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Saltillo busca que la ópera deje de ser una excepción y se convierta en oficio

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Alejandro Reyes-Valdés defiende la creación de una compañía municipal como una respuesta a una paradoja de la escena mexicana: existen espacios de formación vocal, pero no suficientes oportunidades profesionales para quienes se preparan

En México se canta ópera, se forman cantantes y existen instituciones dedicadas a la educación musical, pero el problema aparece cuando termina la etapa de formación. Para Alejandro Reyes-Valdés, director de la Compañía de Ópera de Saltillo, una de las principales preguntas que enfrenta el género en el país es precisamente qué sucede después de la capacitación: dónde están los escenarios, los empleos y las estructuras capaces de convertir esa preparación en una profesión.

Desde esa preocupación nació el proyecto que hoy funciona con respaldo del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo. La compañía comenzó a configurarse en 2022, después de una etapa previa como Vox Amoris, y plantea una idea poco habitual fuera de los grandes centros culturales: que una ciudad de provincia pueda contar con una estructura permanente dedicada a producir ópera.

Reyes-Valdés evita plantearlo como una competencia con instituciones de mayor presupuesto. Para él, el modelo responde a las posibilidades y a la historia cultural de Saltillo. La ciudad ya contaba con una tradición musical que incluye la creación de la Escuela Superior de Música en los años noventa, la formación de cantantes y el trabajo de figuras como Gerardo González y Teresa “Beba” Rodríguez, quien impulsó encuentros de verano en los que participaron maestros y especialistas vinculados con instituciones internacionales.

“Estamos sentados a hombros de gigantes”, sostiene el director al explicar que la compañía no surgió de la nada.

La apuesta consiste en reconocer una tradición existente y fortalecerla. En ese sentido, la agrupación busca generar oportunidades tanto para cantantes consolidados, que reciben honorarios profesionales, como para jóvenes becarios que encuentran en las producciones una posibilidad de experiencia escénica.

La discusión también toca un viejo prejuicio: el supuesto carácter elitista de la ópera. Reyes-Valdés considera que buena parte de esa percepción proviene de haber presentado el género como un territorio reservado para especialistas. Su defensa parte de una idea sencilla: la ópera cuenta historias y, como ocurre con el cine o la literatura, esas historias pueden ser comprendidas sin una formación académica previa.

La compañía ha construido hasta ahora una identidad principalmente vinculada con el repertorio italiano. En sus primeros años abordó obras de Puccini y posteriormente títulos como La traviata y Carmen. Para 2027, año en que Saltillo conmemorará 450 años, prepara Turandot, nuevamente de Puccini. Sin embargo, Reyes-Valdés también plantea una expansión futura hacia la ópera contemporánea y el repertorio mexicano.

Este último campo representa para el director una tarea pendiente. México posee obras operísticas que permanecen en archivos y que comienzan a ser recuperadas por investigadores e intérpretes. Volver sobre ese patrimonio permitiría ampliar la mirada sobre la historia musical del país y cuestionar la idea de que la tradición operística mexicana depende exclusivamente del repertorio europeo.

La situación nacional, sin embargo, sigue marcada por una concentración de infraestructura y oportunidades. Ciudad de México ha sido históricamente el principal centro de producción, mientras otros estados han desarrollado sus propias experiencias. Reyes-Valdés recuerda particularmente el caso de Sinaloa, donde tuvo la oportunidad de formarse y trabajar, y observa que el desafío consiste en multiplicar esos focos de producción.

En ese mapa, Saltillo intenta construir una vía propia. La existencia de una compañía municipal no resuelve por sí sola los problemas de la ópera mexicana, pero plantea una pregunta relevante: si existen cantantes preparados en distintas regiones del país, ¿por qué la producción profesional tendría que concentrarse únicamente en unos cuantos centros?

La respuesta de Reyes-Valdés pasa por entender la cultura no como algo que se impone desde una institución, sino como una práctica que puede crecer a partir de las tradiciones de cada comunidad. Para Saltillo, la ópera busca convertirse así no sólo en espectáculo, sino en parte de una infraestructura cultural y laboral que permita a los artistas permanecer, crear y trabajar desde su propia ciudad.

Foto: Especial.