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Poesía en combate: “Desapego” y “Sarna” se enfrentan en una intensa pelea poética

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Charlie Ortiz y Emiliano Aréstegui convierten la lectura en un duelo verbal donde ironía, crítica y provocación reafirman la vitalidad de la poesía contemporánea

La poesía también puede librar batallas. No con espadas ni golpes, sino con metáforas, ritmo y provocación. Así ocurrió en la llamada “pelea poética” protagonizada por los escritores Charlie Ortiz y Emiliano Aréstegui, quienes confrontaron sus voces y estilos a partir de sus respectivos libros Desapego y Sarna, en un ejercicio literario que convirtió la lectura pública en un duelo de palabras.

El encuentro -difundido en redes sociales por el colectivo cultural Tarántula Dormida- se desarrolló como un intercambio directo entre ambos autores. Cada poeta leyó fragmentos de su obra, respondió con ironía a los versos del otro y lanzó nuevas imágenes poéticas que funcionaron como réplicas, generando una dinámica cercana a la tradición de los combates de improvisación, pero trasladada al terreno del libro y la poesía escrita.

En este enfrentamiento simbólico, Desapego de Ortiz apostó por una voz introspectiva y crítica, atravesada por el desencanto contemporáneo y la exploración de los vínculos humanos. Su lectura enfatizó el tono reflexivo y una mirada que busca desprenderse de las ataduras emocionales y sociales para mirar el mundo desde la distancia.

En contraste, Sarna de Aréstegui apareció como una propuesta más punzante y visceral. La lectura del poeta guerrerense desplegó un lenguaje cargado de imágenes ásperas y humor ácido, rasgos que dialogan con una poética que suele nutrirse de la oralidad y de la experiencia cotidiana para construir metáforas inesperadas. En su obra, la transformación constante del lenguaje y la exploración de lo animal y lo ritual han sido señaladas como rasgos distintivos de su escritura.

Lejos de tratarse de una rivalidad real, la “pelea” funcionó como un ejercicio performatico que buscó acercar la poesía al público mediante el juego, la confrontación simbólica y la teatralidad de la lectura en voz alta. Cada intervención generó reacciones, risas y aplausos, confirmando que la poesía también puede habitar el terreno del espectáculo sin perder su densidad literaria.

El formato recuerda que la poesía, además de ser un acto íntimo de escritura, es también un espacio de diálogo y confrontación estética. En este caso, Desapego y Sarna no sólo representaron dos libros distintos, sino dos maneras de entender la palabra: una desde la distancia reflexiva y otra desde la mordacidad y la provocación.

El resultado fue una escena poco habitual en los circuitos literarios tradicionales: un ring de versos donde la poesía demostró que, cuando se pone en voz alta y frente al público, también puede ser combate, juego y celebración colectiva del lenguaje. A pesar de las rídiculas calcetas a rayas.

Foto: Mau Abarca.