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Casa Canera: arte desde el barrio y fuera de la institución

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Homie Mtz habla sobre el surgimiento de un espacio independiente en San Luis Potosí, la formación de nuevos artistas y la creación de redes que buscan descentralizar el arte contemporáneo en México

En plena pandemia, cuando el cierre de espacios culturales dejó sin ingresos a muchos creadores, surgió en San Luis Potosí un proyecto que hoy busca transformar la formación artística desde la independencia.

Josué Abisaí Martínez Mendoza, conocido como Homie Mtz, fundador de Casa Canera, relata cómo este espacio nació como una alternativa de supervivencia y terminó por convertirse en una plataforma de formación, exhibición y vinculación para artistas emergentes. En entrevista, reflexiona sobre los retos de producir arte fuera de las instituciones, la precariedad en el sector cultural y la necesidad de construir nuevas redes desde los estados.

¿Cómo inicia Casa Canera?

Surge en pandemia, cuando estábamos en fase naranja. Varios de nosotros trabajábamos en instituciones como Bellas Artes y el Centro de las Artes, pero hubo recortes y bajaron nuestros ingresos.

Tuvimos que pensar cómo sobrevivir y también vimos que mucha gente estaba cansada del encierro. Decidimos abrir este espacio con cierto riesgo porque sabíamos lo que implicaba reunir personas en una casa pequeña.

Empezamos con talleres para cinco personas, con medidas sanitarias. Ahí vimos que existía una necesidad real de formación artística.

¿En qué momento el proyecto cambia de rumbo?

Cuando la vida comenzó a normalizarse aparecieron más espacios y bajó el trabajo en talleres libres. En ese momento conocimos a un joven del barrio cuya formación escolar llegaba hasta secundaria, pero tenía mucho talento.

Comenzamos a asesorarlo, produjo dos exposiciones individuales y logramos integrarlo al circuito artístico. Eso fue un parteaguas porque entendimos que podíamos ir más allá de los talleres recreativos y pensar en una formación más sólida.

¿Cómo evolucionó ese modelo de enseñanza?

En estos cinco años hemos transformado nuestra metodología. Obtuvimos dos becas del Patronato de Arte Contemporáneo para apoyar a jóvenes talentos.

El programa tiene tres etapas: primero enseñamos técnica; después trabajamos la conceptualización y el desarrollo de proyectos individuales; la tercera etapa será formar a quienes después enseñarán a otros.

La idea es crear una cadena de aprendizaje.

Cuando hablas de “nosotros”, ¿Quiénes integran Casa Canera?

Han sido amigos, artistas y colaboradores que se han sumado durante estos años.

En la primera etapa participaron artistas emergentes interesados en dar clases. Un amigo con doctorado en pedagogía del arte nos ayudó a capacitar a quienes querían enseñar. Así nacieron los primeros maestros caneros.

Después se integraron colegas de universidad, porque también doy clases. Hemos trabajado con niños de tres años hasta personas de treinta años con una formación que busca tener el nivel de una escuela profesional.

También organizamos talleres, charlas presenciales y encuentros en línea con artistas invitados.

¿Qué disciplinas trabajan?

Nos interesa tanto el arte contemporáneo como disciplinas tradicionales. Trabajamos performance, dibujo, pintura, grabado y fotografía.

Buscamos que los artistas tengan herramientas amplias y encuentren su propio lenguaje.

¿Qué cambió al vincularse con otros espacios?

Fue muy importante. Antes desconocíamos proyectos similares al nuestro. Sabíamos que existían espacios culturales que daban talleres, pero pocos tenían una visión enfocada en el arte contemporáneo y la profesionalización.

A través de encuentros conocimos proyectos del Bajío y comenzamos a crear redes. Ahí nació nuestra relación con Torre Andrade de la ciudad de León, a quienes consideramos hermanos.

También nos vinculamos con proyectos de Guerrero como Demina Laboratorio de Artes. Esas relaciones nos ayudaron a pensar más allá de lo estatal y mirar hacia una construcción nacional.

¿Cómo ves el panorama del arte contemporáneo en México?

Existen varios grupos. Está la élite que tiene acceso inmediato a espacios como Zona Maco.

También estamos quienes venimos desde la precariedad, desde contextos barriales, y usamos herramientas del arte contemporáneo para hablar de otras realidades.

Eso está generando nuevos códigos, símbolos y lenguajes que fortalecen a nuevas generaciones.

Incluso ya se empieza a notar en espacios grandes, donde aparecen proyectos independientes con discursos ligados al barrio y a problemáticas sociales.

Hablas de descentralización. ¿Qué significa eso para ustedes?

Durante mucho tiempo parecía que todo debía pasar por Ciudad de México.

Ahora estamos pensando en construir mercados y circuitos desde nuestros estados. Para nosotros León es un punto clave por su cercanía con San Luis Potosí y otros territorios.

La idea es dejar de mirar solo al centro del país y fortalecer nuestras propias regiones.

¿Qué similitudes encuentras entre Casa Canera, Torre Andrade y Demina?

Nos une la colectividad y la convicción de darle valor al arte.

Torre Andrade ha construido redes muy fuertes. En Acapulco veo una crítica social potente y una lucha constante por sostener espacios sin respaldo institucional.

Todos entendimos que las instituciones ya no pueden resolverlo todo. Por eso el camino independiente cobra fuerza.

Estamos creando nuestros propios mercados, nuestras formas pedagógicas y nuestras redes de colaboración.

¿Las instituciones culturales en San Luis Potosí apoyan al sector?

San Luis tiene muchas casas de cultura e instituciones. A veces abren espacios para proyectos, pero también termina siendo trabajo que uno hace por ellos.

Además, San Luis es una ciudad industrial. Mucha gente pertenece a la clase trabajadora y no siempre tiene acceso a actividades culturales.

Ese es uno de nuestros grandes retos.

Después de todo este esfuerzo, ¿vale la pena?

Sí. Vale la pena generar redes, conocer personas y compartir experiencias. Uso mucho la palabra “espejearnos” porque ver que otros hacen lo mismo nos da fuerza para continuar. Hoy sentimos que nuestro trabajo comienza a tener presencia nacional. Estamos creando espacios para nosotros y para quienes vienen después. Creo que eso puede convertirse en un efecto dominó.

Foto: Miguel Benítez.