por unanimidad por un jurado integrado por Clyo Mendoza, Lázaro Izael y Ben Clark, quienes reconocieron su calidad literaria y su manera de mostrar el costo humano detrás de las grandes ciudades.

Más allá del premio, Te encontraré en el bonrro, Mizhokjimi mío es una conversación con el padre, con las mujeres de la familia y con una lengua que se resiste a desaparecer.

Es también una forma de recordar que debajo del concreto de la Ciudad de México existen otras historias: las de quienes la construyeron y, mientras lo hacían, tuvieron que aprender a vivir lejos de su propio mundo.

Foto: Especial.