Brenda Navarro | México también es un país racista y xenófobo
La autora de Ceniza en la boca habla sobre su rutina de escritura, migración, identidad y la próxima adaptación audiovisual de su novela impulsada por Diego Luna.
Antes de hablar de literatura, Brenda Navarro comparte las lecturas que hoy la acompañan. Para entrevistar a Deborah Levy, lee Hot Milk. También retomó Agosto azul y avanza en un ensayo de un filósofo español sobre el humor y su capacidad de transgresión.
En cine, sus intereses recientes también cruzan distintas geografías. Entre las películas que recuerda haber visto están Drive My Car, la cinta española La buena letra y Sorda, una producción que, dice, le gustó mucho.
La música tampoco queda fuera de su proceso creativo. Entre sus canciones más escuchadas aparecen Survival y King. Durante la escritura de Ceniza en la boca hubo una obsesión sonora marcada por Vampire Weekend y Clap Your Hands Say Yeah.
“No puedo trabajar sin música”, reconoce.
Su rutina de escritura intenta sostenerse en medio de viajes constantes mientras trabaja en su tercera novela.
“Me levanto, voy al gimnasio y cuando tengo toda la adrenalina del ejercicio me pongo a escribir, porque me siento más activa”.
Durante dos horas escribe, corrige y relee. Por la noche vuelve al texto para revisar ideas y preparar la jornada siguiente.
La conversación gira hacia uno de los temas centrales de su obra: la migración. La escritora mexicana lleva una década viviendo en España y recientemente pasó seis meses en Iowa.
Lejos de asumir una identidad fija, Navarro plantea una postura política frente a los discursos antimigratorios.
“En España es importante que yo me reivindique como española por todos los discursos antimigratorios. Yo habito esta ciudad, pago impuestos en esta ciudad y hago cultura en esta ciudad. No me vas a decir que no soy española”.
Durante su estancia en Estados Unidos asumió la misma postura. Para ella, pertenecer también implica ejercer derechos en los lugares que habita.
La autora rechaza la idea de que México solo ocupa el lugar de víctima dentro de las dinámicas migratorias.
“México es un país muy racista y muy xenófobo. Nos hemos vendido la idea de que solo somos víctimas, pero también somos victimarios con los centroamericanos y con nuestras propias comunidades”.
La conversación también aborda el futuro audiovisual de Ceniza en la boca. La novela será adaptada en una producción independiente impulsada por Diego Luna.
El acercamiento, cuenta, ocurrió con naturalidad.
“Diego Luna le dijo a mi agente que le interesaban los derechos. Mi agente me avisó, firmamos y hablamos. Yo tengo mi libro y él tiene su proyecto”.
Navarro observa la adaptación como una conversación artística más que como una réplica de su obra literaria.
“No puedo sentir otra cosa más que agradecimiento porque alguien quiera dialogar con mi trabajo desde otro lenguaje”.
La escritora también habló sobre el impacto de ver a Anna Díaz, protagonista de la adaptación, y encontrar en ella un rostro cercano al personaje que imaginó mientras escribía.
Esa reflexión la llevó a otro tema recurrente en su obra: los prejuicios raciales en la lectura. Recordó que muchas personas imaginan a la protagonista de Casas vacías como una mujer blanca, aunque el texto deja claro que es morena.
“Ella misma dice que es morena y aun así muchas personas la imaginan blanca”, señala.
En esa observación, Navarro vuelve a uno de los conflictos que atraviesan su literatura: las violencias normalizadas, las jerarquías raciales y las narrativas que aún necesitan ser confrontadas.
Foto: Miguel Benítez.