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Cempasúchil: la ruta que florece meses antes de llegar a los altares

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Detrás de cada ramo que adorna las ofrendas de Día de Muertos existe una cadena de producción, transporte y comercialización que conecta a distintas regiones del país y sostiene el trabajo de miles de agricultores y comerciantes.

El camino del cempasúchil hacia los altares de Día de Muertos comienza mucho antes de que sus pétalos iluminen los mercados, hogares y cementerios de México. Detrás de esta flor emblemática existe una cadena de trabajo que involucra meses de planeación agrícola, cosechas, costos de transporte y una red de distribución que debe responder a una demanda concentrada en pocos días.

Así lo explicó la doctora Bertha Martínez Cisneros, coordinadora de la Licenciatura en Logística y Comercio Internacional de CETYS Universidad Campus Mexicali, quien destacó que lo que para las familias representa la compra de un ramo para sus ofrendas, para los productores significa una temporada de inversión, cuidados y una carrera contra el tiempo para colocar sus cosechas en el mercado.

Históricamente, el centro del país ha concentrado buena parte de la producción de cempasúchil, particularmente Puebla, que conserva un papel relevante en el cultivo de esta flor. Sin embargo, su producción también se ha extendido hacia otras regiones del occidente y norte de México, donde agricultores y viveros familiares preparan sus cosechas para abastecer los mercados durante las celebraciones.

De acuerdo con las cifras compartidas por la especialista, Puebla registra una producción superior a las 9 mil 600 toneladas, mientras que la Ciudad de México alcanzó una cifra récord cercana a los 10 millones de plantas cultivadas. En el norte, Baja California estima una cosecha de 336 toneladas para esta temporada, mientras que en Nuevo León las familias agricultoras mantienen esta actividad como parte de una tradición que cobra fuerza durante los días previos al Día de Muertos.

La comercialización también presenta distintas modalidades. Mientras grandes campos agrícolas destinan sus cosechas a la venta por manojos para abastecer mercados de otras entidades, pequeños productores y viveros familiares ofrecen plantas en maceta directamente a los consumidores. Esto significa que algunas de las flores colocadas en los altares recorren largas distancias por carretera, mientras otras llegan desde zonas de cultivo cercanas a los puntos de venta.

Martínez Cisneros explicó que la cadena comienza meses antes de la celebración, cuando se planea la siembra para conseguir que las flores alcancen su mejor momento a finales de octubre. Posteriormente, intervienen las labores de cosecha, preparación, transporte y comercialización, con la participación de agricultores, comerciantes y transportistas.

Una temporada marcada por el tiempo y los costos

La especialista señaló que el resultado económico de esta actividad depende de distintos factores, entre ellos las condiciones climáticas, la disponibilidad de agua y el comportamiento del mercado. A esto se suman los gastos de traslado y las variaciones de precio relacionadas con la región, la disponibilidad y la presentación de la flor.

Una buena cosecha, advirtió, no garantiza necesariamente una temporada favorable para los productores, pues necesitan colocar sus flores antes de que termine el breve periodo de mayor demanda. De ahí que la logística y la distribución sean fundamentales para evitar pérdidas y conseguir que el producto llegue a tiempo a los consumidores.

“Detrás de cada ramo hay decisiones de producción, costos de transporte y el trabajo de distintas personas que hacen posible que las flores lleguen a los consumidores cuando las familias comienzan a preparar sus altares”, expresó.

Así, el cempasúchil no solo representa uno de los símbolos más reconocibles del Día de Muertos, también cuenta la historia de las familias que lo cultivan, de quienes lo transportan y de los comerciantes que lo llevan hasta los mercados. Cada flor que termina en una ofrenda es el resultado de meses de trabajo y de una red que conecta distintas regiones de México para mantener viva una de sus tradiciones más arraigadas.

Foto: Especial.