Juana Peñate Montejo: la poesía como raíz, resistencia y lluvia viva
La autora presenta Isoñil ja’al / Danza de la lluvia en la Fiesta del Libro y la Rosa 2026, un poemario que entrelaza lengua originaria, memoria y denuncia social desde Chiapas
En el marco de la Fiesta del Libro y la Rosa 2026, la poeta Juana Peñate Montejo presentará su poemario Isoñil ja’al / Danza de la lluvia el sábado 25 de abril a las 18:00 horas en el Foro Utopía, acompañada por Roxana Cortés y Susana Bautista.
En esta conversación con Página Zero, la autora chiapaneca reflexiona sobre el origen de su obra, el papel de las lenguas originarias en la escritura contemporánea y la dimensión social de su poesía.
—¿Cómo surge la necesidad de escribir Danza de la lluvia y en qué momento personal aparece este libro?
—Yo empecé a escribir desde hace muchos años, alrededor de 1996 o 1997. Tenía textos sueltos, pero no pensaba en publicar. Mi trabajo ha estado más enfocado en la promotoría cultural con niños y jóvenes en mi municipio, Tumbalá, en Chiapas. Ahí fortalecemos la lengua, la música, la danza, el bordado.
Sin embargo, fueron los propios jóvenes —y especialmente mi hija— quienes me confrontaron. Ella encontró una convocatoria del Premio de Literaturas Indígenas de América y me dijo: “¿Cómo nos pides fortalecer la lengua si tú no te atreves a hacerlo?”. Eso me hizo cuestionarme profundamente. Entendí que debía participar no solo por mí, sino como ejemplo para ellos.
Entonces comencé a revisar mis textos, a seleccionar poemas, a imaginar cómo quería que fuera ese libro. Así, poco a poco, se fue conformando Danza de la lluvia.
—¿Cómo fue ese proceso de construcción del poemario?
—Fue un trabajo muy intenso, sobre todo en 2020. Revisaba, corregía, dejaba reposar los textos y volvía a ellos. Mi hija fue mi primera lectora; ella me daba sugerencias, lo cual fue muy valioso.
Incluso cuando ya tenía listo el manuscrito, dudé en enviarlo. Pero nuevamente mi hija me impulsó. Finalmente lo mandé… y para mi sorpresa, resultó ganador. Fue algo que no podía creer. Recibí la noticia por WhatsApp y al principio pensé que no era real.
—Tu obra está escrita en lengua originaria y en español. ¿Cómo concibes ese proceso de escritura a dos voces?
—Para mí no es una traducción como tal. Son dos libros. Cada lengua tiene su propio ritmo, su propia metáfora, su manera de nombrar el mundo. No existe una traducción fiel absoluta.
En mi lengua, una palabra puede tener múltiples significados dependiendo del contexto. Por ejemplo, una misma palabra puede significar sol, día o fiesta. Entonces, al escribir, ambas lenguas se van construyendo casi de manera paralela.
No se trata de forzar equivalencias, sino de respetar la esencia de cada idioma.
—El libro está dividido en secciones como susurros, tormenta o relámpago. ¿Responden a una estructura específica?
—Sí, hay una lógica simbólica. La primera parte es una introducción a la lengua y su contexto. Después vienen secciones donde abordo distintos temas: el dolor, la maternidad, la muerte.
Por ejemplo, la sección “tormenta” surge al pensar en el llanto de una madre: una lágrima puede ser tan potente como una tormenta. Luego hay una parte más sutil, con elementos eróticos y de contemplación de la naturaleza.
También aparece el rayo, que en nuestra cosmovisión es una figura sagrada, con dualidades: puede ser protector o destructivo.
El poema que da título al libro está profundamente ligado a la muerte de mi madre. Es un texto que aún me cuesta leer en voz alta.
—Además de lo íntimo, en tu poesía hay una fuerte dimensión social. ¿Qué temas atraviesan el libro?
—Me interesa visibilizar lo que muchas veces no se dice de las comunidades indígenas: la violencia, la migración, el dolor.
Durante años, se ha idealizado nuestra realidad como algo únicamente bello o folclórico. Pero también hay problemáticas profundas. En el libro hablo de la migración, por ejemplo, de niños que crecen sin sus padres porque tuvieron que irse a trabajar.
Uno de los poemas surge de ver cómo las familias se fragmentan. Primero se va el padre, luego la madre, y los niños quedan con los abuelos… o solos. Es una realidad muy dura.
—¿Cómo dialoga tu trabajo con los jóvenes de tu comunidad?
—Trabajo directamente con ellos en escuelas. He creado materiales en lengua originaria para reflexionar sobre temas como la migración. No se trata de impedir que salgan de sus comunidades, sino de que lo hagan con preparación, con un proyecto de vida.
Mi intención es aportar, desde la palabra, a que puedan tomar decisiones más conscientes.
—Por último, ¿Qué papel juega la poesía en la preservación y fortalecimiento de las lenguas originarias?
—La poesía es una forma de resistencia. Muchas veces nuestras lenguas se hablan solo en lo privado, en casa, pero no en lo público por miedo o discriminación.
Escribir y leer en nuestra lengua es una manera de decir: aquí estamos. De darle dignidad, presencia y continuidad. Ya no se trata solo de cantar lo bello, sino también de denunciar, de nombrar el dolor y de construir memoria.
Isoñil ja’al / Danza de la lluvia recoge todo eso: la raíz, la herida y también la esperanza.
Foto: Especial.