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Ricardo Caballero: “Mi carrera ha sido una lucha constante”

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El intérprete mexicano repasa 25 años de balada romántica, su paso por los realities y su anhelo de dejar huella en la música nacional.

Desde niño, la música no fue una elección sino una forma de vida. Hijo del cantante Raúl Caballero, creció entre escenarios, ensayos y noches de bohemia. Hoy, tras casi 25 años de carrera, el intérprete mira hacia atrás y reconoce que su historia ha estado marcada por la perseverancia, el amor por la balada romántica y una búsqueda constante de identidad artística.

En entrevista, Ricardo Caballero comparte los momentos que lo definieron, sus influencias y los retos de mantenerse vigente en una industria que cambia a gran velocidad.

—¿En qué momento descubriste que la música sería el eje de tu vida?

—Desde niño, desde bien pequeñito. En mi casa la música se vivía todos los días. Mi papá era cantante y yo crecí viendo eso como algo natural. Siempre fue mi sueño dedicarme a la música, compartir escenario con él y seguir ese camino.

—¿Recuerdas la primera vez que pisaste un escenario?

—No recuerdo la primera vez exacta, pero sí me acuerdo de cuando mi papá me invitaba a cantar en algún bar de hotel, yo tendría siete u ocho años. Me subía feliz. En la primaria participaba en todos los festivales y concursos. Son experiencias que te van diciendo si realmente amas el escenario, si disfrutas cantarle al público.

—Aunque el antecedente familiar fue clave, ¿cuál consideras que fue tu parteaguas artístico?

—He tenido varios momentos importantes, pero uno definitivo fue cuando me quedé sin trabajo en un bar de Guadalajara por una remodelación. Estuve seis meses sin chamba, ya empezaba a cansarme y hasta pensaba dedicarme a otra cosa. Entonces llegó Latin American Idol y quedé en segundo lugar en 2007 representando a México. Ese reality me volvió a jalar de lleno a la música, justo cuando estaba a punto de soltarla.

—Tu voz es reconocida por su potencia y matices. ¿Cómo construiste tu sello personal?

—Todos empezamos imitando a nuestros ídolos, es inevitable. Con el tiempo vas encontrando qué cosas te quedan y cuáles no. Mi papá no fue una superestrella mediática, pero quienes lo escucharon notan que somos muy parecidos. Mi identidad la fui construyendo con la experiencia, grabándome, escuchándome, subiéndome mil veces al escenario. Es un trabajo diario.

—¿Cómo eliges tu repertorio para cada concierto?

—A prueba y error. Hay canciones que funcionan y no las mueves del set list porque son herramientas que garantizan que el show llegue a donde debe llegar. Otras las pruebas y no conectan. Así he construido mi espectáculo en estos casi 25 años. Recientemente, al presentar mi EP En un rincón del alma, inserté todos los temas nuevos en el show. Es un proceso constante.

—Tu romanticismo tiene raíces muy claras. ¿Qué artistas marcaron tu formación?

—Crecí escuchando música que no era de mi generación: Sandro, José José, Camilo Sesto, Javier Solís, Frank Sinatra, Tony Bennett. Después llegaron referentes como Luis Miguel y Alejandro Sanz. De todos ellos nace mi amor por la balada y el bolero.

—¿Te interesa más componer o interpretar?

—He compuesto, pero disfruto muchísimo más interpretar. He tenido el privilegio de recibir canciones de autores como Carlos Macías, Miguel Luna, Raúl Ornelas, Jaime Flores y del gran Manuel Alejandro. Cuando un compositor de ese nivel te da una canción, lo único que quieres es hacerla tuya y entregarla al público.

—En una industria dominada por otros géneros, ¿cómo te mantienes vigente en la balada romántica?

—Tengo la misma hambre que cuando empecé. Sigo soñando con nuevos escenarios, como el Auditorio Nacional. He tenido satisfacciones enormes: cantar en el Lunario, presentarme en el Teatro Metropólitan junto a mi padre o recientemente en el Centro Cultural Roberto Cantoral. El secreto es no dejar de caminar.

—¿Qué desafíos enfrentas como artista independiente?

—Recientemente firmé con una compañía discográfica, DBM, que produjo mi último EP. Es una nueva etapa. Ahora debo adaptarme a los tiempos de la disquera, cuando antes hacía todo a mi ritmo. Pero también es maravilloso tener un equipo que cree en ti y planea contigo el siguiente álbum.

—¿Qué canción te define hoy?

—Disfruto mucho cantar temas de José José. Me identifico con esas letras de desamor, con esas melodías que explotan en el coro. Siempre desde mi estilo, sin imitar a nadie.

—¿Cómo imaginas tu legado?

—Quiero ser parte del legado de la música mexicana. México ha dado intérpretes gigantescos. Mañana, por ejemplo, tendré la oportunidad de rendir tributo a Juan Gabriel, el enorme Alberto Aguilera, acompañado por Los de Aguilera en La Maraka. Son experiencias que te recuerdan por qué haces esto: para honrar la canción, hacerla tuya y entregarla con verdad.

Con casi un cuarto de siglo de trayectoria, Ricardo Cuevas sigue apostando por la emoción directa, la interpretación honesta y el romanticismo sin concesiones. Su historia, más que una carrera, es una resistencia apasionada frente a las modas pasajeras.

Foto: Especial.