Armando Enríquez Vázquez | Narrar la ciudad desde sus sombras y hallazgos cotidianos
El autor explora en su más reciente libro de cuentos la oscuridad urbana, la curiosidad humana y la perturbación como motor literario
Las ciudades no solo se recorren: también se descifran. En su más reciente libro de cuentos, Armando Enríquez Vázquez convierte el paisaje urbano en un territorio narrativo donde lo cotidiano convive con lo inquietante. Basado en la observación, el azar y la curiosidad, su obra propone una mirada que incomoda y revela los pliegues más oscuros de la vida contemporánea.
—Tus libros suelen explorar zonas ambiguas y oscuras de la realidad. ¿De dónde surge este interés?
—Las historias están en la ciudad misma. No hay que inventarlas demasiado: aparecen en lugares que todos vemos, como las fosas del viaducto o los grandes basureros. Vivimos rodeados de estos espacios, pero pocas veces los miramos con atención.
También influye esa fascinación colectiva por lo sensacionalista, por la nota roja. Me interesa pensar cómo ve el mundo alguien que vive de ese tipo de relatos, alguien que observa lo oscuro sin necesariamente haber buscado una carrera literaria. Al final, las historias están a flor de asfalto.
—¿La observación cotidiana fue el detonante del libro?
—En buena medida sí, pero también hay un componente de hallazgo. En los trayectos diarios —en coche, autobús o metro— uno se encuentra con situaciones que llaman la atención. De ahí surgen muchas ideas.
Es una mezcla entre observar y encontrarse con lo inesperado.
—En ese sentido, ¿cómo trabajas el equilibrio entre lo cotidiano y lo inquietante?
—Creo que hay tres ingredientes: la cotidianidad, los hallazgos y, sobre todo, la curiosidad. Esta última es la que realmente detona las historias. Sin curiosidad, los personajes no se arriesgan y no pasa nada.
La curiosidad rompe la normalidad y abre la puerta a lo perturbador.
—¿Cómo construyes tus cuentos: desde una imagen, una idea o un personaje?
—Depende del relato. Hay cuentos que nacen de una imagen muy clara: una puerta, un ídolo extraño, un cementerio. Otros parten de un personaje, como el periodista que aparece en uno de los textos.
También hay casos donde retomo figuras conocidas, como el monstruo de Frankenstein, y les doy un giro. Me interesa reinterpretar esos imaginarios desde otro ángulo.
—En términos de escritura, ¿cómo trabajas los finales?
—Confío en que la historia y los personajes me lleven hacia el cierre. A veces tengo claro el final desde el inicio, pero generalmente dejo que el proceso me guíe.
Después regreso al texto para pulirlo: quitar, ajustar, matizar.
—¿Qué es más complejo: empezar, cerrar o reescribir?
—Cerrar. Escribir implica mucho trabajo, reescritura constante. Nunca sientes que un cuento está completamente terminado. Siempre hay algo que mejorar.
Al final, uno publica porque tiene que soltar el texto, no porque esté completamente satisfecho.
—¿Los personajes siguen contigo después de publicar?
—Sí, definitivamente. Siempre queda la sensación de que las historias pudieron tomar otros caminos. De hecho, hay cuentos en los que ya estoy trabajando precuelas o secuelas.
Más que los personajes, lo que permanece son las historias.
—¿Cómo dialoga tu libro con el México actual?
—Aunque algunos cuentos fueron escritos hace años, dialogan perfectamente con la realidad actual: violencia, corrupción, una sociedad llena de “monstruos” muy reales.
Lo que describo no está tan lejos de lo que vivimos todos los días.
—¿Qué buscas provocar en el lector: incomodidad o incertidumbre?
—Me interesa que el lector se sienta perturbado en su cotidianidad. Que algo se mueva, que no salga intacto después de leer.
—Desde una mirada más amplia, ¿la literatura sigue siendo un espacio de resistencia?
—Sí, más que nunca. Es un espacio subversivo, una forma de resistencia frente a la realidad. También es una invitación a salir de lo inmediato y adentrarse en algo distinto.
—Además de escribir, desarrollas otros proyectos. ¿Qué te impulsa a seguir creando?
—Vengo del cine y la televisión, y actualmente trabajo en distintos formatos: tengo un podcast, participo en proyectos editoriales y contenidos digitales.
Pero la escritura sigue siendo central. Siempre hay nuevas historias, nuevas posibilidades. Después de este libro, ya estoy trabajando en otros cuentos, algunos vinculados con los ya publicados.
Porque al final, escribir es eso: seguir explorando los rincones —visibles e invisibles— de la realidad.
Foto: Especial.