“Vengan a comer mi cuerpo”: Raúl Jiménez Jiménez convierte la enfermedad en un autorretrato de la vida
El fotolibro publicado por HYDRA explora la transformación del cuerpo, el dolor y la persistencia de la existencia a través de imágenes sin autocensura.
El cuerpo como territorio de transformación, la enfermedad como una experiencia que modifica la identidad y la fotografía como una forma de reconocerse en medio del deterioro son algunos de los ejes de Vengan a comer mi cuerpo, el fotolibro de Raúl Jiménez Jiménez, publicado por HYDRA. A partir de su experiencia con una enfermedad incurable, progresiva y desfiguradora, el fotógrafo construye una obra que confronta al espectador con la vulnerabilidad de la carne y la voluntad de permanecer vivo.
Lejos de suavizar las imágenes o recurrir a eufemismos, Jiménez Jiménez propone una exploración visual de la condición biológica y de las tensiones que surgen cuando el cuerpo comienza a cambiar al margen de la voluntad de quien lo habita. El dolor, la desconfianza hacia la propia materia y la transformación de la identidad atraviesan un trabajo que también encuentra en otros cuerpos, en lo vegetal y lo mineral, distintas manifestaciones de una misma fuerza vital.
“Hago estas fotografías porque son yo mismo. Cada pliego, cada díptico, un autorretrato en el que la cámara simplemente apuntó en una dirección distinta”, escribe el autor. Esta concepción del autorretrato amplía los límites de la representación personal y convierte cada imagen en una aproximación a la existencia, la pérdida y la persistencia.
La estructura del libro responde también a esa búsqueda. Durante su construcción, el fotógrafo encontró que muchas imágenes resultaban incompletas de manera individual, por lo que recurrió a los dípticos: dos fotografías que, al encontrarse, constituyen una sola imagen. La relación entre ambas permite generar nuevos sentidos y profundizar en las preguntas que articulan la obra.
Un objeto editorial que también se transforma
La propuesta de Vengan a comer mi cuerpo no termina en las fotografías. Su materialidad prolonga las reflexiones sobre el deterioro y el paso del tiempo. La portada y la contraportada están elaboradas con papel para acuarela, tratado para modificar su apariencia con el uso, el contacto de las manos y la exposición al sol. Así, cada ejemplar tendrá un proceso de envejecimiento particular, como una extensión de la transformación que experimenta la carne.
En las páginas finales, el autor utiliza papel empleado en la impresión de Biblias, una elección vinculada con la apropiación de lo sagrado. Sobre este soporte escribe un texto que entiende como su propio credo. El libro se entrega, además, dentro de una bolsa roja con señalización de peligro biológico, referencia directa a su experiencia hospitalaria.
Estas decisiones convierten al fotolibro en algo más que un contenedor de imágenes: es un objeto vivo, expuesto a las mismas modificaciones que atraviesan los cuerpos y cuya apariencia continuará cambiando después de salir de la imprenta.
La censura frente a los cuerpos vulnerados
La crudeza de las fotografías también ha generado resistencias en los espacios de exhibición. Raúl Jiménez Jiménez relata que algunas propuestas para mostrar su trabajo fueron retiradas porque sus imágenes se consideraron demasiado fuertes. “Me he topado muchas veces con la censura por mi trabajo”, señala.
Esta experiencia pone sobre la mesa otra de las preocupaciones centrales del proyecto: la invisibilidad de las personas que viven con cuerpos vulnerados por la enfermedad y la dificultad de mostrar realidades que suelen quedar fuera de las representaciones convencionales.
En Vengan a comer mi cuerpo, la degradación física no anula el impulso vital. La rabia, el sufrimiento y la incertidumbre conviven con una obstinación por continuar, una fuerza que el fotógrafo reconoce tanto en su propia experiencia como en los distintos cuerpos que forman parte de su universo visual. De ahí que la obra encuentre en la expresión “Pura, pura, pura vida” una síntesis de su postura ante la existencia.
Con este fotolibro, Jiménez Jiménez transforma una experiencia íntima en una reflexión visual sobre la fragilidad, la identidad y la permanencia. Una invitación a mirar aquello que suele ocultarse y a reconocer que, incluso en medio de la transformación, la vida encuentra maneras de persistir.
La presentación de Vengan a comer mi cuerpo se realizará el jueves 22 de octubre de 2026, de 18:00 a 20:00 horas, en el Ex Templo de Corpus Christi, en la Ciudad de México.
Foto: Especial.