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Del restirador a la IA, la evolución inextinguible del Diseño Gráfico

diseñador

Es una herramienta creada para facilitar los procesos, pero el dominio de la estrategia y el criterio estético dependen del diseñador. Las herramientas no destruyen las profesiones, las transforman

¿Cuántas veces hemos escuchado que una nueva tecnología significará la muerte del diseño gráfico? Desde la llegada de las primeras computadoras hasta la actual revolución de la Inteligencia Artificial (IA), cada salto tecnológico desata la misma ola de incertidumbre: el temor a que la máquina reemplace al creativo. Sin embargo, la historia nos demuestra una realidad muy distinta.

Las herramientas no destruyen las profesiones; las transforman. Para entender el impacto de la IA hoy, es necesario mirar hacia atrás y analizar cómo el diseño gráfico ha sobrevivido, y se ha enriquecido, a través de sus tres grandes revoluciones tecnológicas.

El diseño y la digitalización

Si analizamos la historia de las herramientas que transformaron el diseño gráfico en México, debemos transportarnos a la década de los 90, la época de la masificación de la computadora. En ese momento, carreras técnicas y licenciaturas como Dibujo Publicitario, Comunicación Visual o Artes Visuales parecían destinadas a desaparecer. La forma tradicional de diseñar experimentó un giro radical, transitando de un proceso puramente manual y mecánico (basado en el restirador, las escuadras y las tintas) hacia el entorno digital.

Aunque el uso de computadoras ya se asomaba desde mediados de los años 80 en agencias transnacionales, lo que obligó a las grandes imprentas a adaptarse para poder reproducir los nuevos formatos, fue en los 90 cuando el software especializado se convirtió en parte obligatoria del oficio. Esta transición no mató al diseño; al contrario, expandió el universo de posibilidades para crear elementos visuales cada vez más arriesgados e interesantes.

El diseño y la originalidad, el dilema de la aldea global

Uno de los debates más complejos en nuestra disciplina es el de la originalidad. El mercado siempre exige soluciones frescas e innovadoras que, al mismo tiempo, logren encajar en las tendencias visuales de la época. Este balance cambió drásticamente con la llegada del internet.

Aunque el primer registro de conexión en México data de 1989 y el primer proveedor comercial nació en 1995, su verdadera masificación ocurrió alrededor del año 2000. De pronto, los diseñadores tuvimos acceso inmediato al trabajo de profesionales de todo el mundo. Esto provocó dos fenómenos simultáneos:

* Aceleración de tendencias: Los estilos visuales empezaron a caducar y renovarse a una velocidad nunca antes vista.

* El riesgo del plagio: La enorme disponibilidad de imágenes, sin un fundamento básico fuerte o un valor ético correcto, se convirtió en el caldo de cultivo ideal para la réplica y el calco masivo.

Para muchos, la red dictaminaba la extinción del diseño, bajo la premisa de que "si todo está en Internet, ya no hace falta crear nada". Una vez más, el pronóstico falló. El Internet no acabó con el diseño, lo enriqueció. Poder comparar soluciones para problemas similares abrió nuestro panorama, generó debate y, cuando aprendimos a usarlo con responsabilidad, evolucionó para convertirse en una fuente infinita de inspiración que se complementa con el toque personal y la visión única de cada diseñador.

El diseño y la automatización, el reto de la Inteligencia Artificial

Hoy nos encontramos ante un nuevo punto de inflexión: la era de la inteligencia artificial. Hace 30 años, cuando se empezaba a diseñar en computadora, era impensable que con solo introducir un texto la máquina fuera capaz de generar una imagen convincente y funcional. Ante esto, cabe hacernos la pregunta obligada: ¿Qué tanto impacta o sustituye esta nueva herramienta a la carrera?

Como ocurrió en las transiciones anteriores, el diseño gráfico suele experimentar tropiezos y dudas al inicio de una era tecnológica (etapa en la que nos encontramos justo ahora), pero inevitablemente termina adaptándose, integrándose y evolucionando.

La IA promete crear imágenes de la nada a través de un prompt, pero la realidad es que nada se crea desde el vacío. Los resultados dependen de dos factores fundamentales:

1.- La precisión de la instrucción.

2.- La base de datos con la que fue entrenada la herramienta (que consiste en millones de piezas de profesionales reales).

Es por eso que las imágenes generadas por IA suelen ser muy estéticas: replican lo que ya ha funcionado en el mercado. Sin embargo, el atractivo visual no es suficiente. A estas imágenes les falta el elemento clave: la intención comunicativa. Los fundamentos del diseño y la semiótica son indispensables para que una pieza sea verdaderamente funcional y resuelva un problema real.

La IA como la nueva asistente de producción

Si aprendemos a ver a la inteligencia artificial como una herramienta de automatización, se convertirá en nuestra mejor aliada para optimizar tiempos en el proceso creativo. La IA es especialista en resolver tareas operativas que consumen demasiadas horas, tales como:

* Visualizar bocetos rápidos con diferentes técnicas visuales para evaluar si el concepto funciona.

* Ajustar proporciones y probar diferentes configuraciones de color de forma inmediata.

* Encontrar tipografías adecuadas o generar dummies de presentación.

A pesar de esta velocidad, el concepto y la estrategia siempre vendrán del diseñador. De hecho, mientras más domine un profesional los fundamentos del diseño, mejor capacitado estará para redactar un prompt técnico, específico y efectivo que guíe a la herramienta hacia el resultado deseado.

El dominio está en el creativo, no en la máquina

Tanto la computadora y el internet en su momento, como la Inteligencia Artificial hoy, son elementos estructurales del diseño moderno. Son herramientas creadas para facilitar los procesos, pero el dominio de la estrategia y el criterio estético son los que dictaminan si el resultado final será excelente, bueno o mediocre.

Llevar un automóvil a un autolavado tecnológico puede ofrecer un resultado rápido, pero jamás superará la precisión de una persona que lava su auto a mano utilizando la técnica y el proceso adecuado. Al final del día, quien domina su oficio destaca sobre el resto, sin importar qué tan sofisticadas sean las herramientas que tenga sobre el escritorio.

Por José Luis Andrade López.

Foto: Especial.