Entre una caja y la censura | Arte, violencia y los límites de la representación en Guerrero
La exclusión de una obra de Hugo De la Rosa reabre el debate sobre curaduría, censura y la imagen oficial de lo guerrerense
La reciente polémica en torno a la no selección de una obra del artista guerrerense Hugo De la Rosa para una exposición vinculada a la edición 50° del Tianguis Cultural de Acapulco no es un hecho aislado, sino un síntoma de una tensión persistente en el ámbito cultural: ¿Qué se decide mostrar cuando se representa a un territorio?, ¿Y qué se decide ocultar?, ¿Y quién decide que se exhibe?
La pieza —un grabado en tonos rojos donde una caja de Olinalá resguarda, en lugar de objetos decorativos, un arma— propone una metáfora directa y poco complaciente. La caja, símbolo del arte popular guerrerense, se transforma en contenedor de violencia. No se trata de una provocación gratuita, sino de una lectura crítica del contexto social: aquello que se adorna hacia el exterior puede ocultar realidades incómodas en su interior.
En su posicionamiento, De la Rosa sugiere que la exclusión de su obra responde a una lógica de censura o, en el mejor de los casos, a una curaduría que privilegia una imagen “segura” de Guerrero: danzas, tradición, cultura, popular, folclor, una constante en los eventos en esta administración de la Secretaría de Cultura de Guerrero. Una narrativa que, si bien es legítima, resulta incompleta cuando omite problemáticas estructurales como la violencia.
Aquí es donde el debate se vuelve más complejo. No toda exclusión implica censura. La curaduría, por definición, implica selección, enfoque y construcción de discurso. En un evento como el Tianguis Turístico, orientado a la promoción de Guerrero, es previsible que se privilegien representaciones que refuercen una imagen positiva. Sin embargo, reducir lo guerrerense a una postal sin fisuras también implica una decisión política: la de evitar el conflicto.
La obra de De la Rosa incomoda porque rompe esa narrativa. No busca celebrar, sino señalar. Y en ese gesto reside su potencia, pero también su dificultad de inserción en ciertos espacios institucionales. El propio artista reconoce esta contradicción, su exclusión termina por reafirmar el sentido de la pieza.
Más allá del caso específico, la discusión apunta a un dilema de fondo: el papel del arte frente a la realidad. ¿Debe el arte turístico ser amable y representativo, o puede —y debe— ser crítico? ¿Hay espacio para ambas posturas dentro de una misma plataforma?
La respuesta no es sencilla. Lo que sí queda claro es que cuando una obra genera incomodidad antes de ser vista, el problema no está únicamente en la pieza, sino en las condiciones de exhibición y en los marcos desde los cuales se decide qué forma parte de la cultura visible.
En ese cruce entre estética, política y representación, la obra de Hugo De la Rosa permanece vigente, incluso fuera de la exposición. Porque, como sugiere la imagen: lo que se guarda en la caja no deja de existir por el hecho de no mostrarse.
Foto: Cortesía del autor.