Fernando Yacamán explora el lado oscuro del Centro Histórico con Epifanía de Escorpión
El autor presenta un libro de cuentos atravesado por la noche, el deseo y la violencia, publicado en la colección Extra(e)ditados de la BUAP
Desde el pulso caótico del Centro Histórico de la Ciudad de México, el escritor Fernando Yacamán construye Epifanía de Escorpión, un libro de diez relatos donde la ciudad, el cuerpo y la oscuridad se entrelazan en una narrativa intensa y sensorial. Publicado en la colección Extra(e)ditados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el volumen surge de una experiencia vital marcada por el desplazamiento, la observación y la inmersión en los márgenes urbanos.
“Fueron dos detonantes principales”, explica el autor. “El primero, haberme mudado al Centro Histórico después de la pandemia. Y vivir ahí me atravesó: el ruido, las historias, la gente. Para mí es el corazón de la ciudad, la esencia chilanga”. Desde su balcón —dice— desfilaban mariachis, turistas, vendedores y personajes imprevisibles que alimentaron la materia narrativa del libro.
Una ciudad como veneno narrativo
Todos los cuentos están situados en el primer cuadro de la ciudad. “Hay muchas leyendas, mucho material fantástico. Ese veneno está en las letras”, afirma. La figura del escorpión, que da título al libro, funciona como símbolo central: una obsesión personal ligada a su carga mitológica y a su capacidad de revelar lo oculto.
“El cuento principal, Epifanía del Escorpión, parte de una revelación, pero no luminosa, sino envenenada. Aquí la epifanía no ilumina: infecta, atraviesa, transforma desde la oscuridad”.
Escritura desde la experiencia
El proceso creativo del libro se construyó desde la vivencia directa de los espacios. El primer cuento, ambientado en Plaza Garibaldi, nació sin la intención de formar un libro. “Fui, me senté solo, pedí una cerveza y observé. Vi una señora con un traje de terciopelo morado vendiendo lotería, niños jugando, escenas que tenían que estar en el texto”.
A partir de ahí, el proyecto creció: cantinas, pulquerías, espacios como el Toreo o la Arena Coliseo se convirtieron en escenarios literarios. “Mi reto era que el lector escuchara el lugar, que sintiera el ambiente: las canciones, los olores, los detalles. No todo entra al texto, pero todo construye la atmósfera”.
Diversidad, cuerpo y lenguaje
Los relatos exploran relaciones entre hombres, personajes de la diversidad sexual y figuras marginales. “Hay un cuento en la lucha libre donde un luchador se enamora de una chica trans. Todos los textos dialogan con esas identidades”, explica.
En cuanto al lenguaje, Yacamán apuesta por registros diversos según cada historia: “Hay cuentos más violentos, más ‘punk’, como el del escorpión, y otros con un lenguaje más cuidado o histórico, como el de Manuel Rodríguez Lozano y Abraham Ángel”.
Violencia y crítica
La violencia atraviesa el libro como recurso estético y postura crítica. “No intento aleccionar, sino mostrar. Pero sí hay una crítica, por ejemplo, al sistema estadounidense, al racismo, al poder que se disfraza de bondad. Eso está en los personajes, en lo que dicen y hacen”.
Para el autor, la literatura debe permitir esa tensión entre forma y denuncia: “El lenguaje y las acciones apuntan hacia esa crítica, pero sin perder el valor literario”.
Influencias y memoria del lugar
A diferencia de otros proyectos, en este libro no hubo una influencia literaria directa. “La mayor influencia fue la ciudad misma. Leí muchas leyendas del Centro Histórico, investigué mitos, recorrí los espacios. Ahora podría ser guía turístico”, comenta entre risas.
Ese trabajo de campo se traduce en una escritura profundamente situada, donde la geografía urbana se convierte en personaje.
El desafío de la historia y la forma
Entre los diez cuentos, el más complejo fue el dedicado a Manuel Rodríguez Lozano y Abraham Ángel. “Quería ser fiel a su historia sin caer en la invención superficial. Me documenté y trabajé con asesoría para lograr un equilibrio entre rigor y propuesta estética”.
Una imagen a la altura del libro
La portada, obra de José Luis Correa, fue una elección deliberada. “Desde que la vi supe que tenía que ser esa. Es muy erótica, muy potente. La garra, los colores… refleja la fuerza del libro”.
Con Epifanía de Escorpión, Fernando Yacamán entrega una obra donde la ciudad se vuelve cuerpo, el lenguaje se contamina de noche y cada historia funciona como una revelación incómoda. Una epifanía, sí, pero lejos de la luz: una que arde, pica y deja marca.
Foto: Especial.