Francia y México revisan 500 años de encuentros, conflictos y fascinaciones
La Biblioteca Vasconcelos abre la exposición Francia-México, 200 años de relación y amistad, un recorrido que recupera desde los primeros objetos prehispánicos vistos en Francia hasta las huellas de Frida Kahlo, Diego Rivera y Gabriel Orozco.
Una captura de barcos, tesoros prehispánicos, una guerra provocada por reclamaciones de comerciantes, un emperador impuesto y las cartas de Víctor Hugo a favor de la resistencia mexicana forman parte de una historia que dista de ser lineal. Francia y México han construido una relación hecha de admiración, apropiaciones, conflictos e intercambios culturales que ahora se reúnen en la exposición Francia-México, 200 años de relación y amistad: resonancias, disonancias y contrapuntos.
La muestra fue inaugurada hoy 1° de septiembre en la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México y permanecerá abierta al público del 2 de septiembre al 18 de octubre. Con ella comienza la Gran Fiesta Franco-Mexicana, organizada en el marco del Bicentenario de las Relaciones Diplomáticas entre México y Francia.
Más de un centenar de fotografías, documentos y reproducciones de obras de arte ocupan 52 paneles. La exposición, curada por Philippe Ollé-Laprune y Conrado Tostado, propone recorrer la relación entre ambos países sin ocultar sus contradicciones: junto a los intercambios intelectuales y artísticos aparecen las invasiones, las ambiciones imperiales y las distintas formas en que cada país ha construido una imagen del otro.
“Queremos contar una historia muy rica entre dos culturas distintas, que se han atraído e inspirado mutuamente”, explicó Ollé-Laprune. Para el escritor, editor y promotor cultural, el vínculo entre ambas naciones tiene una intensidad particular frente a otras relaciones de Francia con América Latina.
La exposición no se limita a los dos siglos de relaciones diplomáticas. Su punto de partida se remonta a 1523, cuando el corsario francés Jean Fleury capturó dos carabelas que Hernán Cortés enviaba a España cargadas con tesoros procedentes de México. Cuatro años después, algunos de aquellos objetos fueron exhibidos en Francia, en lo que se considera la primera muestra europea de piezas prehispánicas.
La escena contiene, en cierta medida, uno de los temas centrales de la exposición: México convertido en objeto de fascinación desde Francia, incluso antes de que existieran relaciones diplomáticas formales.
Entre el México imaginado y el México real
El imaginario mexicano ocupó un lugar particular en la mirada francesa. Para Ollé-Laprune, la fascinación se relacionó con la imagen de un país indígena, mágico y ligado a la naturaleza.
“Hay una fascinación que México ejerce hacia los franceses, que tiene que ver con un mundo indígena, mágico, de imaginación, de fuerza y naturaleza”, señaló.
El universo prehispánico fue reinterpretado desde Francia, en particular durante el Romanticismo, hasta construir una imagen de México que no siempre correspondía con la realidad. El caso de Henri Rousseau, el llamado “Aduanero”, es uno de los ejemplos que recupera la exposición: durante años se creyó que el pintor había viajado a las selvas mexicanas, aunque nunca estuvo en el país.
“Tratamos de contar historias que nos parecen reveladoras”, dijo Ollé-Laprune.
Desde México, la influencia francesa tuvo otra puerta de entrada: el pensamiento. Las ideas políticas y filosóficas provenientes de Francia encontraron eco en un país que también atravesaba la disputa entre distintas formas de gobierno.
“Eso se traduce en el campo político; cabe recordar que los dos son casi al mismo tiempo imperios y ambos son países que poco a poco buscan su sistema ideal de gobierno, una democracia, una República”, explicó el curador.
La relación, sin embargo, no estuvo exenta de enfrentamientos.
De la Guerra de los Pasteles a Maximiliano
El recorrido aborda la llamada Guerra de los Pasteles, uno de los primeros conflictos armados entre ambos países, y llega hasta la intervención francesa y el proyecto imperial de Maximiliano de Habsburgo, respaldado por Napoleón III.
La historia pudo haber quedado reducida a una sucesión de conflictos diplomáticos y militares, pero la exposición introduce un contrapunto: las cartas que Víctor Hugo escribió en defensa de la resistencia mexicana después de la batalla de Puebla.
Una de ellas estuvo dirigida a Benito Juárez y otra a los habitantes y defensores de Puebla.
“Es un momento político muy bello, en el que Víctor Hugo dice que no es Francia quien los está atacando, sino un imperio que va en contra de los valores de Francia”, destacó Ollé-Laprune.
El episodio permite observar las diferencias entre un Estado, sus gobiernos y las voces de quienes, desde Francia, cuestionaron la intervención en México.
Las otras protagonistas de la historia
La exposición también desplaza la mirada de los grandes acontecimientos políticos para recuperar trayectorias personales. Entre ellas aparecen mujeres francesas que encontraron en México un territorio de creación, investigación y vida durante el siglo XX.
Elena Poniatowska, Alice Rahon, Colette Urbajtel y Laurette Séjourné forman parte de ese capítulo. Escritura, pintura, fotografía y arqueología se cruzan en sus historias y muestran otra dimensión de la relación franco-mexicana: la de quienes construyeron su obra entre ambos mundos.
La arqueóloga Laurette Séjourné, por ejemplo, desarrolló investigaciones que contribuyeron al conocimiento de Teotihuacán, mientras que Alice Rahon llevó al ámbito artístico los vínculos que estableció con México.
En el terreno de las artes visuales, la exposición reúne reproducciones de obras que revelan la influencia cruzada entre ambos países. Aparecen Frida Kahlo y Diego Rivera, pero también Gabriel Orozco, cuya obra La DS, inspirada en un automóvil Citroën, establece un diálogo entre la cultura material francesa y la mirada contemporánea mexicana.
También se incluye una reproducción de El fusilamiento de Maximiliano, de Édouard Manet, así como El marco (The Frame), de Frida Kahlo, adquirido por el Museo del Louvre en 1939, la primera pieza de una artista mexicana que ingresó a esa institución.
Una historia que continúa
El recorrido se construyó con materiales provenientes de instituciones mexicanas y francesas. Participaron el Acervo Histórico Diplomático, el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, el Archivo General de la Nación, la Biblioteca Nacional de México, el Archivo Manuel Álvarez Bravo, el INAH y el INBAL, además de colecciones privadas.
En Francia colaboraron el Centro Pompidou, el Museo del Louvre, los Archivos Nacionales de Francia, la Biblioteca Nacional de Francia y el Centro Nacional de las Artes Plásticas.
Más que presentar una historia de amistad sin fisuras, la exposición propone mirar las zonas incómodas de una relación que ha pasado por la admiración y el rechazo, la influencia y la apropiación, la diplomacia y la guerra.
El propio título —resonancias, disonancias y contrapuntos— resume esa intención. No se trata solamente de celebrar dos siglos de relaciones diplomáticas, sino de preguntarse qué sucede cuando dos países se miran durante siglos, se imaginan, se influyen y también se confrontan.
La respuesta queda desplegada en los 52 paneles de la Biblioteca Vasconcelos, donde la historia diplomática comparte espacio con el arte, la literatura, la fotografía y los imaginarios que han mantenido a Francia y México en conversación.
Foto: Especial.