Árbol Rojo entra en un nuevo ciclo: cine y territorio desde el sur
En su novena edición, el Festival de Cine del Sur toma la noción maya de los ciclos como punto de partida para explorar otras formas de contar el territorio; presenta Memorias Originarias y abre FOCO a los realizadores de Quintana Roo.
El cine también tiene sus ciclos. Hay historias que regresan, territorios que vuelven a aparecer en pantalla y miradas que, después de permanecer fuera del centro, encuentran un espacio para ser escuchadas. A nueve años de su nacimiento, Árbol Rojo toma esa idea como punto de partida para su nueva edición: Ciclos, un concepto inspirado en la cosmología maya que marca una etapa distinta para el Festival de Cine del Sur.
Del 19 al 29 de noviembre, las pantallas se extenderán por Chetumal, Bacalar y Felipe Carrillo Puerto, tres espacios de Quintana Roo donde el festival ha construido una relación con públicos, cineastas y comunidades. La novena edición no sólo celebra una trayectoria; plantea una pregunta sobre lo que ocurre cuando el cine se piensa desde el territorio y no únicamente desde los circuitos tradicionales de exhibición.
La identidad visual de Ciclos, creada por David Lilés y Hugo Payen, integrantes de APIX, imagina a Árbol Rojo bajo la luz de la luna. Sus fases sirven como metáfora de un proyecto que se transforma, cambia de territorio y vuelve a comenzar sin perder la luz que lo acompaña.
El número nueve adquiere otra dimensión desde la cultura maya: representa los ciclos cósmicos. Para el festival, llegar a esta cifra significa cerrar una etapa marcada por el trabajo sostenido en la descentralización cinematográfica y abrir otra en la que la memoria, la identidad y las distintas maneras de narrar el territorio adquieren mayor presencia.
Cuando las historias se cuentan desde dentro
Uno de los principales movimientos de esta nueva etapa será Memorias Originarias, programa de exhibición beneficiado por la convocatoria FOCINE Exhibición 2026 del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE).
La propuesta parte de una cuestión que atraviesa buena parte de las discusiones contemporáneas sobre representación cultural: quién cuenta las historias y desde dónde las cuenta.
El programa busca acercar al público obras realizadas por cineastas y equipos creativos vinculados con pueblos y comunidades originarias. Pero su interés no está únicamente en mostrar relatos sobre comunidades indígenas. La mirada se desplaza hacia sus propios creadores, sus territorios y las formas en que construyen una representación de la diversidad cultural mexicana.
En ese sentido, Memorias Originarias propone entender el cine como un espacio de transmisión de memoria. Una película puede conservar un paisaje, una lengua, un relato familiar, una práctica comunitaria o una manera particular de relacionarse con el territorio; también puede abrir preguntas sobre aquello que cambia y aquello que permanece.
El programa tendrá uno de sus momentos centrales el 27 de noviembre, con el Foro Memorias Originarias, que tendrá como sede Felipe Carrillo Puerto, en el corazón histórico de la zona maya de Quintana Roo.
Ahí, el cine funcionará menos como espectáculo y más como punto de encuentro. El foro plantea un diálogo intergeneracional alrededor de los saberes, las identidades locales y las distintas formas de mirar el mundo. En una región donde la cultura no puede separarse del territorio, llevar esta conversación a Felipe Carrillo Puerto también significa reconocer que las historias adquieren otro sentido cuando se cuentan en los lugares que las han visto nacer.
El territorio también filma
La apuesta de Árbol Rojo por el cine producido en el propio estado tendrá otro espacio en Foco, la sección competitiva de Cortometraje Quintanarroense.
La convocatoria está dirigida a realizadores de Quintana Roo y busca reunir una muestra de las historias que actualmente se están produciendo desde la entidad. Los trabajos seleccionados serán evaluados por un jurado integrado por especialistas de trayectoria nacional, que elegirá las obras ganadoras.
Foco coloca una pregunta distinta sobre la mesa: ¿qué historias está contando Quintana Roo sobre sí mismo?
La respuesta no necesariamente pasa por las imágenes turísticas que durante décadas han identificado al estado hacia el exterior. El cortometraje permite acercarse a otros paisajes, conflictos, personajes, memorias y preocupaciones. También ofrece la posibilidad de observar cómo una nueva generación de realizadores interpreta un territorio marcado por profundas transformaciones sociales y culturales.
Por eso, la competencia local funciona como algo más que un espacio de premiación. Es también un registro de la producción audiovisual de la región y una manera de reconocer que el cine puede construirse desde lugares que durante mucho tiempo estuvieron fuera de los principales mapas de exhibición.
Nueve años mirando hacia adelante
La historia de Árbol Rojo comenzó con una apuesta por descentralizar el acceso al cine. Nueve años después, esa idea se encuentra con nuevas preguntas: cómo representar la diversidad cultural, cómo preservar la memoria a través de las imágenes y cómo conseguir que las comunidades no sean únicamente objeto de representación, sino también protagonistas de sus propias narrativas.
CICLOS resume esa transformación. La referencia a la cosmovisión maya no funciona sólo como concepto visual para una edición de aniversario, sino como una forma de entender el propio recorrido del festival: ningún ciclo permanece idéntico al anterior.
El festival regresará este noviembre a Chetumal, Bacalar y Felipe Carrillo Puerto con películas, encuentros y espacios de conversación que buscan ampliar la relación entre cine y territorio.
En su noveno año, Árbol Rojo no parece interesado en cerrar una historia. Su apuesta está en volver al punto de partida para mirarlo de otra manera: entender que cada nuevo ciclo también puede ser una oportunidad para que aparezcan otras voces, otros relatos y otras formas de mirar el sur.
Foto: Especial.