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“Resistir es mi estilo”: 25 años de búsqueda y transformación artística

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El creador guerrerense repasa su trayectoria, habla de censura, política, IA y la necesidad de "Volver" siempre al origen.

A 25 años de trayectoria, el artista visual Luis Vargas Santa Cruz —formado entre la fotografía, el dibujo y la pintura— mira hacia atrás y encuentra una palabra que define su camino: búsqueda. Desde sus primeras obras vetadas hasta sus exposiciones más recientes en el Museo Histórico Fuerte de San Diego, su carrera ha estado marcada por la resistencia, la reinvención constante y una profunda vocación política y social.

En esta conversación, reflexiona sobre sus inicios, los momentos de censura, la influencia del contexto guerrerense, la irrupción de la inteligencia artificial y el sentido de permanecer fiel a la infancia creativa que lo impulsó a comenzar.


—Cuando piensas en tus inicios hace 25 años, ¿Qué imagen o recuerdo aparece primero?

—Búsqueda. Mis obras fueron vetadas junto con las de otros compañeros en la escuela. Nos quitaron un espacio y decidimos tomar otro. Desde entonces entendí que si se cierra una puerta, hay que abrir mil más. Ese fue el inicio real de mi carrera: salir a buscar espacios, no esperar a que me los dieran.

—¿Ese fue el momento decisivo del inicio de tu carrera?

—Hay varios inicios. El primero fue cuando era niño. Me gustaba dibujar, pero sobre todo contar historias. Recuerdo que una tía muy querida guardó un dibujo mío y me dijo: “Luis, tú vas a ser un gran artista”. Ese fue el primer parteaguas. Después, mi abuelo me regaló un libro para aprender a dibujar que todavía conservo. Más adelante, mi padre me llevó con quien sería mi maestro durante años, psicólogo y gran dibujante, que me enseñó las bases. Esos momentos fueron decisivos.

—Si pudieras hablar con ese joven que empezaba, ¿Qué le dirías?

—Que fuera más ambicioso con el arte. No en términos de dinero o poder, sino en disciplina: estudiar más, leer más, viajar más joven. Atreverse antes.

—¿Ha sido más desafiante consolidar un estilo o mantener la vigencia?

—Creo que mi estilo es el cambio constante. No me separo del niño que fui, pero todo lo que aprendo lo intento unir con esa esencia. Me aburro fácilmente; repetir una fórmula me mataría. Me identifico con esa idea de que el artista debe reconstruirse todo el tiempo, como decía Pablo Picasso. La vigencia importa, claro, pero lo esencial es transformarse.

—Tu obra ha atravesado distintas técnicas. ¿Cuáles han sido fundamentales?

—Comencé con fotografía analógica. Revelaba y experimentaba en el laboratorio. La técnica es una forma de contar historias. Ahora estoy preparando una nueva serie donde quiero mezclar todo lo que he aprendido: fotografía, pintura, procesos digitales. La técnica también narra.

—Hablas de investigación en tu proceso creativo. ¿Qué papel juega?

—Es fundamental. Leo constantemente, viajo, visito museos, entrevisto expertos cuando el tema lo requiere. Mi obra tiene investigación detrás. No concibo crear sin esa base.

—¿Cómo sabes que una obra está terminada?

—No se termina, se abandona, también lo decía Picasso. En mi exposición “Volver” retomé piezas iniciadas hace diez años. Algunas fueron dañadas por el tiempo y decidí integrar esa destrucción. Me gusta pensar, como decía Francisco de Goya, que el tiempo también pinta.

—Hay una fuerte presencia de religión y política en tu trabajo.

—No podemos desprendernos de nuestro contexto. Aunque seas ateo, si creciste en un entorno católico, las referencias estarán ahí. Mi obra tiene elementos bíblicos, mitológicos y filosóficos. Y es profundamente política. Soy hiperempático: lo social me atraviesa.

—Has trabajado temas como la Guerra Sucia en Guerrero desde hace más de una década.

—Sí, hace 15 años abordé ese tema cuando casi nadie lo hacía, menos artistas jóvenes. Mi primera exposición de pintura sobre la Guerra Sucia guerrerense fue muy criticada. Yo venía del arte digital y la fotografía. Sin embargo, llevé esa muestra a cerca de 13 espacios, incluso a la Ciudad de México. Fue un momento duro, pero también de consolidación.

—¿Has enfrentado censura institucional?

—Hubo una obra que estuvo a punto de ser vetada en el Museo Fuerte de San Diego por una directora anterior. Ahora la coloqué exactamente en el sitio donde se decidió que no debía ir. Fue una forma de cerrar el ciclo. En general, las instituciones me han tratado bien, pero siempre he elegido cuidadosamente con quién trabajar.

—¿Cómo ves la irrupción de la inteligencia artificial en el arte?

—La IA repite patrones alimentados por un sistema. No hay una creatividad autónoma real. Se reconoce fácilmente lo que está hecho por IA, sobre todo en diseño gráfico. Quizá evolucione, pero el oficio, la experiencia de 25 años dibujando, experimentando y equivocándome, eso no se reemplaza.

—¿Qué significa cumplir 25 años de carrera?

—No es que me sienta consolidado. He entendido que estoy en un nivel aceptable para mí mismo, y eso basta. No compito con nadie. Me interesa la colectividad, apoyar a jóvenes artistas. El ego hace parecer competitivo al medio, pero en realidad todos estamos aprendiendo.

—¿Cómo imaginas tu obra dentro de otros 25 años?

—Sucia, desgastada, rota… y cambiando. Quiero hacer obra más monumental, más compleja, más simbólica. No me interesa lo estridente ni lo fácil. Busco una obra más honesta, más cruda si es necesario.

—¿Te interesa el legado?

—Antes sí pensaba en eso. Ahora pinto porque quiero pintar. Porque me mantiene vivo. Si la obra se pudre o se rompe, está bien. Es parte del ciclo.

—¿Qué consejo darías a las nuevas generaciones?

—Resistir. No abandonar. Suena a cliché, pero es verdad. El contexto es difícil y cada vez más acelerado. Se consume rápido, se lee menos. El arte verdadero requiere profundidad. Mi consejo es simple: resistir todo el tiempo.

Tras 25 años, el artista vuelve siempre al mismo punto: la infancia, la búsqueda, la resistencia. En un entorno cambiante, su mayor declaración estética es no dejar de transformarse.

La retrospectiva "Vuelve, bitácora de un cuarto de siglo" será inaugurada en dos sedes el día viernes 27 de febrero de 2026. La primera a las 18:00 horas en la Galería de Artes Plásticas del Museo Fuerte de San Diego. La segunda a las 21:00 horas en el Bar del Puerto de Acapulco, Guerrero.

Foto: Miguel Benítez.