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Glafira Rocha: la ciencia ficción como espejo del ser y sus mutaciones

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En Transmutación, autobiografía interdimensional de Gael Mondragón, la autora explora identidad, cuerpo y conciencia desde una narrativa que entrelaza filosofía, lenguaje y memoria

Lejos de los clichés tecnológicos del género, en entrevista con Página Zero la escritora Glafira Rocha nos menciona que propone en Transmutación, autobiografía interdimensional de Gael Mondragón una ciencia ficción íntima, reflexiva y profundamente humana. A través de una voz que transita entre dimensiones narrativas y existenciales, la autora construye una historia donde el cuerpo, la identidad y la conciencia se transforman en territorio de exploración filosófica.

—¿Cómo nace Transmutación, autobiografía interdimensional? ¿Cuál fue el detonante del libro?

—Es un proyecto que comenzó hace más de cuatro años, aunque quizá venía gestándose desde antes. Yo buscaba escribir una ciencia ficción distinta, más introspectiva, con una mirada filosófica. Estudié filosofía, así que me interesaba poner el género al servicio de lo humano.

Curiosamente, la idea surgió en un momento cotidiano: estaba tendiendo la cama y me pregunté qué pasaría si no lo estuviera haciendo. Ese pequeño desdoblamiento de posibilidades dio origen a la noción de lo interdimensional y, con ello, al personaje principal: una psicofilósofa.

—El título sugiere una mezcla entre lo íntimo y lo cósmico. ¿Cómo fuiste construyendo esa idea?

—La novela gira en torno a una mutación, tanto del cuerpo como de la conciencia. La protagonista comienza a notar cambios físicos en ella y en otras mujeres: disminución de las mamas, pérdida de la matriz, caída del cabello. Esto genera la sospecha de una enfermedad ficticia llamada Dami.

Pero lo que parece una enfermedad podría ser otra cosa: un cambio de conciencia. A partir de ahí surgen la persecución, el intento de normalización y, sobre todo, una profunda búsqueda de identidad. Todo se narra como una especie de autobiografía, atravesada también por su relación con su madre.

—El lenguaje del libro transita entre lo poético, lo filosófico y lo narrativo. ¿Cómo lograste esa hibridez?

—Trabajé con distintos niveles narrativos: primera, segunda y tercera persona. Cada uno responde a una dimensión distinta de la historia. La introspección es más poética y filosófica; la segunda persona permite cuestionar la identidad; y la tercera aterriza en lo cotidiano.

Quería que el lenguaje también fuera interdimensional, que no se quedara en un solo registro.

—En ese proceso, ¿creaste un nuevo vocabulario?

—Hay algunos términos, como la Dami, pero más que neologismos, me interesaba explorar un lenguaje que intentara desprenderse del género. No siempre se logra, pero sí hay una búsqueda por romper con esas estructuras.

—¿Cómo se representa el tiempo dentro de esta autobiografía interdimensional?

—El tiempo no es lineal. Es una red que se entrelaza entre pasado, presente y posibilidades futuras. Así como en la vida cotidiana: estamos hablando y de pronto recordamos algo de la infancia o pensamos en algo pendiente. Esas capas temporales conviven todo el tiempo.

La novela busca justamente mostrar esas conexiones, esas “casualidades” que en realidad son encuentros de múltiples líneas de tiempo.

—¿Qué papel juega la memoria en esta construcción?

—La memoria es clave, especialmente en su dimensión social. La novela también habla de cómo lo diferente ha sido históricamente perseguido o rechazado.

Si alguien empezara a transformarse hoy, probablemente sería visto como enfermo, luego como objeto de estudio y finalmente como amenaza. Esa reacción social forma parte de nuestra memoria colectiva, y quise integrarla en la historia.

—Desde tu formación filosófica, ¿el libro propone una nueva forma de entender el “yo”?

—Sí, aunque más que construir una nueva identidad, hay una búsqueda por disolverla. Retomo ideas del budismo y el hinduismo donde el “yo” no es algo fijo, sino una construcción.

La novela invita a cuestionar esa idea del yo como centro absoluto. No es una lectura rápida; es una invitación a detenerse, a reflexionar.

—¿Cómo ha sido la respuesta de los lectores?

—Muy diversa. Hay quienes se identifican profundamente, sobre todo personas jóvenes. Otros la leen desde lo espiritual, lo filosófico o incluso desde el género.

Algunos temas que aparecen en la novela, escritos hace años, hoy ya están ocurriendo. No es que sea profético, sino que a veces es posible intuir hacia dónde se dirige la sociedad.

—En lo personal, ¿Qué te ha dejado este libro?

—Mientras lo escribía, ya estaba trabajando en otro proyecto: una autobiografía espiritual. Suelo escribir varios textos a la vez. Este libro lo dejé reposar un poco mientras lo presentaba, pero ya estoy retomando nuevos proyectos.

Además, Transmutación tiene la posibilidad de continuar en una segunda y tercera parte.

—Si tuvieras que definir la novela en una sola idea, ¿Cuál sería?

—La búsqueda del ser en medio del ruido.

Foto: Especial.