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¿Nos enamoramos de personas o de historias?

amorhistoria

Una reflexión sobre el amor en tiempos de idealización digital.

En una época atravesada por las redes sociales, las narrativas románticas y la constante exposición de vínculos idealizados, preguntarse de qué —o de quién— nos enamoramos se vuelve un ejercicio urgente. ¿Es la persona real quien nos cautiva o la historia que construimos alrededor de ella? La Dra. Elisa González Ruiz, psicóloga del Departamento Psicopedagógico de la Preparatoria CETYS Campus Mexicali, propone una revisión consciente sobre la manera en que edificamos nuestras relaciones afectivas.

De acuerdo con la especialista, el inicio de una relación suele estar acompañado por un proceso de idealización. A partir de expectativas personales, experiencias previas y modelos culturales sobre lo que “debería” ser el amor, se configura una versión parcial del otro. En ese proceso, explica, los vacíos se completan con suposiciones y fantasías más que con un conocimiento profundo y real de la persona.

Esta tendencia no es menor en una cultura donde el amor se representa como intensidad permanente, destino inevitable o relato épico. Las redes sociales, al amplificar imágenes de relaciones aparentemente perfectas, contribuyen a fortalecer imaginarios que pueden distorsionar la experiencia afectiva cotidiana.

González Ruiz advierte que muchas relaciones se sostienen más por el peso simbólico de los recuerdos que por la calidad del vínculo en el presente. Promesas, momentos significativos o comienzos intensos pueden convertirse en el principal motivo para permanecer en una relación, incluso cuando la experiencia actual ya no resulta satisfactoria.

“El amor no se sostiene en la nostalgia, sino en la experiencia actual. Cuando los recuerdos pesan más que lo que hoy se siente, se comunica o se cuida, el vínculo deja de ser una relación viva y se transforma en una historia que intentamos conservar”, señaló la psicóloga.

En este sentido, plantea que una de las tareas emocionales más relevantes de nuestro tiempo consiste en desaprender el amor romántico que idealiza el pasado y reaprender un amor que se evalúe en presente: con atención, conciencia y honestidad emocional.

Como parte de este ejercicio de autoconciencia, la especialista propone formularse preguntas clave: ¿Estoy vinculado o vinculada a la persona que tengo hoy frente a mí, o a la historia que construí sobre quién fue o quién imaginé que sería? Si eliminara los recuerdos más significativos, ¿Qué tan satisfactoria se siente mi relación en el presente? ¿Qué creencias aprendidas sobre el amor podrían estar impidiéndome mirar con mayor claridad mi vínculo actual?

Para González Ruiz, amar implica una revisión constante desde el aquí y el ahora. “Amar no es solo sostener una historia, sino evaluar lo que se vive hoy y los pilares que se están construyendo para un futuro pleno y compartido”, concluyó.

En tiempos donde el relato suele imponerse sobre la realidad, la invitación es clara: transformar el amor en una experiencia consciente, viva y situada en el presente.