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Yolotecuani lleva la música de Guerrero al Cervantino

Yolotecuani

David Peñaloza destaca la importancia de preservar las tradiciones como expresiones vivas y reivindica la diversidad musical de Guerrero en la edición 54 del Festival.

La música tradicional de Guerrero llegará al 54° Festival Internacional Cervantino de la mano de Yolotecuani, agrupación que participará por primera vez como invitada en representación del estado, una presencia que para David Peñaloza significa la oportunidad de compartir una tradición musical que, asegura, debe mantenerse viva dentro de sus comunidades.

En entrevista, Peñaloza reconoce que formar parte del Cervantino representa un acontecimiento especialmente significativo para el grupo. Recuerda que durante la edición 47, cuando Guerrero fue estado invitado, él participó con otro grupo de Tixtla, As del Sur, junto a Don Cruz Morales y su hijo Lalo Morales, pero Yolotecuani no formó parte de aquella programación.

“Para nosotros es muy importante que ahora sí haya la presencia de nuestro grupo”, señala Peñaloza, quien considera que esta participación se incorpora a la historia de Yolotecuani y representa una oportunidad para mostrar su trabajo ante nuevos públicos.

La agrupación se presentará el viernes 9 de octubre de 2026, a las 12:00 horas, en Casa FIC, Jardín San Pedro, donde ofrecerá un recorrido por distintas expresiones musicales de Guerrero.

Su repertorio incluirá “Torito de San Lucas”, de Don Cruz Morales, y “La costeñita”, de Don Juan Dircio, del barrio del Santuario. A estas piezas se sumarán sones de Tierra Caliente de Juan Bartolo Tavira e Isaías Almerón, además de chilenas de la Costa Chica y bambucos, conocidos en la región como colombias.

La selección busca mostrar que la música guerrerense no puede reducirse a un solo género o región. Aunque Yolotecuani está fuertemente identificado con los sones de tarima, Peñaloza explica que el grupo ha ampliado su repertorio hacia Tierra Caliente y la chilena, géneros que también han influido en la tradición del son de tarima.

Entre las piezas que tienen un significado especial para el músico está precisamente “Torito de San Lucas”, que relaciona con la tradición del barrio de San Lucas, en Tixtla, y con la memoria de Don Cruz Morales, uno de sus maestros.

Para Peñaloza, preservar la música tradicional implica evitar que se convierta en una pieza de museo. Su permanencia depende, en buena medida, de que conserve su función dentro de las comunidades.

“La música tradicional cumple una función social”, explica, al destacar su papel como elemento de vinculación y cohesión comunitaria. En ese sentido, los escenarios representan una plataforma para mostrar estas expresiones, pero no sustituyen el espacio donde las tradiciones adquieren su verdadero sentido: las fiestas, los fandangos y los encuentros de cada pueblo.

Su propia trayectoria refleja ese intercambio entre regiones. Originario de Tierra Caliente, Peñaloza creció escuchando la música de sus abuelos, tíos y madre, y posteriormente se trasladó a Tixtla, donde aprendió los sones de tarima, el baile y las dinámicas del fandango. También tuvo la oportunidad de convivir con antiguos fandangueros y posteriormente integrarse al grupo As del Sur, con Don Cruz Morales.

Esa experiencia le permitió reconocer que las tradiciones guerrerenses están conectadas entre sí y que existe un constante intercambio entre regiones. Para el músico, su repertorio es también resultado de ese diálogo.

Uno de los aspectos que considera fundamentales para el futuro es la participación de las nuevas generaciones. Peñaloza observa con optimismo el crecimiento de grupos integrados por jóvenes y niños en Tixtla y otras regiones, así como el resurgimiento de tradiciones que llegaron a estar en riesgo de desaparecer.

Menciona particularmente la recuperación de expresiones musicales de Tierra Caliente y el surgimiento de nuevos músicos en localidades como Zirándaro, Tlapehuala, Corral Falso y Arcelia. También destaca la recuperación de los sones de Coahuayutla y el interés de jóvenes por investigar y recuperar ese repertorio.

Durante el Cervantino, Yolotecuani buscará precisamente mostrar parte de esa diversidad. La agrupación llevará incluso una pareja de bailadores para hacer más visible la relación entre música y fandango, con una propuesta que partirá de elementos tradicionales para avanzar hacia otras formas de interpretación.

El propio nombre de la agrupación encierra una referencia a Guerrero. Yolotecuani, explica Peñaloza, fue un nombre otorgado por el maestro músico y bailador Agustín Barrios Guevara, quien combinó las palabras relacionadas con “corazón” y “jaguar” para crear la denominación “corazón de jaguar”. El jaguar, añade, es una figura profundamente representativa del estado y continúa presente en rituales y expresiones culturales guerrerenses.

Más allá de la presentación en Guanajuato, Peñaloza considera que uno de los grandes retos consiste en lograr que los mexicanos conozcan la diversidad cultural de su propio país.

“Creo que primero tenemos que conocer; no se puede amar lo que no se conoce”, afirma al reflexionar sobre la necesidad de fortalecer el reconocimiento de las distintas tradiciones musicales de México.

Para el músico, las expresiones regionales no han estado siempre aisladas. Históricamente existió un intercambio constante de repertorios, músicos y formas de interpretación. Las mismas piezas podían viajar de una región a otra y adquirir características distintas de acuerdo con los instrumentos, las comunidades y los territorios que las adoptaban.

Esa interculturalidad, considera, es necesaria para recuperar una visión más amplia de la música mexicana y evitar que las tradiciones queden reducidas a estereotipos regionales.

La participación de Yolotecuani en el 54° Festival Internacional Cervantino representa así mucho más que una presentación musical. Es la posibilidad de mostrar ante un público nacional e internacional una parte de la diversidad sonora de Guerrero y, al mismo tiempo, reivindicar que las músicas tradicionales permanecen vivas cuando continúan formando parte de la comunidad.

Para Peñaloza, esas músicas representan precisamente “el vínculo y la cohesión de cada pueblo”. Esa será una de las ideas que Yolotecuani llevará al Cervantino: que detrás de cada son, cada chilena, cada fandango y cada baile existe una historia colectiva que merece ser escuchada, conocida y compartida.

Foto: Especial.