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"El Salto": una caída al vacío que confronta al espectador con el valor de la vida

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La coproducción Veracruz–Guerrero, dirigida por Carlos Casanni y protagonizada por Daniel Hurtado, estrenó con lleno total en la Sala Luis Zapata del Centro Cultural Domingo Soler.

Con un lleno total en la Sala Luis Zapata del Centro Cultural Domingo Soler, la puesta en escena "El Salto", escrita por Jorge Alberto G. Fernández, inició temporada la noche del sábado 11 de julio como una coproducción entre Veracruz y Guerrero, bajo la producción de Arturo Rodríguez, la dirección de Carlos Casanni y la actuación protagónica de Daniel Hurtado.

La obra, que continuará con funciones los días viernes 17, sábado 18 y domingo 19 de julio, a las 19:00 horas, propone una reflexión sobre el valor de la vida, las decisiones que marcan la existencia y todas aquellas palabras que, por miedo o incertidumbre, nunca llegan a pronunciarse.

Desde una escenografía minimalista, la propuesta deposita todo el peso dramático sobre Daniel Hurtado, quien encarna a "Danilo", un personaje que conduce al público por el instante previo y posterior a una caída, reconstruyendo las voces, recuerdos y personajes que emergen durante una experiencia límite.

Lejos de ofrecer un relato lineal, la narración transita entre distintas identidades y estados emocionales. Hurtado se desplaza constantemente por el escenario mientras suena "Sobreviviré", una elección musical que funciona como una ironía frente al conflicto que atraviesa el protagonista y que subraya la tensión entre el deseo de vivir y la posibilidad del abismo.

La versatilidad actoral permite que un solo intérprete dé vida a diversos personajes que aparecen como fragmentos de memoria o representaciones sociales.

La puesta incorpora distintos recursos escénicos que fortalecen la construcción del personaje principal. El humor aparece mediante momentos de parodia que alivian la tensión sin desdibujar el tema central, mientras que una breve interacción con el público rompe la cuarta pared y convierte a los asistentes en partícipes de la experiencia escénica.

Con una apuesta que privilegia la actuación sobre el artificio, El Salto demuestra que una escenografía contenida puede convertirse en el espacio suficiente para explorar las contradicciones humanas. Entre el humor, la ironía y la introspección, la obra invita al espectador a mirar de frente aquello que suele permanecer en silencio: las decisiones que cambian una vida y las emociones que, muchas veces, llegan demasiado tarde para ser expresadas.

Foto: Especial.