Pasar al contenido principal

Toda una vida: el acoso y el secuestro como heridas familiares

todaunavida

Ariel Gutiérrez lleva al Festival Internacional de Cine de Morelia un drama situado en el Saltillo de los años 2000, donde el bullying y la violencia del crimen organizado fracturan una familia.

El acoso escolar y las secuelas de la violencia criminal atraviesan Toda una vida, ópera prima del cineasta saltillense Ariel Gutiérrez, que tendrá su estreno mundial dentro de la Selección Oficial en Competencia de Ficción Mexicana de la 22ª edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). La película tendrá su primera función el 22 de octubre en Cinépolis Centro, en Morelia.

Ambientada en el Saltillo de los años 2000, la cinta sigue a Armin (Marcus Elí V. Gómez), un adolescente que enfrenta el bullying debido a su sobrepeso y la exigencia constante de su padre, Rodolfo (Gerardo Trejo Luna). En contraste, su madre, Rocío (Montserrat Marañón), representa el espacio de afecto y protección dentro de una familia que comenzará a fracturarse cuando ella sea víctima de un secuestro.

La violencia que hasta entonces parecía formar parte del paisaje social irrumpe así en el ámbito doméstico. Para Armin, el acoso cotidiano y la ausencia de su madre terminan formando parte de una misma experiencia de vulnerabilidad, mientras Rodolfo enfrenta su propia incapacidad para responder ante una tragedia que rebasa los límites de la familia.

La historia parte de una experiencia personal de Gutiérrez: el secuestro de su madre. A partir de ese episodio, el director construye una ficción que cruza memoria individual y contexto social para aproximarse a una época marcada por la crisis de seguridad que atravesó distintas regiones del norte de México durante la década de 2000.

Más que presentar el crimen como un acontecimiento aislado, Toda una vida coloca sus consecuencias en el interior de una familia y observa las huellas emocionales que deja una violencia que también alcanza a quienes no participan directamente en ella. El bullying funciona, a su vez, como otra forma de violencia cotidiana que condiciona la experiencia del protagonista.

La película apuesta además por una producción vinculada con el noreste mexicano. Fue filmada íntegramente con equipo técnico y talento de la región y es producida por Víctor Leycegui, a través de Varios Lobos. Antes de llegar al FICM, el proyecto recibió reconocimientos de posproducción en Málaga Festival Industry Zone y el Festival Internacional de Cine de Monterrey.

Gutiérrez, egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), había dirigido los cortometrajes Los Salgado y Clarisa, además de Los tiempos de Héctor, producción que fue nominada al premio de la sección Cinéfondation del Festival de Cannes.

Con Toda una vida, el realizador lleva al cine una historia arraigada en Saltillo y en una generación atravesada por distintas formas de violencia. Su llegada a la competencia mexicana del FICM marca el primer encuentro de un largometraje que convierte la memoria familiar y las heridas de una época en materia cinematográfica.

Foto: Especial.